Son, en su mayoría, pequeños comerciantes de los barrios de Villa Santa Rita y Flores; padecieron hasta dos semanas por la falta de energía eléctrica y los reiterados apagones; ahora luchan para volver a ponerse en actividad
"Estoy fundido", es lo primero que dice Miguel Sproviero, dueño de la panadería Nueva Aloha, en Nazca y César Díaz, en el barrio Villa Santa Rita, mientras tira a la basura 60 docenas de facturas, en medio de un piquete de los vecinos que sufrieron la falta de luz durante 15 días.
Sproviero cuenta que tuvo que tirar 300 kilos de "amasijos" de pan, pan dulce, facturas, masas y tortas. "No sé cuánto dinero perdí, pero es mucho, contando la mercadería que se fue a la basura y los días que no abrimos. Creo que si me pongo a hacer la cuenta me largo a llorar. "Ayer volvió la luz al barrio, después de que una cuadrilla de Edesur hiciera los empalmes de los cables de una caja en Magariños Cervantes al 2900, donde el viernes los vecinos prácticamente secuestraron a dos técnicos de la distribuidora. La cuadrilla había llegado para reparar esa instalación, pero quiso retirarse sin haber devuelto la energía eléctrica a los domicilios. "Estamos trabajando a media máquina porque tenemos miedo de que nos vuelvan a cortar; eso nos pasó el 24 de diciembre, cuando por unas horas volvió la luz, nos pusimos a amasar pan dulce y cuando quisimos cocinarlos ya no teníamos; tuvimos que tirar los 150 kilos", recuerda el panadero.
Hace 15 años que Sproviero tiene la panadería con su mujer, en la que además trabajan diez empleados. "Les quedé debiendo los sueldos, el aguinaldo y las vacaciones. Voy a pagarles con lo que vaya juntando si podemos trabajar, aunque ya nos avisaron que mañana van a cortar de nuevo para seguir arreglando el cableado en el barrio. Perdí la confianza, pero no me queda otra que seguir amasando; cada vez que cortan, hago el reclamo en Edesur, me dicen que se va a solucionar y que ellos no tienen nada que ver", dijo.
SIN PILETA Y SIN COLONIA DE VACACIONES PARA LOS CHICOS DE IMPERIO JUNIORS
Los 500 chicos de la colonia de vacaciones del Club Imperio Juniors de Villa Santa Rita, en César Díaz 3047, se quedaron sin nada para tomar y sin pileta durante los 15 días que estuvieron sin luz, según explica Agustín Suárez, uno de los tres responsables de la administración del club.
"El agua de la pileta está muy sucia porque no pudimos filtrarla; para limpiarla usamos una bomba trifásica que depende de la energía eléctrica. Muchos chicos vinieron igual, porque sus padres trabajan y no tenían dónde dejarlos, pero nosotros, en medio de la tremenda ola de calor, no teníamos con qué hidratarlos. Salimos a comprar botellas y bidones de agua; las pérdidas son incalculables", explicó Suárez, quien dirige la colonia junto a dos compañeros y que no sabe cómo hará para pagar el sueldo de los empleados.
"Durante el día abrimos las puertas con horario restringido y aprovechamos la luz solar. Por suerte los socios del club no dejaron de pagar y sólo uno de ellos pidió la devolución del dinero de la cuota", dijo.
Ayer volvió la luz al barrio. El viernes, todos los vecinos se habían movilizado y organizaron una protesta desde la mañana y hasta las 21 en la puerta del club. A la tardecita se fueron caminando hasta la esquina de Nazca y César Díaz, donde se instalaron con sombrillas y un aro de básquet.
"La cuadrilla de Edesur estuvo trabajando durante todo el día y arreglaron la bomba que estaba rota, pero ahora nos avisaron que mañana nos van a cortar de nuevo para arreglar el cableado de la calle Helguera, entre César Díaz y Magariños Cervantes. La verdad, ahora tengo miedo de que la falta de servicio se extienda mucho más de lo que nos dijeron", explicó.
LAS HELADERAS CON LOS MOTORES QUEMADOS POR LOS PICOS DE TENSIÓN
Melisa Wang está en su supermercado de Bacacay 2672, en Flores. Tiene la mirada perdida en las heladeras de lácteos vacías. Todas tienen los motores quemados, "por culpa de la baja tensión y los cortes de luz", dice. "Hace un mes y medio que empezó esta historia", cuenta.
Las fiestas de fin de año siempre son una oportunidad de ventas, pero la falta de energía eléctrica terminó por pudrirle gran parte de la mercadería. Otra parte se venció. Todo fue a parar a la basura.
"Ayer tuve que tirar 60 cajas de pan dulce que no vendí entre el 24 y el 31 de diciembre porque como no había luz, la gente no entraba; hoy tiré tapas de tarta, ravioles, mantecas, quesos y por lo menos 40 cajas de leche", dijo.
También se le quemó una caja registradora por la baja tensión y los cortes que iban y venían. "Ya no tengo dónde poner los lácteos, así que directamente no estoy comprando más. Tampoco tengo dónde poner la carne, ni dónde enfriar las bebidas. Los apagones nos arruinaron", dijo.
Cobrarles a los clientes también se volvió una complicación, porque le quedó una sola caja funcionando.
Arreglar las máquinas, explica Wang, cuesta entre US$ 2000 y 3000. "No tengo cómo pagar eso", se lamentaba, mientras sacaba cajas de mercadería a la calle.
Su marido fue a Edesur a hacer el reclamo tres veces, pero no obtuvo respuesta. "Nos pidieron que esperemos; que lo iban a solucionar, que nos iban a compensar económicamente, pero nadie hizo nada. Estamos desesperados", contó.
El viernes por la tarde volvió la luz y regresaron a trabajar, aunque no saben por cuánto tiempo. "Tengo miedo de que se vuelva a cortar la luz y de que se me quemen las dos heladeras que nos quedan", dijo.
EN POCO MÁS DE UNA SEMANA, ROLANDO TIRÓ MÁS DE 1000 KILOS DE CARNE
Hay algo que le preocupa a Rolando Fleitas, el encargado de la carnicería Cristian, en la esquina de Yerbal y Terrada, en pleno barrio de Flores: ¿tendrá que seguir tirando carne a la basura por mucho tiempo más?
El local estuvo sin luz durante por lo menos siete días y, sin bien hace dos que Edesur le restableció el servicio, las pérdidas ya son irreversibles.
Se le pudrieron 1000 kilos de carne en una semana, que fueron a parar a la basura, y el viernes había vuelto a tirar otros 300 kilos. "Tapa de asado, costilla, pollos y chorizos. Todo en mal estado", se lamenta Rolando.
Hablar de números y de perdidas no es sencillo. "Es difícil calcular las pérdidas, pero estimo que es de más de 25.000 pesos", contó.
Desde el 26 diciembre hace lo imposible para mantener activo el negocio.
"Primero, mudamos la mercadería más cara a otra de los negocios que tenemos en Acoyte y Juan B. Justo, en Caballito, pero de todos modos perdimos mucho porque ya había estado demasiadas horas sin el frío de las heladeras y, además, hacía mucho calor", dijo.
"No hicimos el reclamo porque estamos cansados y sabemos que no sirve de nada. Esta es una historia que se repite cada verano; el año pasado nos pasó lo mismo y perdimos 30.000 pesos. Y si ahora se vuelve a cortar la luz, no sé qué vamos a hacer", explicó mientras habría la heladera para mostrar el color oscuro que había tomado la carne, sofocada por las altas temperaturas.
Por ahora, los empleados de la carnicería siguen cobrando sus sueldos normalmente, pero temen que la situación se complique si la falta de luz les impide seguir trabajando..
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