Obras sociales y prepagas: expertas en negar derechos para privilegiar sus ganancias

Obras sociales y prepagas: expertas en negar derechos para privilegiar sus ganancias

Dos historias de vida que muestran las consecuencias de que la salud sea un negocio. Personas con enfermedades crónicas, degenerativas progresivas y con discapacidad que ven sus vidas deteriorarse en el laberinto de los trámites y la burocracia. Tratamientos rechazados, coberturas por la mitad, remedios que nunca llegan.

En Argentina millones de personas, adultos y niños, padecen enfermedades crónicas, degenerativas progresivas o tienen alguna discapacidad que requieren tratamientos permanentes. Muchos de los cuales ni siquiera tienen el objetivo de mejorar su salud, sino solamente de mitigar los impactos destructivos en su cuerpo o distanciar un poco la muerte.

Sin embargo, la inmensa mayoría de esas personas no reciben el tratamiento adecuado. Historias similares que se repiten a lo largo del país: tratamientos rechazados, autorizaciones que demoran una eternidad, órdenes que se pierden o deben volver hacerse, explicaciones por la mitad que además violan en muchas casos legislaciones vigentes. Así, los pacientes crónicos y sus familias se terminan convirtiendo en víctimas del abandono de los servicios de salud.

Julieta pide volver a casa, pero su prepaga se lo niega

A Julieta hace casi dos años le diagnosticaron Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Una enfermedad neurodegenerativa que la dejó inmóvil.

La familia acompañó a Julieta en cada trámite que la prepaga le solicitó. Swiss Medical no se las hizo fácil los primeros tiempos, en que tanto ella como su familia se familiarizaban con la enfermedad. Cada estudio, cada indicación médica, iba acompañada de múltiples trámites burocráticos.

Hace más de un año, cuando su enfermedad avanzó hasta tomarle las vías respiratorias, le realizaron una traqueotomía. Luego, fue trasladada provisoriamente a una clínica de rehabilitación, donde debía recuperarse. Esperó que los médicos le indiquen la internación domiciliaria. Pero esa indicación nunca llegó. En tanto, le ponían miles de excusas que obligaron a la familia a realizar múltiples trámites para, supuestamente, conseguir que Swiss Medical le autorizara el traslado a su domicilio.

Lleva más de un año internada en una clínica de rehabilitación dónde no hay más para hacer. "La enfermedad avanza. Y yo necesito estar con mis hijos. Acá sólo puedo verlos un par de horas por día", expresó Julieta cuando todavía podía hablar.

Primero le dijeron que no podían otorgarle la internación domiciliaria, porque es una paciente electrodependiente. A través de la Defensoría del Pueblo porteña, que presentó un recurso ante la empresa Edesur, logran que instalen en la casa de Julieta la Fuente Alternativa de Energía que ella requiere para poder vivir.

Luego vendrían otras excusas por parte de la prestadora médica, que obligó a la familia a continuar realizando infinidad de trámites, que no condujeron más que a fatigar las fuerzas de los que cuidan a Julieta y a la propia Julieta que vió cómo su reclamo de estar en su casa, junto a sus dos hijos, y su madre se desvaneció.
Mientras permanece inmovilizada en una cama, en un estado de parálisis total, consciente, pero sin poder hablar, pide solo volver a su casa para estar sus últimos días junto a sus hijos y familiares.

Swiss Medical incumple con la ley porque no le otorga el servicio de enfermería permanente a domicilio, tal como estipula la Ley de Discapacidad y Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, que tiene jerarquía constitucional.

¿Quién cuida de los que cuidan?

No solo las vidas de aquellos que enferman o tienen que vivir con una discapacidad se trastoca de repente. En muchos casos, sobre todo cuando hay que cuidar de niños, adultos mayores, o personas imposibilitadas de desarrollar una vida autónoma, familias enteras deben redefinir roles y dejar de lado ocupaciones anteriores, incluso trabajos, porque de repente el tiempo se vuelve escaso.

A los cuidados necesarios que requieren las personas enfermas o con discapacidad se le suma un quehacer nuevo y bastante engorroso: lidiar con las obras sociales y prepagas que siempre están dispuestas a encontrar obstáculos y trabas para cubrir los tratamientos necesarios porque para ellos lo importante es cuidar sus ganancias, antes que garantizar una cobertura de salud acorde a las necesidades de cada uno de sus afiliados.

La vida de Félix: entre superhéroes, escuela y terapias

Félix tiene 8 años y una discapacidad que lo acompañará por el resto de su vida. Padece una displejía espástica, una enfermedad neurológica causada por su prematurez extrema, que fue detectada como en la mayoría de las casos cuando su familia y médicos advirtieron cosas atípicas. Primero comenzaron las dificultades para poder sentarse, luego para pararse y caminar, y más adelante, esa misma dificultad motriz se manifestó en sus manos.

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Con mucho esfuerzo, horas de terapias semanales ininterrumpidas al día de hoy desde que tiene 1 año, tratamientos complementarios como la aplicación de botox, y el uso de aparatos ortopédicos logró caminar, aunque lo hace con alguna dificultad. El inicio del jardín marcó una nueva complicación a la hora de tener que manipular con sus manos lápices y los útiles necesarios para comenzar el proceso de alfabetización que requiere, que aún hoy esté acompañado de una maestra integradora en el aula.

Félix tiene una vida normal, tiene amigos, va sus casas y vienen a la de él, va al cine, le encantan los superhéroes y transita su niñez con felicidad. Por supuesto que sabe y es consciente que no es igual a sus amigos, que es diferente y que a él “ las cosas le cuestan más”, pero le busca la vuelta a todo para mantener su alegría.

No fue fácil que su obra social cubra en la actualidad todas sus terapias y su maestra integradora. Su familia invierte horas y días en trámites y reclamos que nunca terminan, porque lamentablemente lo que se consigue dura poco. Siempre “hay cambio de disposiciones” que obligan a empezar de nuevo todo el tiempo y producen la angustia y la incertidumbre de quedarse sin dada. Todas sus terapias y su maestra integradora tienen un costo muy alto que su familia no podría afrontar de manera particular.

No otorgarle a un niño o niña con discapacidad el tratamiento adecuado según sus necesidades, es condenarlo a que tenga una vida dependiente de terceros en su adultez.

Por un salud al servicio de las mayorías, y no de las ganancias de unos pocos

Las personas enfermas o con discapacidad son consideradas un estorbo y un gasto por el capitalismo. El sistema de salud, compuesto por tres subsistemas: el público, el de las obras sociales y el privado, en la mayoría de los casos no da la respuestas acordes a las necesidades de salud. Rechazar tratamientos, cubrir menos cosas de las que corresponden, dilatar las autorizaciones, son las formas habituales con las que el sistema trata a aquellos que considera improductivos o menos productivos que el resto de la sociedad. Tengamos en cuenta que más de la mitad de las personas con discapacidad están imposibilitadas de trabajar.

En el 2019, la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires difundió que el 40 % de los reclamos que recibió de la población corresponden a los hechos por quejas a obras sociales, prepagas y el Programa Incluir salud, que es la cobertura de salud estatal para las personas que reciben pensiones no contributivas, como por ejemplo las que son por discapacidad. Por supuesto que los problemas no se terminan en la provincia de Buenos Aires.

La salud no puede ser un negocio, no tiene por qué dar ganancias. Para garantizar un servicio de calidad, donde el acento esté puesto en la prevención, así como también en situaciones críticas garantizar a pacientes y familiares una asistencia adecuada, es necesario un sistema de salud único, gratuito y de calidad, cuyo interés verdadero sea satisfacer las necesidades de salud de la población y no aumentar las ganancias de quienes se enriquecen a costa de empeorar y complicar la vida de sus afiliados.

Un sistema que esté basado en la liquidación del sistema privado y la integración de las unidades en hospitales y centros de salud públicos, que funcione controlado por los trabajadores y la población que allí se atienda, y que actúe de forma coordinada con las obras sociales. Además, que esté financiado con aportes crecientes según la escala de los ingresos que se destine a financiar a todo el sistema, y reforzado con impuestos progresivos a las grandes fortunas y el no pago de la deuda, entre otras cosas.

El Estado debe garantizar una cobertura médica y los servicios de salud para todos, reemplazando el criterio mercantil y falsamente universal que rige en la actualidad para que la salud deje de ser un negocio y se convierta en un derecho de todas y todos.

 

 

 

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Una publicación compartida de Elizabeth Aimar💚🌸 (@elizabeth_aimar) el 19 Jun, 2019 a las 5:23 PDT

Hace siete meses, cuando la familia de Julieta comenzaba una campaña para obtener la internación domiciliaria.

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