El dragado infinito

El dragado infinito

La Omvac 10 llegó para hacer una tarea de mantenimiento de las profundidades alcanzadas en el 2014. El plazo de obra eran 90 días corridos. Ya superamos los 150 y nadie dice cuándo termina.

La filtración de barros contaminados que la draga Omvac 10 remueve del área de giro y refula mediante un dispositivo de cañerías a los piletones que la Municipalidad cavó en el predio de los silos del puerto, es la muestra tangible de un plan de mantenimiento de dragado que parece infinito.

La rotura de una de las tres celdas de casi 5 mil m2, que cavaron máquinas del Ente de Servicios Urbanos a un costo de 5 millones de pesos, ocurrió la semana pasada. Un líquido oscuro comenzó a brotar del cordón de tierra y a caer en el espejo interior del puerto, aledaño al varadero de Astillero Contessi y el Club Náutico.

En lo que constituye casi una rareza –vecinos del Barrio Jardín de Peralta Ramos esperan hace meses que reparen las calles de modo de poder salir de sus casas sin embarrarse hasta las rodillas- las máquinas viales obturaron la filtración a las pocas horas.

El Consorcio contrató a un ingeniero ambiental para diseñar el proyecto del tratamiento de estos sedimentos contaminados que remueve la draga en la etapa final de la obra. Desde la Oficina Provincial de Desarrollo Sostenible (OPDS) obligaron a la administración portuaria a recepcionar los líquidos en tierra y darle un tratamiento especial.

Los últimos vestigios del operativo “dragado para todos”, con la 259 C Mendoza, ocurrieron en el verano del 2015. Rompió una inactividad que llevaba más de dos años para remover sedimentos de la misma zona donde ahora opera la draga española junto al muelle de ultramar.

La draga estatal se ató con alambres –literal- para sacar de apuro a una administración que había gastado más de 10 millones de dólares para profundizar los canales de acceso y no los muelles de amarre para el regreso del servicio de porta contenedores.

Esos barros que sacó la Mendoza y guardó en su cántara estaban tan contaminados con metales pesados como los que ahora remueve la Omvac, dos años después. Y se arrojaron al mar, sin que ningún organismo medioamiental pusiera reparos.

La tarea en el espejo interior la completó la Victory I, un artefacto sin propulsión propia, que al principio refuló los sedimentos al mismo espejo interior de agua que ahora recibió los líquidos de la filtración. Tras las quejas, a las apuradas, Jorge Hidalgo, el expresidente del Consorcio, ordenó remover un poco la tierra en el mismo sector del predio de los silos. Los barros se secaron sin ningún tipo de tratamiento y hoy regalan una postal cuasi lunar.

Es saludable la preocupación ambiental pero la zona donde antes y ahora arrojan los sedimentos no parece ser la más adecuada. El predio de los silos es la última joya que le queda al puerto y los planes oficiales incluyen la intención de montar un centro logístico de carga de contenedores. ¿Apoyado sobre qué cimientos?. Si es que alguna vez se concreta, los inversores deberán sumar un costo extra al proyecto: remover los sedimentos enterrados.

Pero Martin Merlini tiene problemas adicionales a la filtración de barros contaminados. Otros distintos a la politización de sus empleados en el Consorcio que resienten los pocos servicios que presta la administración mientras hacen política partidaria de cara a las Paso.

El Presidente del Consorcio siempre fue crítico de todos los operativos de dragado que tuvo el puerto en los últimos años. Su lei motiv fue la transparencia y la previsibilidad en vísperas del proceso licitatorio que se terminó adjudicando a Canlemar SL, la única empresa que se presentó ofertas. El “as en la manga” que siempre tuvo Merlini en su tarea de demostrar que se podía dragar bien y a un costo mucho más bajo que sus antecesores.

El pliego establecía 90 días corridos de trabajo con una inversión de 3,6 millones de dólares, financiados por las propias arcas del Consorcio para remover unos 450 mil metros cúbicos de sedimentos.

Mientras llueven las inversiones en otros puertos, acá se ponían convencidos la camiseta de la “autosustentabilidad”. Con un aumento del 9% en los cánones portuarios en febrero y otro 9% previsto para septiembre, de la remera quedarán jirones.

La Omvac 10 llenó su cantara de 1200 cm3 en el viaje inaugural el 12 de febrero. A priori, una obra sencilla: recuperar las profundidades alcanzadas en el dragado del 2014. El 18 de abril, el presidente del Consorcio explicaba entusiasmado a Radio Mitre Mar del Plata que el dragado avanza a paso sostenido.

“Se está cumpliendo con el plazo de la obra y estimamos que si se demora, se demorará una semana, no más que eso. Estimamos que para el segundo fin de semana de mayo estamos terminando”, dijo Merlini. Que después dijo fines de mayo y más tarde, fines de junio. Hace bastante que ya no dice nada.

La draga tuvo que subir a dique para renovar el certificado de navegación y estuvo dos semanas inactiva. Bajó, profundizó un sector de la posta de inflamables –curioso que no haya sedimentos contaminados en el área- para mejorar la operatoria del buque petrolero y comenzó a refular sedimentos en la zona de maniobra del porta contenedor, una circunferencia de 250 metros de diámetro. Todavía le falta intervenir en el muelle de ultramar, donde amarran los buques de contenedores.

Vamos camino a superar los 160 días corridos de dragado y la Omvac 10 todavía no terminó.

No solo se mantiene la incógnita de saber por qué se extendió más del 50% el plazo de una obra que a un mes de terminar transcurría “dentro de los plazos previstos”, sino que se desconoce cuándo termina, cuántos metros cúbicos se llevan removidos y cuánto terminará costando.

Si algún diputado o concejal eleva un pedido de informes para acceder a estos interrogantes tendrá que aguardar unos días. Al menos hasta que el Presidente del Consorcio regrese de vacaciones.

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