Vidal, entre la formación de cuadros, la advertencia a Milei y el futuro del PRO

Vidal, entre la formación de cuadros, la advertencia a Milei y el futuro del PRO

Alejada de la función pública, María Eugenia Vidal combina la formación de cuadros y el perfil propio para diferenciar al PRO de La Libertad Avanza. A través de la Fundación Pensar, advierte sobre los riesgos del modelo libertario y el impacto de la crisis en los sectores medios.

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Carla Pelliza

Desde que dejó su banca en la Cámara de Diputados el 10 de diciembre, María Eugenia Vidal decidió volcarse al mundo privado convencida de que no hace falta ocupar un cargo público para hacer política. Bajo esa premisa, la exgobernadora se concentró no solo en hacer crecer su propio emprendimiento , sino en formar dirigentes del PRO que posibiliten la renovación y en caminar el territorio, una actividad que nunca abandonó. Las entrevistas en medios de comunicación no son moneda corriente , pero le sirven, junto a los posteos en las redes sociales, para marcar un perfil propio y diferenciar a su partido de La Libertad Avanza. Se trata de un perfil compartido , aunque no por todos, ya que no faltan las voces que prefieren acercarse más a la identidad violeta antes que marcar distancias. Desde y con datos de la Fundación Pensar , la referente del macrismo puso el ojo en la microeconomía , revelando lo que Mauricio Macri ya viene planteando hace meses: la estabilidad macro no se siente como una mejora en el nivel de vida , lo que genera peligros para Javier Milei.

 

Este año, la Fundación Pensar volvió a lanzar un ciclo de formación política del que ya participaron jóvenes que hoy trabajan activamente dentro del PRO. En 2026, 50 estudiantes de 20 provincias participan del programa de formación en liderazgo que cuenta con el apoyo de las universidades Di Tella, San Andrés y Austral. Es un proyecto que en la primera parte del año abordó ejes como macroeconomía, política internacional e inteligencia artificial con testimonios de especialistas y referentes de cada área.

 

Para Vidal, según analizó en una entrevista con Luis Novaresio, “llama mucho la atención que desde hace tres años el debate es qué va a pasar con el PRO , pero todo el tiempo están hablando del PRO” , por lo que el partido “sigue teniendo protagonismo” pese a que cambió su lugar con la irrupción de Milei y se enfrentó al desafío de “entender que había algo más importante que el PRO o la propia LLA: que el cambio de verdad esta vez funcione y no vuelva atrás”.

Por eso, la renovación aparece como un aspecto central en esta etapa del partido amarillo y el proceso no está exento de contradicciones. Un dirigente describió a Vidal como parte de un “PRO residual” , aunque le asignó un rol clave para esta nueva etapa. Otra militante, hoy un poco alejada del verticalismo tradicional, destacó su frustración cuando, en Mar del Plata, Mauricio Macri habló de renovación y presentó a María Eugenia. En ese camino de desencanto, incluso se marcó que la exgobernadora ya no mide bien en la Ciudad.

Desde la elección del año pasado, Vidal mostró un perfil muy crítico de la gestión de Javier Milei, expresándose sobre todo en los informes de Pensar. En las últimas horas, la Fundación sacó un último documento centrado en describir una sociedad partida donde la mejora macroeconómica no se traduce en un bienestar social homogéneo, con un sector bajo en el que la Asignación Universal por Hijo actúa como una red de contención. De hecho, el documento sostiene que el programa se duplicó en términos reales y los beneficiarios aumentaron en casi 100.000, una política social valorada por la propia Vidal. En esa heterogeneidad aparece la clase media baja, foco de las preocupaciones del texto y de la exgobernadora por tratarse de un sector que no accede a la AUH pero tampoco tiene espalda financiera para hacerle frente a la crisis, y que no solo compara su situación actual con el mal pasar de la crisis de ingresos de 2024 sino con una vida aspiracional. Se trata de una situación diferente a la de la clase media formal, identificada como un segmento que puede esperar y que le encuentra lógica al modelo libertario, o a la de la clase alta, mucho más cómoda frente al escenario presente.

 

 

Los sectores bajos son los que en mayor proporción sostienen que no pueden esperar, evalúan de forma desfavorable la gestión o no manejan grandes expectativas positivas a futuro, los que advierten que no les alcanza el sueldo o que resignaron consumos y que piensan en votar por un cambio de gestión el año que viene. Es una percepción distinta a la de la clase alta, que es la que más esperanza siente, maneja mayores niveles de expectativas, evalúa de forma favorable el desempeño del gobierno y no apuesta por un cambio de rumbo en 2027.

En cuanto al análisis etario, los jóvenes son los que mantienen una alta adhesión pese a ser uno de los grupos más vulnerados, sufrir un elevado nivel de pobreza y un desempleo que casi duplica el promedio general. Los adultos activos son señalados como los que sostienen el ajuste con la administración doméstica y el pluriempleo, mientras que los jubilados son el mayor costo moral de la gestión porque su poder adquisitivo está por el piso, no pueden esperar y sus gastos no son aspiracionales sino vitales.

 

 

En estos segmentos, los jóvenes de 16 a 29 años son los que manejan mejores indicadores respecto de la administración libertaria. Son los que más esperanza sienten, los que manejan expectativas más optimistas, los que en menor medida resignaron consumos y no comparten la idea de votar por un cambio de gestión, a diferencia de los mayores de 60 años que se muestran más proclives a elegir otra opción en las urnas, o los adultos de más de 30 años a los que no les alcanza el sueldo y tuvieron que dejar de comprar productos para llegar a fin de mes. Esta última es una lectura muy similar a la de quienes están en edad jubilatoria.

A nivel regional, la Ciudad de Buenos Aires aparece con un costo de vida elevado que presiona a los sectores medios, el conurbano figura con una pobreza por encima del promedio general y el interior se muestra más cómodo con la gestión violeta empujado por el agro, la energía y la minería. Estos últimos son los que más esperanza sienten o evalúan la administración de manera más favorable. Son los que también rechazan en mayor medida votar por otra opción en 2027 y los que menos admiten haber postergado consumos o no llegar a fin de mes; tampoco son los que tienen más miedo a perder el empleo y piensan en mayor medida que “lo peor ya pasó”. Por el contrario, los aspectos más críticos se concentran en la CABA, donde el 71% manifiesta que elegirá un cambio de rumbo el año que viene o que, en casi un 50%, ve sus ingresos comprometidos.

 

 

Todos estos aspectos se complementan con un dato que la Fundación Pensar señala como preocupante: el nivel de endeudamiento en situación de récord histórico con préstamos a corto plazo para cubrir gastos cotidianos y llegar a fin de mes, pero no para construir futuro. Es un escenario que el informe completa con el crecimiento del trabajo informal y el estancamiento del formal, la desprotección y el peso de los costos fijos de los monotributistas, y una caída salarial muy marcada de los empleados públicos.

 

 

Estos contrastes le permiten a la Fundación Pensar definir cuáles son los grupos más riesgosos para Javier Milei: la mayoría. Solo los sectores altos y el interior productivo reflejan un riesgo bajo para la gestión actual. Son grupos que destacan el orden, la previsibilidad, las oportunidades o una menor intervención pero que reclaman estabilidad cambiaria o infraestructura y competitividad. La clase media formal aparece en un nivel de riesgo medio, con la ponderación de la baja de la inflación pero la necesidad de mejorar el consumo o bajar impuestos. Se ubica en un nivel similar al de los jóvenes, que se abrazan al discurso de futuro pero esperan poder conseguir independencia y trabajo.

Ya en un nivel de riesgo alto aparecen la clase media baja o los sectores vulnerables, que reclaman aspectos básicos como poder llegar a fin de mes, trabajo o comida; los informales, monotributistas y empleados públicos, que también esperan mayor empleo, estabilidad y protección. Y en un riesgo muy alto se ubican los jubilados o el conurbano bonaerense debido a haberes insuficientes y problemas en trabajo, transporte y consumo.

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