Asiste a 480 chicos y un grupo lo ocupó ayer de madrugada. Otro intentó recuperarlo, chocó con la Policía y hubo siete heridos. Anoche, los ocupantes fueron desalojados.
Los enfrentamientos terminaron con siete heridos, entre ellos dos policías y el chofer de una ambulancia. Alberto Crescenti, director del SAME, le informó a Clarín: “Atendimos a una mujer y tres hombres, uno con traumatismo de cráneo grave que fue derivado al Tornú. Un chofer de ambulancia de ese hospital también fue atacado, y el vehículo sufrió destrozos. Además, fueron derivados dos policías”.
Los incidentes ocurrieron en el comedor La Esperanza, que desde hace una década asiste a unos 480 chicos.
Queda dentro del asentamiento que se formó en el playón ferroviario ubicado en la calle Fraga entre Teodoro García y Céspedes, detrás de la estación Federico Lacroze, la terminal del tren Urquiza. Es un asentamiento que creció aceleradamente: en 2001 había apenas algunas casillas de operarios del ferrocarril, pero actualmente viven más de 5.000 personas, en edificios muy precarios que alcanzan los cinco pisos.
Estela Santillán, una de las militantes de la CCC que trabaja en el comedor, contó: “Los primeros cinco años cocinábamos a leña, y recién después empezó a llegar algo más que fideos y tomates. El Gobierno de la Nación nos manda 400 raciones por día, pero las estiramos para que coman 480 chicos. Hace dos noches que no duermo, nos quedábamos cuidando el lugar porque esto se veía venir ”.
Es que la disputa territorial cada vez es más fuerte en el asentamiento, que está colapsado. En la madrugada de ayer, un grupo de unas 25 personas irrumpió en el lugar y echó por la fuerza a la gente que lo custodiaba. En el choque, destrozaron o se robaron las tres cocinas, tres garrafas y el freezer que se usaban para la comida.
Tras eso, hubo otro enfrentamiento a las 10 de la mañana, hasta que llegó la Policía y formó un cordón para separar a los ocupas del resto. Pero pasadas las 18 llegó la Guardia de Infantería con unos 40 efectivos para reforzar la vigilancia, lo que irritó a quienes pedían la liberación del predio. Entonces se desató la violencia: volaron piedras hacia todos lados, hubo palazos y golpes, con gente que corría entre los pasillos de la villa. Además, la calle terminó cortada por una protesta.
Las diferentes versiones sobre el conflicto se mantuvieron durante todo el día. “Se metieron tipos que tienen que ver con la droga, es una disputa territorial. Están en la joda, agarran pobres y los ponen como escudos, nos quieren expulsar”, aseguró Luciano Nardulli, el Tano, uno de los referentes de la CCC en el lugar. Otro de los militantes de la organización, Marcelo Campos, agregó que “el problema viene de antes, son peruanos que venden falopa y los desalojaron hace poco de la calle Charlone. Se metieron a la 1.30 y sacaron a los golpes a la gente que cuidaba el galpón”.
Otros vecinos afirmaban que el objetivo era quedarse con el predio para subdividirlo y alquilar las piezas precarias, e incluso señalaban que había gente que ya tenía otras propiedades en la zona.
En cambio, otras personas tenían una visión más contemplativa. Una mujer que no quiso dar su nombre por miedo, aseguró: “No son transas, es gente que ya vive en el barrio, que se cansó de pagar alquileres y que quieren un lugar propio. El galpón es grande, puede haber lugar para ellos”. Otro vecino, que tampoco quiso identificarse, coincidió con que el predio tiene suficiente lugar, y se quejó de que “a veces vemos salir a la gente del comedor llevándose comida para otro lado”. En tanto, fuentes policiales, e incluso voceros del Ministerio de Seguridad nacional, negaron que se tratara de una banda de narcos, sino que era “gente en situación de calle”.
La calma volvió cerca de las 21, cuando el comedor comunitario fue recuperado. En declaraciones a TN, el secretario de Seguridad, Sergio Berni, afirmó que el operativo de desalojo se desarrolló “en paz”.

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