Usuarios que ni recuerdan la última vez que pagaron

En las estaciones, los portones están abiertos y los molinetes, fuera de servicio

"Presentá tu boleto al ingresar al andén. Te será requerido por personal de control", indican los carteles en el hall de la estación de Once. Sin embargo, a pesar de la advertencia, pagar boleto para viajar en el ferrocarril Sarmiento es una decisión estrictamente voluntaria. Y que, por cierto, toman unos pocos.

A toda hora, el portón de ingreso a los andenes está abierto y, los molinetes, fuera de servicio. Ayer, un pasajero que acababa de comprar un pasaje a Merlo intentaba, en vano, hacerlo pasar por la ranura del molinete. Uno de los controladores le explicó: "Pasá, está abierto".

El pasado jueves, el tren de las 8.42 salió recién a las 9. El servicio anterior, de las 8.31, se había cancelado. Nadia Rodríguez, que viaja todos los días a Haedo, no fue capaz de recordar cuándo fue la última vez que le controlaron el boleto. Desde la tragedia de Once, decidió no pagar más.

"Cuando era chica me decían: sacá siempre boleto, porque es el seguro por si te pasa algo. Pero hoy no creo que me cuiden más por pagarlo", dijo. Explicó, además que, a causa de las demoras, muchas veces llega tarde al trabajo, por lo que le descuentan hasta 400 pesos al mes por presentismo. O que otras veces, incluso, en horario pico, tampoco le venden pasaje en la boletería. "Salgo dos horas antes de mi casa, y aun así no llego a horario. ¿Y encima tengo que pagar?", dijo.

A lo largo del recorrido, los carteles replican: "Tu boleto se ve en obras". Sin embargo, en las estaciones intermedias, los molinetes están fuera de servicio, las entradas abiertas y no hay personal de control.

A las 10.20, el mismo tren que tomó Nadia llegó a Moreno, donde sí hay personal a la salida, pero que sólo se limita a responder preguntas o ver salir a los pasajeros. A pesar de que los andenes están llenos, en las máquinas expendedoras no hay cola y las boleterías siempre están desiertas. Sólo se recarga la SUBE.

Camino a Padua, María Leal, una jubilada de 72 años, se preguntó: "No sé cómo se regentea el tren si nadie paga. ¿Cómo se cubren los arreglos? Es responsabilidad de todos comprar el pasaje".

Mientras tanto, un grupo de jóvenes que viajaban hasta Morón tomaban cerveza y fumaban marihuana en la parte delantera del vagón. El aire estaba viciado de humo, pero la gente parecía acostumbrada.

En la estación de Retiro de la línea Mitre se replicaba el escenario de Once. La misma cartelería, las mismas advertencias. Y ningún control. En la estación San Fernando ni siquiera había molinetes: los de la entrada estaban colocados al costado de la puerta y, en uno de los ingresos laterales, otros dos estaban rodeados de bolsas y basura.

Lucas Palmitoni, usuario del Mitre, contó: "Voy a pagar cuando funcione de verdad, pero ahora ni loco. Esto no es un servicio, y les debería dar vergüenza cobrarnos".

En la estación de Tigre se ingresa en los andenes por accesos laterales, ya que el vallado metálico que franquea la entrada está corrido. El personal de la empresa se paseaba por los andenes, pero nadie controlaba.

Antes de llegar a la estación Victoria, camino a Retiro, un empleado de la empresa pasaba por los vagones, pero no para pedir boletos, sino para anunciar que los pasajeros debían bajar porque el tren se iba "al galpón". Ante los reclamos, sólo respondió que se debía a un problema en el sistema de refrigeración.

"Resulta que ahora están preocupados porque tengamos aire", se quejó Mirta Ielpi, mientras explicó que desde hace meses dejó de tomar el tren todos los días por las demoras. A los 5 minutos pasó otra formación, que tampoco tenía aire acondicionado, pero igual llegó hasta Retiro. A pesar de que eran las 12 del mediodía, los vagones iban llenos, casi como en horario pico.

Mientras tanto, en Retiro, en la estación contigua de la línea Belgrano, los molinetes estaban encendidos y cinco controladores detuvieron a los pasajeros antes de entrar al andén para verificar el pasaje. En la estación homónima de la línea San Martín no hay molinetes, pero dos controladores ubicados a los costados de la puerta de ingreso marcaban los pasajes con la perforadora de tickets.

A las 18, en la estación Constitución, cabecera de la línea Roca, 14 controladores verificaban los pasajes de ingreso al andén. "Exhiba su pasaje al salir", indicaba otro cartel. Pero esa orden tampoco se cumplió..

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