Urgen por una política de transporte que fortalezca a la actividad turística

Urgen por una política de transporte que fortalezca a la actividad turística
Fue una noche de domingo para olvidar ante el padecimiento de cientos y cientos de pasajeros que conformaron una fila interminable y engrosada en sus dimensiones ante la escasa cantidad de coches del servicio de colectivos entre ambas capitales. Bronca, quejas, impotencia abonan el reclamo de una urgente mejora en las frecuencias durante el pico de presencia de visitantes y turistas.
Una situación insólita e inaceptable se debe padecer en esta época en la que la ciudad Capital quiere imponerse como unos de los principales destinos turísticos de la región, pero que no recibe el acompañamiento del servicio de transporte público de pasajeros interprovincial con su homónima chaqueña, Resistencia.

Quienes casualmente transitaron a pie o en vehículos en la noche del domingo por la parada del Puerto correntino, no ocultaron su sorpresa al ver la interminable y gruesa fila de pasajeros que aguardaba el arribo de los colectivos para trasladarse hacia la otra orilla.

En esa columna humana sin dudas padecían jóvenes, hombres, mujeres y niños, quienes por una u otra razón debieron o decidieron cruzar en la jornada del fin de semana o en la misma dominical. Algunos residentes por necesidades particulares, otros visitantes o turistas que llegaron y lo hacen cotidianamente para disfrutar de las magníficas playas de este lado del río Paraná, o simplemente para dar un paseo y admirar la Capital del Taragüí.

Pero contra todo ello atenta, una vez más, este servicio de ómnibus, por la poca frecuencia, cuando no de interminable espera como sucedió antes de anoche, durante la cual fueron incontables las voces que se levantaron contra esa situación, que demanda la respuesta de una política que aporte a todas las áreas que demanda la actividad turística, que por cierto está con plena dedicación y en la intención de funcionarios tanto nacionales como provinciales.

UN RELATO DE

LA IMPOTENCIA

"Sabemos que siempre hay que esperar, por eso le pedí a mi sobrina que me trajera a la parada, no nos quedamos a cenar porque se nos haría tarde. Llegamos a las 22.30 y había dos largas colas, nosotros nos sumamos a la de la línea por Sarmiento. Pasadas las 23 llegaron dos colectivos, uno directo y el otro por Barranqueras, como había mucha gente tardaron un poco en salir y desde el que iba por Barranqueras dijeron que era el último servicio por ese recorrido, así que todos los que estaban en esa fila se sumaron a la que va por la avenida Sarmiento. Quedó una sola cola que seguía sumando usuarios. Al principio no nos preocupamos porque estimábamos que si venían otras dos unidades ya tendríamos la oportunidad de viajar. Pero el tiempo corría y ningún cole aparecía. Una luz de esperanza pareció surgir cuando vimos bajar pasajeros de una unidad frente a una institución educativa que está frente al Puerto. Cuando vimos que no frenó en la esquina para doblar hacia la parada, comentamos: ‘Claro, no puede hacer esa maniobra, así que seguramente dará la vuelta y enseguida vendrá’. Sin embargo, eso no sucedió. Y recién a las 2 de la madrugada volvió un coche y era el mismo que había cargado pasajeros ¡hacía más de dos horas!", relató Rita, quien junto a su esposo y una de sus nietas, fue una de las tantas usuarias que en la noche del domingo debió soportar de pie la extensa espera y con la incertidumbre de saber si el servicio seguía o no funcionando.

"Nosotros no pudimos pagar $30 el remis, por persona"

"Muchos se fueron antes de las 2 de la madrugada ya de lunes, cuando llegó un colectivo, porque al ver que ya eran más de la 1 pensaron que por algún motivo no vendrían más coches. Algunos llamaron a conocidos que los hacían pasar en sus autos, pero la mayoría lo hizo pagando 30 pesos por persona a remises que habitualmente prestan servicio dentro de la ciudad. Nosotros lamentablemente no teníamos esa opción porque teníamos que pagar 90 pesos y encima después tomarnos un remis en Resistencia para ir hasta nuestra casa, porque a la hora que llegaríamos tampoco alcanzaríamos el servicio urbano", añadió la mujer sin ocultar su malestar. Al mismo tiempo que planteó "al menos que coloquen carteles o avisen por los medios que la frecuencia entre una unidad y otra será superior a las dos horas, entonces así uno no viene directamente o calcula el horario".

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