¿Rebota o cae más profundo?: el pronóstico del Gobierno para la economía genera escepticismo

¿Rebota o cae más profundo?: el pronóstico del Gobierno para la economía genera escepticismo

Aun cuando se diera la proyección oficial de crecimiento, el poder adquisitivo real no llegará a recuperarse durante toda la gestión de Alberto Fernández.

Son días de malas noticias: aun cuando se hiciera realidad la proyección que hizo el Gobierno sobre la recuperación de la economía post cuarentena –algo que la mayoría de los analistas pone en duda- la conclusión es que, sobre el fin del mandato de Alberto Fernández, cada argentino tendrá un ingreso real menor al de diciembre del año pasado.

Lo cual es mucho decir, porque esa era una economía en la que las industrias tenían un pavoroso índice de 43% de capacidad instalada sin utilizar.

El Gobierno prevé que tras una contracción de 6,5% este año, luego vendrá un rebote de 3%, para en los años posteriores seguir creciendo primero a una tasa de 2,5% y luego estabilizarse en 1,7%.

Son números que lucen muy modestos, y aun así son optimistas en comparación con lo que anticipan la mayoría de los economistas, que esperan una caída de no menos de 7% del PBI para este año -hay incluso algunos informes de los últimos días que llegan a hablar de una baja de hasta 11%- y perciben un riesgo de estancamiento para los años siguientes.

Pero aun suponiendo que la proyección oficial fuera correcta, hay un ingrediente que hace cambiar por completo el análisis: la tasa de crecimiento demográfico. Argentina, que hoy tiene unos 44,5 millones de habitantes, agrega cada año un 1%, es decir otras 450.000 nuevas bocas que alimentar. Esto implica que durante todo el período de gestión de Alberto Fernández la población crecerá en 1,8 millón de personas, pero la torta para repartir será a fines de 2023 igual a la de cuatro años atrás.

En conclusión, cuando se lo calcula en términos per cápita –que es la forma correcta de medir la calidad de vida- el resultado es que dentro de tres años y medio todavía el ingreso de cada argentino será un 3% menor que el actual, siempre y cuando se produzca el pronóstico del Gobierno.

Argentina y la sopa de letras

Hay consenso en que, tras una caída como la actual, en la que la industria funciona un 17% por debajo del año pasado y la construcción se desplomó un 46% y persisten altas tasas de capacidad ociosaalgún tipo de rebote va a venir, aunque más no sea por efecto estadístico.

Lo que se discute es la fuerza y duración que tendrá esa rebote de la actividad.

Es por eso que en estos días a los economistas les da por jugar a la "sopa de letras". Porque según cuál sea el ritmo de recuperación de la economía, se podrá representar como un gráfico en forma de V, de U, de W o de L.

La V corresponde al escenario más optimista. Porque el gráfico muestra que, tras una caída abrupta se llega a un punto de inflexión (el vértice de la V) a partir del cual se vuelve a crecer con la misma fuerza con la que se había caído, y el resultado es que la economía, en un lapso relativamente corto, vuelve a la situación previa a la crisis.

Esa letra refleja lo que muchas veces ocurrió en Argentina: tras una recesión se produce una gran licuación de los déficit, generalmente por la vía de la devaluación del peso, y a partir de allí ganan impulso las exportaciones. Fue, por ejemplo, lo que ocurrió cuando tras cuatro años de recesión colapsó el sistema de convertibilidad y se pasó al modelo kirchnerista de "tasas chinas".

Sin embargo, hoy por hoy, casi nadie cree que la recuperación en forma de V sea la situación aplicable al mundo, ni mucho menos a la Argentina.

Los optimistas creen que China podría motorizar una rápida recuperación económica global

Más bien, los más realistas hablan de una recuperación en forma de U. Es decir, llegará el punto en el que la economía dejará de caer, pero a partir de allí su ritmo de recuperación será lento hasta que finamente, tras un período de estancamiento, podrá retomar el camino ascendente.

Entre los que creen que esta será la tendencia general se ubica el Banco Mundial. Su economista jefe, Martín Rama, piensa que América latina crecerá el año próximo la mitad de la caída que se sufra en 2020, gracias a la tracción de las economías avanzadas como China, la Unión Europea y Estados Unidos.

Pero están también quienes advierten contra el peligro de la W. Esta reacción fue el caso de economías europeas tras la crisis financiera de hace una década. A la recesión siguió una recuperación rápida, pero no se trató más que el célebre "rebote del gato muerto", más un efecto estadístico que una suba real. Como seguía habiendo problemas estructurales, eso llevó a una nueva y dolorosa caída hasta que, finalmente, se llegó a un camino de recuperación sostenida.

Esta última es la que muchos expertos presumen que pueda ocurrir si es que la flexibilización de la cuarentena da lugar a una segunda ola de contagios, que es lo que se teme que pueda pasar en países que ya están dejando atrás la peor fase de la epidemia, como China e Italia.

Finalmente, hay otra letra para el análisis, que es la más temida por los economistas argentinos: la L. Este gráfico corresponde a la crisis en la cual a la caída le sigue un largo período de estancamiento sin posibilidades de crecimiento a la vista. Se trata de una economía mediocre con muy bajas tasas de inversión y con escasas probabilidades de recuperación del salario real.

Los frenos a la recuperación

Cuando se publicaron las proyecciones oficiales, hubo en el mercado una sensación de extrañeza. Porque si bien es cierto que todos consideraron que la caída de 6,5% para este año podría quedarse corta, también hubo quienes pensaron que un ritmo de crecimiento al 1,7% llamaba la atención por lo bajo.

Y fue allí cuando surgieron las especulaciones en el sentido de si esos números no habrían sido publicados como parte de una estrategia negociadora con los acreedores. Es decir, si no habría una subestimación intencional del crecimiento potencial del país de manera de no exacerbar la "codicia" de los bonistas.

Y si bien hay quienes mantienen esas suspicacias, también están los que creen que, por el contrario, el pronóstico oficial peca de optimista.

Por caso, el consultor Salvador Di Stefano, especializado en mercados agropecuarios, observa: "No tenemos una salida al estilo de una V, es muy probable que tengamos una salida estilo L". Advierte sobre el bajo nivel de inversiones, y que la distorsión del mercado cambiario hará que los exportadores retengan su producto, porque les resulta conveniente financiarse a la tasa de 24% en pesos mientras la devaluación esperada es del 42%.

Otros condicionan la velocidad de recuperación al arreglo de la deuda. Un economista cercano al Gobierno, Emmanuel Álvarez Agis, pronosticó que en caso de un acuerdo, entonces sí se puede pensar en una recuperación rápida.

"Pero si no, probablemente quedemos estancados en el nuevo piso y es casi imposible que se produzca una reactivación, porque la inversión caerá virtualmente a cero y las empresas perderán todo acceso al financiamiento", advirtió en una teleconferencia.

Por su parte, Ricardo Delgado, director de Analytica, publicó un informe en el que pronostica que la recuperación tendrá tres fases, y para seguir con el análisis de las letras lo bautizó A-B-C.

En su explicación, el primer período es el actual, el valle de la recesión. El segundo se daría en el corto plazo, hasta julio, y estará marcado por una recuperación como consecuencia directa de la reapertura de actividades hoy paralizadas por la cuarentena. Y la fase "C" sería la de largo plazo, a la que califica como de "tránsito lento y difícil hasta alcanzar la actividad pre Covid-19".

La existencia de grandes stocks de producción será un factor que ralentizará la recuperación

Delgado observa que los indicadores de demanda –como el IVA– caen más rápido que los de oferta –como la producción en el sector energético- y concluye que eso lleva a que la economía acumule stocks de mercadería sin vender.

En consecuencia, cree que cuando termine la cuarentena eso no necesariamente implicará que la economía se recupere rápido, porque antes de retomar la producción habrá que sacarse de encima esos stocks.

¿Todavía falta lo peor?

Entre los más escépticos figura la consultora Economía & Regiones, que dirige Diego Giacomini. Alertó que, a diferencia de lo ocurrido tras el colapso de 2001, esta vez no hay condiciones para un rebote fuerte. Argumenta que en aquel momento había condiciones favorables que hoy no están, tales como un aparato estatal relativamente pequeño, una infraestructura productiva y energética que había realizado inversiones en los años previos y, para completar, precios altos de los productos agrícolas que exporta Argentina.

Ahora, en cambio, el pesado déficit fiscal y el contexto internacional desfavorable no permiten pensar en replicar las "tasas chinas" con las que Néstor Kirchner pudo salir de la recesión. Más bien al contrario, habla de un riesgo de que la economía siga en "caída libre".

"Salvo que luego de las elecciones de octubre 2021 se encare un proceso de reformas estructurales pro mercado, privatizaciones, con reforma del Estado, baja de gasto, reducción de impuestos y reforma monetaria, lo más probable es que la economía argentina prosiga sin crecer, con altos niveles de inflación y en default con bonistas extranjeros durante todo el mandato de Alberto Fernández", alerta, junto a otros pronósticos inquietantes, como una explosión inflacionaria por la actual emisión monetaria.

En la misma línea, Ricardo López Murphy, uno de los economistas más influyentes, se mostró preocupado por lo que interpreta como mensaje implícito en los pronósticos oficiales.

"La proyección de crecimiento que señala el Gobierno es baja y consistente con la idea que no se hará ninguna reforma ni tributaria ni laboral y un clima que no alienta las inversiones", afirmó en una entrevista con Clarín. E insistió en uno de sus temas recurrentes: el tamaño del gasto público que ya no puede financiarse con la recaudación de impuestos.

En definitiva, López Murphy no ve que la proyección del Gobierno a mediano plazo –es decir, la economía creciendo a 1,7% anual- sea poco realista, en la medida en que no encare reformas estructurales.

En ese marco de pesimismo, las noticias malas llegan desde todos los costados: cuando algunos ponían fichas a que, una vez más, el campo podía ser el motor de la recuperación, llegaron informes que anticipan una fuerte sequía para el próximo verano, lo cual limita el aporte de la campaña 2020/21.

Definitivamente, como para ir descartando el escenario de la "V".

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