Vuelven las dudas sobre los datos de inflación del INDEC

Vuelven las dudas sobre los datos de inflación del INDEC
El índice oficial fue menor a lo esperado por los expertos y llegó a 10% en el trimestre. En cambio, el Congreso estimó en 3,3% el costo de vida en marzo y 12,7% en los primeros tres meses del año.
Tres meses. Este fue el tiempo que duró ante la opinión pública el crédito para el nuevo Indice de Precios al Consumidor Nacional que el INDEC empezó publicar en enero de este año con la intención de alejar las sospechas de manipulación de las estadísticas. El punto de saturación se alcanzó ayer, cuando el organismo informó que la inflación de marzo fue de 2,6%. Casi sin excepción, los analistas privados esperaban que la cifra se ubicara por arriba del 3%. De hecho, el llamado IPC Congreso -que promedia la tarea de las consultoras- registró una suba de precios de 3,3% para el mes pasado.

La difusión del dato oficial estuvo otra vez a cargo del ministro de Economía, Axel Kicillof, quien esta vez mantuvo al margen de los anuncios a las dos cabezas del INDEC -Ana Edwin y Norberto Itzcovich- y concentró su artillería sobre los consultores privados (ver página 4).

Tanto en enero como en febrero, el dato oficial había estado por debajo de las estimaciones divulgadas por los diputados de la oposición. Igual, los expertos mantuvieron un tono moderado en las críticas, tratando de no bombardear al nuevo IPC desde el primer minuto de vida. Pero la brecha de 0,7 puntos porcentuales en la medición que se conoció ayer dejó ganar terreno al escepticismo.

Marzo fue un mes complicado desde el punto de vista de la inflación. Y el Gobierno no fue del todo ajeno a esa situación. Hubo aumentos de 6% promedio en los combustibles, con YPF a la cabeza y se autorizaron subas de 5,5% en las cuotas de la medicina prepaga. También aumentaron los textos y útiles escolares por el inicio de las clases y la ropa por el cambio de temporada. En la Capital Federal se agregó el aumento del pasaje del subte. Y los precios de los alimentos volvieron a subir, como una constante de los últimos años. Este panorama hacía prever más inflación que la que registró finalmente el INDEC.

Kicillof dijo que fue el impacto del programa de precios acordados sobre los alimentos, lo que promedió hacia abajo los aumentos. Pero, como se sabe, el universo de productos bajo esta modalidad es acotado y la gran mayoría tiene precios libres. Así, aunque se compren pocos o algunos no se consigan, los precios que toma el INDEC para su relevamiento son los “cuidados”. El mecanismo no es muy diferente del que aplicaba Guillermo Moreno cuando era secretario de Comercio. En esa etapa -con el viejo índice- se encuestaban los precios “vigilados” para medir los aumentos.

Los técnicos del organismo nacional que sufren los rigores de la intervención política ayer sumaron argumentos para alimentar las sospechas de que nada cambió. Por un lado, denunciaron que esta gestión “lejos de normalizar el instituto, sigue garantizando la manipulación estadística”. Y publicaron un detallado informe metodológico que revela la continuidad del maquillaje en el nuevo IPC Nacional y en los cambios de la base de cálculo del Producto Bruto Interno.

Desde el ámbito privado, los analistas reclaman que el INDEC cumpla con lo prometido al presentar la nueva medición y publique los seis índices regionales que componen el indicador nacional. Eso permitiría darle mayor “transparencia” al relevamiento, explican.

También recuerdan que con estos cambios desapareció definitivamente el listado de precios de los productos relevados y dejaron de informarse los valores de las canastas básicas de indigencia y pobreza.

Frente a la andanada de críticas que recibe el índice, Kicillof viajó la semana pasada a Washington para ver si el Fondo Monetario le entregaba un certificado de confianza. Al fin de cuentas, los cambios se hicieron bajo la supervisión de ese organismo internacional. Sin embargo, no logró su objetivo porque el FMI quiere tomarse más tiempo para analizarlo.

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