Gastón tiene siete años. El día de la tormenta estaba en Villa Elvira jugando en el patio con su madre y uno de sus hermanos. La lluvia los obligó a entrar y, poco a poco, el agua empezó a subir hasta alcanzar el escalón de concreto que separaba su casa de la calle de tierra. Primero entró el agua, después el agua con barro.
Historias como éstas se repiten incansablemente en todos los barrios de la ciudad, despertando la idiosincrasia del pueblo argentino. Del dueño de un canal de cable que corre a preguntar de quién es la culpa, al partido político que especula con la tragedia. Pero también hay -y mucho- de lo otro, de aquello que hace que el pueblo argentino sea el mejor pueblo del mundo.
En Tucumán hay más de cuatro delegaciones juntando alimentos no perecederos, colchones, agua y ropa para los evacuados de La Plata. En Mar del Plata tuvieron que abrir dos escuelas más porque la gente se agolpaba para entregar desinteresadamente materiales de todo tipo. Algo similar ocurre desde ayer en Córdoba, La Pampa, Santa Cruz, Chubut, Santiago del Estero, San Luis, Mendoza y Entre Ríos, entre otras provincias del país. Una empresa de agua de Lezama reunió dos camiones con bidones de agua para trasladar de forma gratuita a la ciudad. Hubo más de veintisiete centros de donaciones y recolección de materiales en la ciudad de La Plata con personas que vienen de todos los barrios a arremangarse y ponerse a trabajar. Decenas de comedores están alojando a todos los vecinos y ya se están organizando más de cien organizaciones de todo el país para auxiliar a los que han perdido todo. Los hospitales de toda la región trabajan a destajo, con pocos materiales y sin importar los horarios de trabajo. Ya no hay horarios, ni salarios, ni paritarias. Hay personas. Ya no hay partidos políticos, no hay monopolio de medios, no hay oficialismo ni oposición. La presidenta de la Nación caminó barrio Mitre con Diego Santilli, del Pro, que luego agradeció la ayuda recibida. La Nación y la provincia de Buenos Aires, hasta hace una semana en plena puja político-económica, estaban de la mano en el Gran La Plata tratando de hallar una solución al temporal.
Se acerca el momento de volver a casa. Será el momento de enfrentarse a la realidad, y la realidad de los evacuados será durísima. Faltarán, o estarán en mal estado, los muebles, electrodomésticos, la ropa y el vehículo que compraron luego de años de trabajo y ahorro. En muchos casos, son cosas que aún estarán pagando en cuotas y que ya no podrán utilizar. Será el momento de velar a nuestros queridos muertos y honrarlos como corresponde. Será el momento de buscar a los responsables. La tormenta fue, como dijo el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, una catástrofe de la naturaleza, es cierto. Para también es cierto que la porción del presupuesto anual que se utiliza en la construcción de una estructura adecuada para paliar estas crisis es cada vez más exiguo, que la monstruosidad de la fiebre edilicia que hubo en La Plata influyó notoriamente en la saturación de los servicios, que no se tenía un plan de evacuación adecuado (personal de Defensa Civil todavía desconocía qué tenía que hacer a las dos de la mañana del 3 de abril), y que la respuesta del municipio ha sido poco menos que pobre.
Todo esto vendrá, porque en la Argentina debe haber Justicia. Pero no hoy. Hoy hay que ayudar, cada uno desde su lugar. Que el periodista, además de buscar culpas e informar si a Alicia Kirchner le golpearon o no el auto mientras la insultaban, informe al pueblo de la situación en los centros de evacuación, del nombre y apellido de los que han fallecido y de la evolución del drenaje en las calles. Que el político se arremangue y salga a las calles a ayudar a su gente, codo a codo con quien sea, sin importar si es radical, peronista, del Pro o guevarista. No es éste el momento para confrontar, sino para llevarle un poco de paz a quien parece haberla perdido. El momento para donar, colaborar, abrazar, sostener y sentirse, en definitiva, cada vez más argentino.


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