El arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Agustín Radrizzani, ofició el tradicional Tedeum del 25 de Mayo en medio de las celebraciones del Bicentenario de la Patria. El oficio religioso, que estaba programado para las 12 horas, comenzó unos minutos más tarde por la tardanza de la presidenta Cristina Fernández. Tras aterrizar en el Campo Municipal de Deportes, la Jefa de Estado descendió de su camioneta a las 12.08 en la puerta del templo, acompañada por la intendenta de Luján, Graciela Rosso. Escoltada por Anibal Fernández y seguida de cerca por Néstor Kirchner y todo su Gabinete, Cristina Fernández caminó por la alfombra roja de la nave principal de la Basílica, firmó el libro de asistencias y se ubicó en la primera fila del templo. La Jefa de Estado encabezó el acto junto a su esposo, el ex presidente Néstor Kirchner. No faltó ningún funcionario nacional e incluso también asistió Daniel Scioli, el gobernador de la provincia de Buenos Aires,
quien se sentó a otro costado del altar junto a su mujer Karina Ravolini. Sin embargo, los grandes ausentes fueron los presidentes de Latinoamérica. Estaba programado que Hugo Chávez (Venezuela), Rafael Correa (Ecuador), Evo Morales (Bolivia), José Inacio "Lula" Da Silva (Brasil), Sebastián Piñera (Chile) y José Mujica (Uruguay) estuvieran en la Basílica pero a último momento se desestimó. El oficio religioso estuvo a cargo del arzobispo de Luján-Mercedes, monseñor Agustín Radrizzani, y contó con la asistencia del nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, quien fue designado por el Papa como su "enviado extraordinario" en adhesión a las celebraciones, se informó desde el Gobierno. En total, hubo 2000 invitados dentro de la Basílica y muchos vecinos de la ciudad expusieron su molestia al enterarse que no podían ingresar a la Basílica para presenciar el Tedeum. En sus primeras palabras, el arzobispo de Mercedes-Luján reclamó que la legislación preserve "la dignidad de la persona y preserve la familia", en clara referencia a la ley de matrimonio homosexual que ya cuenta con media sanción de la Cámara de Diputados y será tratada en julio en el Senado. Exhortó además a defender "a cualquier costo" el bien común y la unidad nacional".
A su vez, Radrizzani delimitó su discurso en cuatro ejes temáticos: "Memoria, identidad, reconciliación y desafíos". "Nos debemos un diálogo magnánimo y sereno que significa abrirnos caminos a través de la palabra; establecer el consenso sobre diferencias más allá de partidismos y de las diferencias personales", advirtió Radrizzani. El monseñor reiteró que la declaración de la Iglesia en la que se considera que "la Patria es un don que hemos recibido y la Nación una tarea que nos convoca y demanda nuestro esfuerzo". Al respecto, remarcó que "asumir ese compromiso es el mejor modo de festejar el Bicentenario".
Radrizzani remarcó que los argentinos deben "estar empeñados por defender el bien común y la unidad nacional" para garantizar una "justicia más efectiva, la redistribución de la riqueza y la mayor independencia de los poderes republicanos". Antes de comenzar la misa, Adriano Bernardini leyó un mensaje que envió el Papa Benedicto XVI a la presidenta con motivo del Bicentenario. "Mis felicitaciones más cordiales con ocasiones de las fiestas nacionales", afirmó el nuncio apostólico. Además el Papa "a la vez que expreso mi afecto y cercanía espiritual a todos los argentinos a los cuales encomiendo en mis oraciones pidiendo al Señor que los bendiga con la concordia, la paz y la prosperidad". Una vez finalizado el Tedeum, la presidenta se retiró de la Basílica y, frente al templo, saludó a las distintas organizaciones oficialistas que estaban concentradas desde la mañana. Pero la gran cantidad de público provocó un caos en la salida. Bien custodiada, la Jefa de Estado caminó hasta la calle 9 de Julio donde la esperaba la camioneta, mientras sus guardaespaldas trataban de despejar el camino. Allí, tomaron rumbo nuevamente hacia el Campo Municipal de Deportes, donde abandonó la ciudad de Luján en helicóptero. |