Por Mariano GrondonaLa intención de Néstor Kirchner de intervenir en la televisación del fútbol confirma no sólo la continuidad sino también la expansión de su "modelo" hacia nuevos espacios hasta ayer intactos. Este "modelo" se aplica a toda clase de actividades deficitarias cuyo ahogo financiero arranca del comportamiento del propio Gobierno para que pasen a depender de los subsidios de un Estado que sólo los promete a cambio de sumisión política. Este modelo se ha puesto de manifiesto ante las empresas de servicios públicos y diversos grupos industriales, pasando por la ruina fiscal de las provincias y los municipios y habiéndose intentado además, aunque sin éxito, frente al campo.
¿Cómo explicar esta conducta de un hombre que, habiendo perdido, actúa como si hubiera ganado? Esta conducta, ¿es acaso "racional"? Quizá Kirchner todavía espera que la oposición continúe dividida y que esto permita demostrar que él, y sólo él, tiene la verdadera "voluntad de poder" que necesitan los argentinos. Pero otros explican su conducta por el lado psicológico más que por el lógico, como la expresión de una íntima necesidad de controlarlo todo. Un último recurso para salvar su propio equilibrio emocional frente a las circunstancias que hoy lo superan, aunque obedecer a esta compulsión implique seguir prolongando la fórmula de "subsidios a cambio de sumisión", que exige continuar la ilimitada expansión del gasto público para financiar la inmensa red de subsidios que el Estado ya no puede sostener. Como está pasando con Aerolíneas Argentinas, la promesa de cientos de millones para los clubes de fútbol encaja en esta desmesura, mientras varios gobiernos provinciales ya han hecho saber que no podrán pagar los sueldos. Si esto sigue así, ¿cómo será en tal caso el "fin de fiesta" del kirchnerismo?


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