El oficialismo busca derrotar al dirigente opositor en Miranda para neutralizar sus posibilidades en caso de que haya nuevos comicios presidenciales
Por Daniel Lozano |
CARACAS.- El "avance favorable" de la salud de Hugo Chávez se sigue "consolidando", aseguró ayer el vicepresidente Nicolás Maduro, durante un acto religioso en la primera mezquita musulmana de Venezuela, a la que acudió a recibir un "baño de amor".
Sus palabras sirvieron para contener ayer los rumores sobre la muerte del mandatario, que nuevamente falsos pitonisos hicieron circular en redes sociales.
La información oficial no desmintió al periodista Nelson Bocaranda, que coincide con el gobierno en que la situación del enfermo se mantiene estable. Pero, además, añade detalles del postoperatorio desconocidos hasta ahora: "El paciente continúa bajo sedación. Tuvo una leve complicación respiratoria, que se atendió rápidamente. La extremidad inferior izquierda se ha visto afectada, pues no registra sensación en la misma".
Mientras el presidente lucha en La Habana por su vida, Caracas "se balancea de incertidumbre en incertidumbre", como señaló el escritor Leonardo Padrón. La capital venezolana vive horas de zozobra, pero lo hace a mil por hora, mezclando preparativos para la Navidad y dejando atrás una campaña que pasó de puntillas por todo el país. Y en medio de tal maremágnum, oraciones, muchas oraciones.
"Esta revolución espiritual y de amor desatada en el país y en el mundo para que el comandante Chávez" supere la cuarta operación contra el cáncer "nunca se había visto en la historia de la humanidad. Nos llena de emoción saber que el comandante genera estas pasiones de amor. Sabemos que Dios nos ha escuchado".
Estas palabras no son de un telepredicador evangélico. Tampoco de un poeta de la revolución. Pertenecen a Nicolás Maduro, el nuevo hombre fuerte del país, quien ayer encabezó por primera vez un consejo de ministros. Un político poco dotado para los discursos, que durante parte de su vida abrazó el pensamiento marxista y que hoy aplaude y empuja el fervor religioso y el "milagro del amor" que envuelve al chavismo.
Ya sea de forma espontánea o promovido por el oficialismo, la vigilia permanente y el culto al líder se han convertido en las principales bazas del PSUV de cara a las elecciones regionales de mañana.
"El mejor regalo para la patria y para la salud de nuestro comandante Chávez es salir a votar todos por los candidatos de la revolución", animó Jorge Arreaza, ministro de Ciencia y yerno del presidente. "Es una verdad absoluta", escribió más tarde en su Twitter. La propaganda oficialista expone que esta gran vigilia tiene como objeto "dar apoyo espiritual" al enfermo, pero tampoco oculta su segundo objetivo: que crezca la llamada "ola roja" electoral.
"Son momentos para que todos nos mantengamos en oración y acción", recordó Jorge Rodríguez, jefe de campaña del chavismo. Un documento filtrado desde el oficialismo confirmó su apuesta por "asumir la tristeza como forma de lucha".
"Las elecciones nada tienen que ver con la salud del presidente -insistió el líder opositor Henrique Capriles, candidato a gobernador del crucial estado de Miranda-. A ellos no les interesa el pueblo, lo único que quieren es vencerme a mí."
El ex candidato presidencial sabe que se encuentra en el centro de la diana de la revolución, que llenó Miranda de panfletos con un mensaje: "Elías Jaua [el candidato oficialista], una victoria para Chávez".
Un triunfo que tendría como mayor beneficiado a Maduro, en el caso de llegarse a unas posibles elecciones presidenciales en 2013 si Chávez no asume. En la mayoría de las encuestas, realizadas hace meses, Capriles derrotaba a Maduro.
Quien no recibió ninguna muestra de amor revolucionario fue Barack Obama, pese al día tan aciago vivido ayer. "El gobierno rechaza de la manera más tajante las declaraciones indignantes" del presidente de Estados Unidos, señaló en un comunicado.
El pecado de Obama fue recordar que "el futuro de Venezuela debería estar en manos de los venezolanos", además de criticar las políticas "autoritarias y de represión con la disidencia". A la postre, el debut del "moderado" Maduro se saldó con una respuesta tan visceral que parecía obra del propio Chávez..





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