La violencia contra niños y niñas ocurre a gran escala

La violencia contra niños y niñas ocurre a gran escala
El espacio dominical de la Asociación Coe Tí en diarioépoca.com hace referencia a un grave problema. “Los niños y niñas, como personas, deben recibir el mismo grado de protección que los adultos”, aseguran.

Las formas extremas de violencia contra los niños y niñas –como la explotación sexual y la trata, la mutilación genital femenina, las peores formas de trabajo infantil y el efecto de los con?ictos armados– han provocado un clamor internacional y generado una condena unánime, aunque no hay soluciones rápidas para este problema.

Además, muchos niños y niñas son expuestos habitualmente a violencia física, sexual y psicológica en el hogar y la escuela, en instituciones de protección y judiciales, en los lugares donde trabajan y en sus comunidades. Gran parte de la violencia contra los niños y niñas sigue siendo legal, autorizada por el Estado y consentida por la sociedad.

Los parlamentos y los parlamentarios tienen el poder de llamar la atención tan necesaria hacia el efecto devastador de la violencia contra los niños y niñas. Mediante campañas de promoción, legislación y consultas focalizadas, los parlamentarios también pueden lograr un rápido progreso hacia la eliminación de la violencia contra los niños y niñas.

Los niños y niñas pueden padecer violencia en cualquiera de los ámbitos en los que transcurre su infancia: en el hogar y la familia, en la escuela, en los sistemas de protección y de justicia, en el lugar de trabajo y en la comunidad. La exposición a la violencia en un ámbito puede agravarse con la exposición en otro ámbito. Los niños y niñas víctimas de trabajo forzoso o en condiciones de servidumbre, explotación sexual comercial, pornografía y trata son especialmente vulnerables.

MENSAJE CLAVE: “Los niños y niñas han sufrido durante siglos la violencia de los adultos sin ser vistos ni oídos. Ahora que la escala y los efectos de la violencia contra los niños y niñas comienzan a ser visibles, no se puede permitir que los niños y niñas sigan esperando la protección e?caz a la que tienen un derecho incuestionable” (Del Informe Mundial sobre la Violencia contra los Niños y niñas).

LA VIOLENCIA CONTRA LOS NIÑOS Y NIÑAS ES POCO DENUNCIADA

Solo una pequeña proporción de todos los actos de violencia contra los niños y niñas se denuncia e investiga, y pocos perpetradores son llevados a juicio. La violencia es poco denunciada por varios motivos. En primer lugar, los niños y niñas muy pequeños no tienen la capacidad de denunciar la violencia. Además, los niños y niñas muchas veces temen una represalia de los perpetradores o la intervención de las autoridades, ya que ambas pueden agravar su situación general. A veces, los propios padres son perpetradores de violencia contra los niños y niñas o guardan silencio cuando otros miembros de la familia o miembros poderosos de la comunidad o la sociedad cometen violencia contra los niños y niñas. La violencia que implica la muerte de un niño puede no identi?carse como factor determinante si esa muerte no se investiga su?cientemente.

Muchos gobiernos carecen de sistemas adecuados para el registro de todos los nacimientos, lo que deja a muchos recién nacidos y niños y niñas pequeños sin la protección de una identidad formal. Asimismo, la falta de registro de todos los matrimonios di?culta la identi?cación de los matrimonios prematuros y forzados. Pocos gobiernos registran regularmente el internamiento de niños y niñas en instituciones de protección o de detención, y aun menos denuncian y registran incidentes de violencia en estos ámbitos.

Sin embargo, la aceptación social y legal persistente de algunas formas de violencia contra los niños y niñas es un factor que con demasiada frecuencia hace que la violencia pase inadvertida o no sea denunciada. Esta aceptación provoca que los niños y niñas, junto con los perpetradores de violencia y el público en general, admitan cierto grado de violencia física, sexual y psicológica como parte inevitable de la infancia. El castigo físico y otras formas de castigos crueles o degradantes, el acoso escolar, el acoso sexual y una variedad de prácticas tradicionales violentas pueden ser percibidos como normales, en particular si no provocan lesiones físicas duraderas.

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