La vocación, el motor de una pasión

En nuestra provincia son muy escasas las personas que trabajan en la problemática de la discapacidad. Solamente unos pocos profesionales se dedican a una población que tiene múltiples necesidades.
Mario Vega - La escena conmueve: la chiquita se acerca, trémula, un poco tímida, algo indecisa. "Quiero darte mi medalla...", casi susurra. Apenas hace un instante ha bajado del podio en el que recibió la premiación por haber ganado esa competencia sobre 80 metros. Germán la mira y sólo sonríe, no dice nada. Le da un beso y recibe la distinción. La niña se llama Ana Luz Pellitero, y es ciega.

¿Por qué lo hizo? Es que poco antes de la prueba el "profe" se había acercado, la había estimulado con las palabras justas y ella sintió que podía. Y había ganado... "Esas cosas son impagables, y no hay plata que lo iguale", confiesa con cierto pudor Germán.

En la pista de atletismo del Parque Recreativo Don Tomás se habían desarrollando las competencias para chicos con discapacidad. En el cajón de saltos un grupo de chiquilines, más allá otros, y allí cerquita un chiquito que también perturbaba -a mí por lo menos-, intentando un lanzamiento con la bala... por allá otros corrían o saltaban superando sus propias dificultades. Se los veía felices, y también a algunos familiares que los alentaban todo el tiempo.

Fue hace un par de semanas, en una circunstancia que me quedó grabada: Chicos ciegos, discapacitados motores, y mentales, practicando como lo podría hacer un atleta convencional, pero con la carga de dificultad que les impone su condición física. Siempre me sacudió de una manera particular ese "mundo" que se me ocurre tan distinto, para el purrete, y para todos los que lo rodean.

La clave, vocación.

Hay que tener una sensibilidad muy especial, mucha vocación, mucho amor para dar, más allá de una cuota de profesionalismo. Germán lleva 28 años de ocuparse de discapacitados. Es un profesor de educación física que incluso antes de empezar el profesorado ya había incursionado en aquella práctica. Existen ciertos reparos, prejuicios, alguna aprensión cuando de abordar el tema se trata, y son contados los profesionales que se ocupan.

Entiendo que a nadie que le corra sangre por las venas le puede pasar desapercibido el tremendo esfuerzo de aquellos chicos con diferentes discapacidades para tomar parte, junto con sus iguales, de una competencia preparada para ellos.

Germán se acerca a uno y otro atleta y le conversa algo al oído, lo estimula, y los deja con una sonrisa. Es el profe que siempre estuvo vinculado al deporte -buen jugador de básquet, pero que se destacaba aún más en vóley-, que un día descartó estudiar medicina para seguir Educación Física en Mar del Plata.

La familia.

Germán Gabriel Miskoff (52) es hijo de Jorge, jubilado del Banco de La Pampa; y de Olga Argañaraz (supo trabajar en el Registro de la Propiedad); tiene tres hermanos: Gustavo (dedicado a la electromedicina), Verónica (martillera), y Gerardo (cheff). Casado con Cecilia (fotógrafa), tiene dos hijos, Gabriel (15) y Mateo (12).

Se crió en Villa Alonso, y el fútbol, la quema de cardos rusos, las "cabañas" construidas con maderas y cartones, fueron los juegos de la niñez. "En el barrio los crack eran los Biaggio, Néstor y Claudio, que después llegó a jugar en San Lorenzo", recuerda. El deporte siempre estuvo presente en su vida porque su abuelo es el "famoso Planeta" Argañaraz, canchero de General Belgrano, y reconocido -según cuentan- por algún atributo físico especial: "Yo siempre alardeo que heredé todo de mi abuelo", se ríe Germán.

La primaria en la 233 (ex 143), el secundario en el Comercial y después la partida a Mar del Plata. "Un día estaba en un playón mirando un partido de básquet en sillas de ruedas... en un momento pidieron alguien para arbitrar y me animé. Ahí puedo decir que empecé a trabajar en discapacidad. Más tarde estuve como ayudante en atletismo para paralíticos cerebrales", cuenta hoy.

Sin fin de lucro.

Volvió a Santa Rosa y siguió con lo que evidentemente es su vocación. "Sí, estoy convencido que es así. ¿Sabés que en cualquier lado que voy encuentro a alguien que me mira, y es una persona que tiene dificultades? Es como que hay una suerte de magnetismo, como si nos atrajéramos", revela.

"Con Guille Gatica creamos el Club Atlético de Actividades Distintas, una ONG sin fines de lucro con la que empezamos a participar en competencias. Funcionamos en el Estadio Municipal, y los sábados hacemos natación en Médanos Verdes", sigue diciendo.

Germán conversa mientras de reojo mira la actividad que se desarrolla en su Gimnasio Integral y de Rehabilitación. "¿Si es difícil trabajar en esto? Fácil no debe ser, porque de una población del 7.1% de personas con discapacidad, cabe inferir que más o menos la misma proporción de profesores trabajan en la problemática. ¿Si he sufrido? En una época creía que sí, pero ahora lo tengo naturalizado. En lo personal me he golpeado fuerte miles de veces, pero entiendo que la que más sufre es la familia... a veces me llaman del interior, y consultan para saber dónde tienen que llevar a sus hijos. Y yo les digo que los traigan y vemos cómo se puede trabajar con él, o cómo se lo deriva. Y claro, la primera pregunta que les surge es cuánto les va a salir el tratamiento. Muchas veces es gente que no puede pagar, así que...".

"No cobrás", le digo. "En general no, porque las obras sociales -salvo las oficiales, que dan algunas prestaciones-no tienen en su cobertura atender discapacidad. Hago esto porque es mi vocación, pero vivo de mi trabajo como docente en la Escuela de Ciegos (ahora estoy en comisión de servicio en la Dirección de Discapacidad); y de mi gimnasio. Lo tiene que ver con la necesidad que siento de ayudar", confiesa.

"Un gran tipo"

Después conversé con gente que lo conoce. "Puedo decir que es una persona llena de luz. Cuando era más chico era travieso y peleábamos bastante, pero ahora es un apasionado de lo que hace y realmente siento admiración por él". Que esto lo diga su hermana Verónica podría parecer de Perogrullo; pero que además lo expresen sus colegas, y otras personas que lo conocen, habla de su personalidad: "Es un crítico de todo, pero empezando por lo que él mismo hace. Hay que decir que es un gran tipo, y no hay un calificativo mejor para una persona, ¿no te parece?", define uno de ellos.

"Tengo los defectos que cada uno puede tener, pero me considero -más allá de lo profesional- un tipo leal, que detesta la mentira, no transo con ello. Te digo algo: puedo perdonar una infidelidad, pero no una mentira...", admite.

Disfrutar la vida.

Despierta admiración verlo trabajar a Germán, acercarse a cada chico y volcar en cada gesto conocimientos, afecto y comprensión. Y además una buena dosis de coraje, me digo. "Pasa por tener sentido común, por tratar de ponerse en el lugar del otro... alguna vez llegué a ponerme una venda en los ojos y salí a caminar por el barrio con un bastón, para saber qué experimenta un ciego y poder trabajar mejor con ellos. Pero yo tenía una ventaja, tenía el recuerdo visual y más o menos así se puede saber dónde estás caminando; pero alguien que no vio nunca no tiene ninguna referencia", especifica.

En el final dice que aprendió a valorar el verdadero sentido de la vida. "Disfruto de todo: mis hijos, mi esposa, el patio de mi casa, la pileta, mi trabajo, una charla... esta misma semana salí a comprar algo y me encontré con un señor con un bastón que tenía dificultades de visión: una hora y media charlé con el hombre, mientras me esperaban en casa. Y lo disfruté...". Un hombre con sentido crítico, un laburante apasionado, una persona simple. Y sobre todo "un buen tipo". ¿Qué más?

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