El valor de la solidaridad y la integración

Chicos de diferentes ciudades, junto a profesores y delegados llegaron a Santa Rosa. En el marco de la propuesta de la ONG Nuevas Olimpíadas Especiales Argentina disfrutaron de un encuentro particular.

Llegué al Estadio Municipal el pasado martes y me sorprendió la actividad, el despliegue multicolor y una gran cantidad de jovencitos -poco más que chicos- que esperaban sólo que la pelota empezara a rodar. Iba a comenzar un torneo de fútbol, pero por cierto muy particular. Pero no era el fútbol -que si bien me gusta, y mucho- lo que más llamó mi atención en ese momento. Era otra cosa, era el ambiente contagioso, era la alegría desbordante de esos pibes que, simplemente, esperaban disfrutar de días muy particulares.

Iban y venían por fuera de la cancha principal, subían los escalones de la tribuna, y caminaban por la pista de atletismo que rodea el escenario... Algunos descendían de los micros con tamboriles e improvisaban batucadas, cantando y bailando; en tanto otros ayudaban a sus profesores a bajar bultos, y los más "concentrados" en lo que vendría parecían ensimismados pensando cómo les iría, en qué posición los harían jugar, y cuántos goles iban a meter. Había que prestar bastante atención para caer en la cuenta de que se trataba de pibes especiales, de deportistas especiales.

La fiesta en la Cancha Centenario.

Por un momento advertí tanta emoción, tanto júbilo, tanta expectativa, que no pude menos que reflexionar sobre lo que estaba aconteciendo. Un grupo de personas mayores organizaba los últimos detalles, y los profes ordenaban a sus planteles para que la fiesta, al fin, pudiera empezar.

Es que iba a ponerse en marcha, en la vieja y querida "cancha Centenario", el Torneo Nacional de Fútbol 5 La Pampa 2012, destinado a deportistas con discapacidad intelectual. Un total de 16 delegaciones, con unos 150 jóvenes de todo el país, tomaban parte de la competencia. Habrían de participar delegaciones de San Luis, Santiago del Estero, Rosario, San Isidro, Balcarce, Tucumán, Río Cuarto, La Matanza, Bragado, Mar del Plata, Cipolletti, IDTD de Capital Federal, Malvinas y San Miguel, que se sumaban a las dos equipos locales de la Peña Boquense y la Liga de La Pampa (conformada por jóvenes de General Pico y la propia peña).

Protagonistas.

Entre tantos chicos-jugadores pude advertir a varios que conozco, aunque más no sea de vista. Puse atención principalmente en Juan Pablo Godoy -conozco a buena parte de su familia-, el pibe que cada domingo que All Boys es local sabe entrar a la cancha con el primer equipo auriazul. Juan Pablo es un chico divertido, que siente enorme pasión por el fútbol, y que suele entretenerse haciendo jueguito en los entretiempos de los partidos. Le gusta exhibir su habilidad frente a la platea y acompañar a los jugadores cuando ingresan al campo de juego. Pero ahora es distinto, porque el protagonista habrá de ser él: "Tres goles voy a meter hoy", promete mientras se acomoda una vincha en la frente, más para "hacer facha" que porque la precise para evitar que el pelo se le vaya sobre los ojos.

Pero hay otro adolescente que también merece mi atención. A éste sí que lo tengo, me digo.

Ustedes también lo deben conocer: suele andar por el centro de la ciudad con los auriculares permanentemente colocados en sus oídos, y muchas veces lo habrán visto contonearse en un baile frenético ante la mirada cómplice de la gente. Sí, es Aníbal. Un personaje, a su manera.

Pero Aníbal Vendermey (22), que ese es su apellido, aunque esté vestido de corto no habrá de disputar el torneo. ¿Y entonces? Tímidamente cuenta que será árbitro del campeonato...

Arbitro y bailarín.

"Sí, él va a arbitrar, y la verdad es que lo hace muy bien. Conoce perfectamente el reglamento y puede hacerlo", cuenta Luis Videla, de la Agrupación Culturalista de Árbitros Santarroseños. Aníbal camina por la pista de atletismo -siempre con los auriculares puestos-, se acerca a alguna chica y parece dedicarle una frase; la piba se ríe, y él también. De pronto se menea, y baila, sin prejuicios, feliz... Parece un chico, aunque va camino a dejar de serlo.

Algunos que lo conocen desde que comenzó en el referato cuentan alguna pequeña historia de sus inicios. "Al principio sabía distraerse un poco, pero eso cambió", me dice alguien. Dicen que en un encuentro de fútbol infantil, mientras la pelota estaba cerca de uno de los arcos, Aníbal estaba muy ocupado con un adminículo en la mitad de la cancha: "estaba contestando un mensaje con su celular...", ríe con ganas el que recuerda la escena. "Habrá sido al principio, porque después entendió que tiene que estar bien concentrado, y ahora es uno de los mejores", lo "defiende" Sergio Manazzi.

De Ríver en Peña Boquense.

Manazzi es el profe que siendo de Ríver es uno de los que más trabaja en la Peña Boquense. Refiere que en la Liga de Fútbol para chicos con discapacidad intelectual, dirigen "los profes, pero sin dudas Aníbal es hoy el mejor. Tiene muy buen trato con los chicos, le hacen caso y se lo toma muy en serio", reafirma.

Y tan es así que Aníbal, en su bolso, dispone de vestimenta de árbitros de todos los colores. Ya no el aburrido negro que los caracterizarlos, sino que aparecerán remeras amarillas, verdes y rojas, para estar a tono con estas épocas.

Cristian Garro, integrante del equipo del CET Solar (Centro Educativo Terapéutico), narra que el chico Vandermey hace tres meses que concurre; y que va dos veces va a la Peña Boquense donde se hacen actividades deportivas.

La actividad para chicos con discapacidad intelectual está dirigida también a algunas chicas, y no sólo se reduce al fútbol, sino que también hay hóckey y básquet, y se está comenzando con natación en el Club Médanos Verdes. Alternativas que resultan valiosas por su carácter de integradoras, pero además para el entorno de los chicos, que sabe que hay lugares donde se los contiene y se les brinda afecto y comprensión más allá del ámbito más cercano.

Garro es uno de los que menos le festeja a Aníbal su faceta de bailarín. "Tratamos de aconsejarlo para que no ande bailando por la calle, porque algunos le festejan eso y les provoca alguna risa. Nosotros pretendemos que lo conozcan por las otras facetas en que se desempeña y en las que puede resultar valioso", aconseja.

Testeo y paridad.

Manazzi explica que el torneo tiene características particulares. Porque si bien intervienen distintas delegaciones, termina siendo un "encuentro donde lo más importante es la integración, el intercambio: el primer día se hace un testeo para observar el nivel de cada chico y se van formando distintos equipos; y los pibes al final terminan juntándose con otros que a lo mejor no son ni de su misma provincia. Eso permite que la competencia sea más pareja, y se genera una ida y vuelta muy lindo que al final es lo más importante del encuentro", reflexiona.

Y es fácil advertirlo en el acto que pone cierre al encuentro. Se ven sonrisas aquí y allá, abrazos, aplausos para todos los que colaboraron, que no fueron pocos... es una fiesta, sí, en la que lo que menos importa es quién ganó. Casi como para que quienes tienen la responsabilidad de hacer fútbol competitivo, sobre todo en niveles formativos, se den cuenta cuál debiera ser el verdadero sentido: la integración, el respeto, la igualdad. Que se pueda comprender que la competitividad se debe guardar para cuando la etapa de la niñez -y aún de la primera adolescencia- haya pasado. Sí, un ejemplo.

Un encuentro integrador que deja para reflexionar, incluso sobre el sentido de la solidaridad, un bien tantas veces escaso en esta sociedad donde lo del otro suele importar poco, donde todo sabe ser urgencia, y en la que todo el día se corre aunque no se sepa muy bien hacia dónde se está yendo.

La solidaridad, el ejemplo.

Y vaya si este torneo tuvo cosas para mostrar. Porque junto a los profes que hacen lo que hacen -en parte porque es su trabajo, pero sobre todo porque se sienten comprometidos personalmente-, podían verse grupos de voluntarios que iban más allá de realizar determinada actividad, sino que aportaban afecto, comprensión y muchas ganas de ayudar.

Como quedó dicho, el certamen era organizado por la Peña Boquense de Santa Rosa, con el apoyo de la municipalidad local y el gobierno provincial, y colaboraron voluntarios del Club Leo Santa Rosa, el grupo de adolescentes de la Iglesia Bautista y el oratorio Domingo Savio.

Un encuentro que duró cuatro días, que quizás no tuvo toda la difusión que hubiera merecido, y que al cabo resultó una hermosa herramienta integradora y una experiencia que, sin dudas, valdrá la pena repetir. Que así sea.

Aníbal, el mejor árbitro de infantiles

Aníbal es un personaje querible, que muchas veces despierta una sonrisa de la gente. Porque tiene la costumbre de ir siempre escuchando música, y cuando le pinta una cumbia o un reggaetón no dudará en bailar ante la mirada asombrada de muchos. Él sólo seguirá en lo suyo, sin molestar a nadie, o en todo caso mirando al que mira para dejarle una sonrisa. Sólo eso.

Hace más o menos dos años Aníbal empezó a juntarse con un grupo de árbitros que entrenaban en el Estadio Municipal. "En realidad la mamá lo acercó a la asociación, porque el arbitraje y la música son sus grandes pasiones. Él tiene alguna dificultad para leer y escribir, así que los compañeros lo ayudan y le enseñan el reglamento en forma oral, y lo elemental para dirigir en infantiles lo tiene", confirmó Daniel Carro, presidente de la Agrupación de Árbitros.

Al principio Aníbal jugaba fútbol, pero lo que a él le gusta es dirigir. "Tiene muchas anécdotas", dice Carro. "Una vez en el Víctor Arriaga jugaba el Deportivo Mac Allister una final, y cuando le preguntamos quiénes habían hecho los goles -había finalizado 3 a 2- muy seguro contestó: 'el 2, el 5 el 9; y de los otros el 8 y el 7' Tiene muchísima memoria... Otra vez se jugaba una final de infantiles y los dos equipos pidieron que dirigiera él: cuando terminó todos fueron a saludarlo a Aníbal y a levantarlo en andas. ¿Sabés que casi nadie se enteró como salió el partido? Allí le entregamos el premio al mejor árbitro del fútbol infantil. ¿Si es tímido? Al principio, pero cuando toma confianza al final tenés que pararlo un poquito...", sonríe Daniel.

"¡Orsay, señorita...!"

Cuentan que han visto a Aníbal, en sus primeros tiempos cuando quería ser referí, que eran tales sus ganas de dirigir, que salía a la calle y en sus bolsillos llevaba siempre un silbato. Se sabe, Aníbal es piropeador y no hay chica que en la calle no reciba un requiebre. Pero al principio estaba tan entusiasmado con su nueva profesión que, ante una piba que le gustaba mucho no dudaba: "Prrriii!!! (sonido onomatopéyico, o más o menos). "¡Orsay, señorita. Está orsay!!!". Con ese silbatazo y esas palabras lograba su objetivo. Era probable que la niña se detuviera, y hasta le regalara una sonrisa.

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