El intendente de La Plata, Pablo Bruera, basó una buena parte de sus últimos movimientos políticos para instalar la necesidad de una policía comunal.
Ayer, en el tradicional diario platense, el alcalde local desempolvó el reclamo a la Provincia, con fuertes críticas, incluso, al accionar de la Policía bonaerense, a la que acusó directamente de ‘inepta’ para prevenir el delito, alegando ‘desconocer’ la ciudad, trazada de diagonales.
Pero además de su deseo de tener exclusividad en el manejo de la fuerza de coerción del distrito que gobierna, la insistencia de Bruera en el asunto radicaría en que de concretarse este proyecto, en La Plata la policía podría ser encabezada por Luis Lugones, mostrado ahora como la espada bruerista contra la inseguridad.
Además de ser el vicepresidente del PJ platense, Lugones es el tío de los hermanos Bruera, con quien si bien desde hace años conservan un fuerte acuerdo político, todavía tienen una deuda que pretenden saldar.
La “deuda” se remonta a 15 años atrás: pese a que en 1991 y 1995, los hermanos Bruera apoyaron la postulación de Lugones contra Julio Alak, en 1996 le dieron la espalda a su tío y cerraron un acuerdo con su máximo rival, el entonces intendente y ahora ministro de Justicia de la Nación. Por ese acuerdo, Gabriel Bruera llegaría a la presidencia de la Juventud Peronista local y su hermano Pablo obtendría, un año después, la presidencia del bloque de concejales del alakismo.
En 1998, cuando por entonces Lugones era el interventor de la Policía Bonaerense –de ahí la “chapa” que le endilgan para conducir la fuerza en La Plata-, recibía frecuentemente los cruces de los hermanos Bruera, que ya ni siquiera le hablaban.
Cuando en 2003 Bruera rompió con Alak, retomó de a poco el diálogo político con su tío y para empezar a compensar la traición de la década anterior, Bruera cerró un acuerdo en noviembre de 2008 con todo el peronismo local, que con una lista única designó a Lugones como el vicepresidente del partido.
Además, el oficialismo platense le dio un lugar de preponderancia a otra integrante de la familia de Lugones, Valeria Amendolara, que se convirtió en la presidenta del bloque de concejales brueristas tras las elecciones de 2009, pese a no haber llegado sin ninguna experiencia en el Concejo.
Esa movida casi le costó a Bruera una ruptura en su propio bloque, que finalmente logró evitar enviando al freezer a su concejal más combativa, Teresa Razzari, que hoy por hoy trabaja en el Ejecutivo con un perfil mucho más bajo.
Ese sería, sospechan los entendidos de la política local y del derrotero de quienes la practican, el verdadero motor que impulsa el desenfrenado reclamo de Pablo Bruera para tener su propia fuerza, aún cuando –se sabe- financiarla significaría una empresa complicada en términos del financiamiento, para las alicaídas arcas municipales.




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