Carlos Germano, consultor político y analista de opinión pública, no tiene dudas: la gran y única electora del 14 de agosto se llamó Cristina Fernández de Kirchner
Carlos Germano, consultor político y analista de opinión pública, no tiene dudas: la gran y única electora del 14 de agosto se llamó Cristina Fernández de Kirchner. “Es una victoria contundente que genera muy poco margen de cambio para el 23 de octubre. En un escenario de relativa normalidad, no parece haber sitio para un cambio de tendencia electoral”, explica Germano en el marco de una entrevista con La Capital.
—¿A qué atribuye semejante victoria?
—Los sondeos previos daban un triunfo contundente con una diferencia importante respecto a los potenciales segundos, que claramente se perfilaban entre Ricardo Alfonsín y Eduardo Duhalde. Personalmente considero que la diferencia de los 4 o 5 puntos más que terminó sacando la presidenta y que no se vieron reflejados en los sondeos, radican principalmente de factores externos: desde los medios de comunicación se vieron claramente imágenes en donde se observaba a países del primer mundo con fuertes problemas sociales y económicos. Asimismo, los problemas en Chile fueron un tema a considerar. Muchos sectores de la sociedad se retrotrajeron al 2001 y se terminó votando por una estabilidad económica que no se quería arriesgar.
—¿Cristina queda referenciada como la única electora?
—Yo creo que si. Es un triunfo que tiene nombre y apellido porque fundamentalmente fue la presidenta quien generó todas las listas para enfrentar esta elección en todo el país. Fue muy criticada por muchos sectores pero el resultado de las primarias terminaron por darle la razón. Cristina se transformó en la gran electora y demostró que los votos le pertenecen.
—¿Cómo será de ahora en más la gestión?
—Creo que es una gestión en donde se va a profundizar el modelo. Al ser su último período, la presidenta piensa instalarse como el nexo entre las nuevas generaciones. Viendo el trabajo de CFK y las listas con algunos candidatos puntuales, muestra que realmente esas palabras pueden tener un sentido estricto. Estas nuevas generaciones pueden ser determinantes y colocarse como pilares para dejar atrás determinados actores políticos que vinieron dominando la escena política durante los últimos 20 años.
—¿Esta todo dicho para octubre?
—Yo creo que sí. Es una victoria contundente que genera muy poco margen de cambio para el 23 de octubre. En un escenario de relativa normalidad, no parece haber sitio para un cambio de tendencia electoral. Deberían generarse situaciones muy extraordinarias. Me atrevo a decir al estilo de España cuando el Partido Socialista creció luego de la explosión de Atocha.
—¿La oposición terminó sacándose votos entre sí?
—Después de ocupar el centro de la escena en 2009, la oposición genero muchas expectativas que no terminaron de cubrirse. Entre los opositores primó una guerra de egos, en donde cada uno pensó en sus propios intereses y no en las necesidades que mostraba el electorado. Por otro lado, se realizaron construcciones mediáticas pero con poco sustento político de fondo. En este sentido, el mensaje de las primarias del 14 de agosto fue claro: El gran capital logrado en las elecciones de mitad de mandato de 2009 se terminó diluyendo.
—¿Cómo se explica la debacle de Duhalde?
—Duhalde nunca fue una expectativa electoral desde la opinión pública. Posee una imagen negativa que oscila entre los 58 y 64 puntos en todas nuestras mediciones. El punto radica en que esta imagen no es producto de una recuperación de la imagen de Cristina, de las expectativas económicas positivas que posee la sociedad o del surgimiento de nuevos líderes opositores. Eduardo Duhalde es una figura que mantiene estos números desde hace más de 4 años y no muestra mayores oscilaciones. Creo que hubo mas una construcción mediática y un pensamiento de determinados sectores políticos que como ex jefe territorial de la provincia de Buenos Aires, podía generar fugas desde diversos intendentes del PJ bonaerense. A modo de resumen, ni analizando a Duhalde desde su imagen o desde su en intención de voto, estaba en condiciones de polarizar una elección.
—¿Qué puede esperarse de Binner para el 23 de octubre?
—Yo creo que tiene una oportunidad de ocupar un lugar importante en el mediano y largo plazo. De todas formas, no lo restringiría sólo a Binner, sino al Frente Amplio Progresista como fuerza. El socialismo, como uno de los pilares de este espacio genera una serie de expectativas en una parte del electorado que se enfrenta a la clara deserción de un partido histórico como la UCR. El radicalismo no pudo saldar su deuda con su electorado histórico posterior al año 2001. Y en política hay una máxima que se respeta casi a rajatabla: los espacios que quedan vacíos, son ocupados por otros. Si el Frente Amplio Progresista no repite los errores de la centroizquierda, puede ocupar un espacio importante.
—¿Cuál fue el rol del conurbano para la victoria de Cristina?
—Creo que fue sumamente importante, pero también de toda la provincia, ya que constituye el 38% del padrón nacional. El Gran Buenos Aires se inclinó mayoritariamente por la opción del Frente para la Victoria pero no hay que olvidar que la presidenta ganó también en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mendoza, Santa Fe y Córdoba. De hecho, triunfó en 23 de los 24 distritos electorales, perdiendo sólo en San Luis. Fue un resultado que no deja ningún margen de dudas.
—¿El campo esta vez votó a Cristina o ese voto opositor se repartió entre varios candidatos opositores?
—Considero que mayoritariamente fue un voto al oficialismo. Las ciudades del interior de la Pampa Húmeda están observando un mejoramiento de su nivel de vida y fue un voto hacia la continuidad. Me parece que muchos sectores no lograron observar determinados cambios de humor de la opinión pública. En este sentido, la historia 2008/2009 begin_of_the_skype_highlighting 2008/2009 end_of_the_skype_highlighting begin_of_the_skype_highlighting 2008/2009 end_of_the_skype_highlighting, con la crisis del campo como principal hito, es sumamente distinta al 2010/2011, con la muerte de Néstor Kirchner como eje central. En esta nueva etapa, con un mejoramiento económico en marcha, la sociedad eligió un voto conservador. Prefirió no arriesgar. En países sumamente inestables como los nuestros, con historias de crisis cercanas en la memoria colectiva, la sociedad no buscó arriesgar. Me parece que este fue el principal motor de voto del Frente para la Victoria.




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