Lo que sucedió en el carnaval en la Quebrada de Humahuaca tiene que ser motivo para una reflexión y un cambio fundamental en el modo en que se relaciona el Estado provincial con el patrimonio natural y cultural y con el turismo.
Se supo también de falta de agua en la misma ciudad, lo que dejó sin trabajo a los restaurantes y sin comida a los turistas, entre otras dificultades seguro que más graves. Faltaron nafta y gas y hubo familias que, sin alojamiento y sin poder irse, durmieron en los autos. Las historias del desorden, de los problemas y de las carencias, abundan. Lo concreto es que muchos de los que subieron a participar de los festejos del carnaval, o a verlos, volvieron frustrados y hasta francamente molestos.
Es verdad que fue el primer carnaval desde que se declaró feriado nacional y acaso no se esperaba la enorme afluencia de turistas. Pero también es cierto que lo ocurrido no es nuevo. Se puso de manifiesto, en realidad, una falta de inversión que lleva años, o al menos una falta de inversión acorde al crecimiento de la demanda turística que viene creciendo exponencialmente y que no es un dato desconocido, ni menos aún imprevisible.
Si la actividad económica que más creció es el turismo, si muchos jujeños viven del turismo, si ingresan cada vez más recursos a la provincia a partir del turismo, es necesario que se hagan las inversiones necesarias para asegurar esa actividad económica, esos puestos de trabajo y esos ingresos.
Si Jujuy tiene un extraordinario patrimonio natural y cultural, valioso y digno de protección por sí mismo, que además estimula una importante actividad económica, ese patrimonio tiene que ser preservado y también para eso deben hacerse las inversiones necesarias.
Creo que estas son reglas de cualquiera administración.
Una mala experiencia, como la que vivieron muchos de los que subieron en carnaval, puede hacer de un destino turístico atractivo otro que no lo es tanto, y hasta puede poner en peligro su existencia misma.
Y un patrimonio natural y cultural, si no es protegido, si es arrasado por la afluencia de gente y la falta de control, puede verse comprometido y hasta degradado.
No puede dejarse a cargo de las pequeñas intendencias de la quebrada, con escasos recursos, atender el sinnúmero de necesidades y demandas que supone el caudal turístico que reciben. En primer lugar, sus recursos deben incrementarse significativamente. En forma proporcional al movimiento económico que significa el turismo para la provincia.
Lo que hace falta es una gran inversión pública, que tiene que ser planificada y ejecutada con intervención de las autoridades municipales. Las comunidades aborígenes y los habitantes de la región, que encarnan y actualizan la cultura, deben tener un rol protagónico en el desarrollo. Y el sector privado, que conoce las necesidades porque se ha visto en situación de tener que responder a las circunstancias, tiene que ser también convocado.
*Diputado provincial de la UCR.-

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