La colocación de la Sabin durante la infancia permite lograr la inmunización y en los centros de salud están reforzando los controles. La especialista y docente de la Unne también destacó la necesidad de cuidar la higiene en el hogar para evitar los contagios.
Para analizar el escenario actual y conocer detalles acerca de las medidas de prevención contra la poliomielitis, El Litoral entrevistó a la pediatra especialista en infectología y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional del Nordeste, Silvia Edith Balbachán. La médica, que desde hace más de 6 años dirige el Centro de Atención Primaria de la Salud (Caps) IX del barrio 17 de Agosto, también contó cómo se empezó a trabajar en la promoción desde los distintos circuitos.
¿La cobertura de vacunación que se registra en Argentina es suficiente como para evitar un brote de poliomielitis?
“Tenemos muy buena cobertura en el país. Se estima que entre el 95 y el 97 por ciento de la población objetivo está cubierta. Eso significa que casi toda la población está protegida, porque es una vacuna oral que tiene efecto rebaño. Como se trata de un virus que se transmite por vía orofecal, se inmuniza más gente de la que en realidad está vacunada. Sin duda la vacunación es nuestra principal herramienta para evitar que regrese la poliomielitis”.
¿Corrientes también registra los mismos niveles de vacunación que el promedio nacional?
“Sí. Lo comprobamos porque particularmente desde el sistema de atención primaria se está trabajando desde hace varios años en el reforzamiento de la vacunación en niños a través de las escuelas. Tres veces al año vamos a cada una de las escuelas del área programática de nuestro Caps a controlar y reforzar los esquemas de los niños en edad escolar. En el caso de la Sabin, que es la vacuna que previene la poliomielitis, lo bueno es que está en el calendario de los niños más pequeños, que es cuando se logran los mejores índices de cobertura, porque es cuando los padres llevan con mayor frecuencia a los niños a los centros de salud. Es una vacuna que está totalmente instalada, la gente está familiarizada con el formato, que es oral. (N. de la R.: La vacuna está indicada a los 2, 4, 6 y 18 meses de vida, con un refuerzo entre los 5 y 6 años, antes del ingreso a la escuela primaria).
¿Persisten todavía algunos mitos respecto a la seguridad o la eficacia de ésta u otras vacunas entre la población de Corrientes?
“Tenemos una población que no se vacuna aún, pero es muy bajo el porcentaje. Lo que analizamos es que no tiene que ver mucho con la falta de confianza a las vacunas, si no más bien con la desidia de los padres. Hay otro mito que también permanece, que es el de que cuando el chico está engripado o con catarro no se tiene que vacunar. Eso no es así. Un niño menor de un año, por su crecimiento inmunológico, puede tener hasta 8 resfríos en un año. Si va a guardería, la cantidad puede ser mayor. Si no se colocan las dosis estos días, eso disminuye mucho las probabilidades de vacunación. En ese sentido los pediatras tratamos de no perder oportunidades y cuando el niño viene al centro de salud, aunque esté con algún síntoma, igual lo vacunamos. Hay que aprovechar las oportunidades de vacunación cada vez que hay un control”.
Después de adherirse al alerta de la Organización Mundial de la Salud por poliomielitis, desde el Ministerio de Salud de la Nación adelantaron que se va a lanzar una campaña especial de vacunación entre septiembre y octubre. ¿Recibieron información acerca de la metodología?
“Hasta ahora las normas indican que se debe reforzar el calendario a la edad que corresponda o para quien vaya a viajar a zonas endémicas, que en este caso serían Asia y Africa. Particularmente en el Caps ya iniciamos una nueva serie de visitas a las escuelas y guarderías para controlar los carnets de vacunas y empezar con la colocación en los casos en que sea necesario. Al tratarse de una vacuna que tenemos, lo hacemos mientras reforzamos el calendario normal. Después esperaremos nuevas directivas del Ministerio de Salud de la Nación a ver si se va a aumentar la aplicación a otras edades. Se estima que esta campaña podría consistir en una dosis extra para todos los menores de 5 años. Esto se haría para proteger al niño en caso de que alguna de las dosis que se le aplicó no haya sero-convertido. Hay que recordar que una cosa es la vacunación y otra cosa es la inmunización. Un niño puede recibir todas las dosis pero no formar anticuerpos por distintas causas. Puede ser porque estaba con las defensas bajas, no se cuidó la cadena de frío de la vacuna y perdió efectividad o mil razones más. Por eso siempre se dice que la vacuna tiene un 95% de eficacia”.
¿Argentina tiene alguna característica que implique mayor riesgo para un brote de poliomielitis?
“El riesgo es muy bajo, principalmente porque la cobertura es muy elevada y es un país que erradicó totalmente la poliomielitis. No hay casos desde 1984. Además, existe un sistema de vigilancia de las parálisis flácidas, que es uno de los principales síntomas de la poliomielitis. Entonces, todo paciente que consulta con esas características entra a un sistema de control que incluye todo tipo de análisis. En ese sistema no se reportó ningún caso de poliomielitis en 30 años.
Teniendo en cuenta que pasaron tres décadas sin atender casos de polio y muchos profesionales de la salud nunca han visto ni tratado esta enfermedad, ¿cómo se debe preparar al sistema para un posible brote?
“La poliomielitis forma parte del síndrome de las enfermedades neurológicas de parálisis flácidas. Es muy notable y tiene un cuadro muy típico que es fácil de identificar. Comienza con una gastroenteritis y después empiezan a darse las parálisis flácidas, que tienen una distribución particular. No toma todo un miembro, toma algunas neuronas motoras. Entonces, en un mismo miembro podemos ver algunos músculos afectados y otros no. Eso es muy típico, no hay otro cuadro que lo dé, así que en el caso de que ocurran casos, los equipos de salud están preparados y sabrán identificarlos y tratarlos”.
¿Cuál sería el impacto de un brote de poliomielitis en la población de Argentina? ¿Qué efectos podría causar?
“Causaría estragos para nuestro sistema de salud. Significaría un retroceso muy grande en materia sanitaria. Es una enfermedad complicada porque implica muchos gastos para el sistema de salud, principalmente en rehabilitación. Además, dependiendo de las partes del cuerpo que tome, es una enfermedad que puede causar compromiso respiratorio y provocar complicaciones que pueden llevar hasta la muerte, porque puede tomar músculos como el diafragma. Hubo chicos que fallecieron en los brotes por esta causa. Era una época en la que no había respiradores, entonces se usaba lo que se llamaba pulmotor”.
¿Corrientes tuvo grandes brotes de poliomielitis en décadas anteriores?
“Hubo casos. Fui una de las pacientes que padeció la enfermedad cuando tenía un año y 3 meses. No sabemos si fue a causa de un brote de virus salvaje o fue cuando se introdujo la vacuna, que las primeras eran inactivadas. Sé que hubo varios casos, aunque no muchos. En ese entonces se armó un grupo de familias con chicos que habían sido afectados por la enfermedad y se gestionó la llegada del kinesiólogo Marcos Gueller, porque en Corrientes no había kinesiólogo y teníamos que ir hasta Resistencia para hacer la rehabilitación, o bien a Buenos Aires. En cuanto a casos fatales, no hay registro. Habría que ver los boletines oficiales nacionales de aquella época, pero tampoco tenían una estadística como ahora”.
¿Qué otras medidas, además de la vacunación, ayudan a evitar la poliomielitis?
“Todo lo que tenga que ver con el cuidado de la higiene. Hay que reforzar la sensibilización de la población en ese sentido. Es una enfermedad de transmisión orofecal, es decir, se transmite por las manos, a través de la materia fecal que llega a la boca, por ejemplo por la falta de manejo adecuado de los alimentos. Son las mismas medidas preventivas que se recomiendan para la hepatitis A o las diarreas”.
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