Esta semana se inició un proceso inédito al ex líder egipcio. Juzgado en su país, es un hecho que impacta en todo el mundo árabe. Un fenómeno sólo comparable con la Argentina del ’85.
El pueblo egipcio le perdió el miedo a su antiguo verdugo y lo sentó en el banquillo de los acusados. Mubarak, enjaulado ante los magistrados, representa un hecho inédito en el mundo árabe, de un impacto psicológico equiparable al que tuvieron las condenas a Jorge Rafael Videla y los demás represores en la Argentina. Es cierto que hay diferencias entre ambos procesos. La principal: al rais egipcio lo juzga un tribunal bajo el mando de militares que hace seis meses estaban a sus órdenes. Pero, en sustancia, el resultado es el mismo: un dictador caído en desgracia será castigado donde fue amo y señor. Y esa realidad puede, eventualmente, ser ejemplo regional.
“El paralelo que se puede establecer entre ambas circunstancias históricas es que se juzgará en el propio país a quien había ejercido la suma del poder público. La diferencia es que, en el juicio a las juntas en la Argentina, nosotros aplicamos un Código Penal con décadas de vigencia. En Egipto aún no está claro cuál será el desarrollo jurídico”, dijo a PERFIL Julio César Strassera, ex fiscal que condujo la acusación contra los militares en 1985. “De todas formas, el juicio a Mubarak tiene su relevancia en el plano social y puede marcar un precedente en una región convulsionada.”
El antecedente más inmediato y significativo de un “juicio” a un ex dictador es el de Saddam Hussein. Pero el iraquí no fue condenado por la Justicia de su país, sino por una potencia vencedora, Estados Unidos, que lo mandó a la horca. Zine el Abidine Ben Ali, quien se fugó a Arabia Saudita, también está siendo procesado por la Justicia de Túnez. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en Egipto, las familias tunecinas no pueden reunirse frente al televisor para ver las audiencias, ya que a Ben Ali se lo juzga en rebeldía y ausencia. Por contraste, eso resalta una similitud significativa entre Mubarak y los militares argentinos: luego de su salida del poder, permanecieron en el país seguros de sí mismos en vez de marchar al exilio.
“El simbolismo del día del juicio a Mubarak, seguido en vivo por decenas de millones de personas, convirtió al episodio en uno de los acontecimientos más viscerales jamás vistos en la región”, describió The New York Times. “El aura de su poder se volvió mundana y Mubarak, con la mirada desdeñosa, recibió su castigo. Fue una lección indeleble para Egipto y el mundo árabe sobre la humillación al poder”, agregó el influyente diario estadounidense.
El periódico El País de España también destacó las “inconmesurables consecuencias” que tendrá el juicio, “no tanto por los efectos políticos inmediatos –previsiblemente poco relevantes– sino por los que provocará en la mentalidad de tantos magrebíes y pobladores de Oriente Próximo que consideraban a sus dirigentes casi intocables, como si formaran una casta”.
Saida Hasan Abdul Rauf, madre de un joven de 22 años asesinado por los battagi del régimen durante las manifestaciones en El Cairo, comentó a la prensa en las puertas de los tribunales: “Estoy encantada de verlo en una jaula. Creo que el alma de mi hijo comienza a descansar y que su sangre se enfriará”. Difícil no remitirse a Hebe de Bonafini, Madre de Plaza de Mayo, diciendo: “Les prometimos a los hijos que no los íbamos a abandonar y no lo hemos hecho. Les prometimos que no iba a haber un solo militar que pudiera salir a la calle a poner un cartel o una foto, y no han podido”.
Del mismo modo que la única respuesta de Mubarak a los jueces: “Niego completamente todas las acusaciones”, recuerda a Videla afirmando sin inmutarse: “La responsabilidad no era de la junta militar”.

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