En Tucumán, las encuestas marcan el rumbo de la gestión

Alperovich salió a hablar de empleos y de seguridad, los reclamos sociales más notorios. Un analista advierte que el sondeo, como toda herramienta, tiene límites. Políticos más osados que otros.
Una característica del gobernador, José Alperovich, pareciera ser su olfato para interpretar qué acciones le proporcionarán mayor rédito político. Sin embargo, no todo eso se debe a cintura política: buena parte de su discurso y gestión responde a estudios de imagen que efectúa su encuestador, Hugo Haime.

Dos conceptos quedaron grabados en su cabeza y en la de sus funcionarios tras el último informe, entregado a fines de abril: creación de trabajo genuino y seguridad. Según el sondeo, son los principales reclamos de los tucumanos para un posible tercer mandato de Alperovich.

A 24 horas de conocer el informe, el gobernador declaró que hace falta más empleo de calidad y mayor protección a la ciudadanía. De hecho, inauguró el sistema de cámaras de seguridad en el parque 9 de Julio, anunció la instalación de una fábrica de motos que creará 30 puestos de trabajo, y la ampliación de un callcenter para dentro de un mes, que requerirá la contratación de 400 jóvenes. "Todos los días hace campaña con la gestión. La inseguridad y el empleo precario nos dan como principales problemas en las encuestas. Siempre llegan inversiones; ahora es preciso destacarlas más", admitió un colaborador del mandatario a LA GACETA.

Alperovich es un político que se toma en serio las encuestas: actúa en consecuencia, y lo hace inmediatamente. El sociólogo Marcos Novaro afirmó que hay políticos más audaces para tomar iniciativas. "Un ejemplo es Néstor Kirchner: asumiendo el riesgo, se decidió por ir contra los medios, e instaló su opinión en parte de la opinión pública. No le convenía ceder, mostrarse dubitativo o débil, y logró horadar la credibilidad de un diario", sostuvo. A su criterio, Daniel Scioli marca el contraejemplo: "conservador y ultracondescendiente con la opinión pública, trata de no irritarla o contradecirla. De todos modos, le va bien".

Novaro dijo que los políticos que abundan son los que hacen un poco de las dos cosas. "Siguen la encuesta moderadamente, y combinan sus resultados con sus propias características de liderazgo, personales, a la hora de gestionar y de mostrarse en público. No son rupturistas ni ultraconservadores", sostuvo.

El analista político Roberto Starke aseveró que la dirigencia, en general, está muy atada a las encuestas. "Confían en ellas ciegamente y se muestran ansiosos por sus resultados. Cuando el resultado se acerca a sus expectativas, consideran que están en el buen rumbo y se ponen a confirmar esa tendencia. Pero cuando los resultados son negativos comienzan los interrogantes, las sospechas y la búsqueda de los consiguientes culpables", dijo.

Enfatizó que el problema de la política es que no puede limitarse a "cómo me ve la gente o qué opina de un tema", y señaló que gobernar no es una cuestión de porcentajes. "Como toda herramienta tiene límites; hay que saber cuáles son. Sirven para tomar la temperatura a un caso puntual; no para gobernar", afirmó.

La oposición

Quien ostenta el poder está más expuesto a la consideración pública que quien lo busca. Esa es una ventaja con que, según Novaro, cuenta la oposición: "tiene más libertad para ubicarse en un sector de la opinión pública, sin tener que representar a todos. El Gobierno debe convencer de que lo que hace es lo más representativo". No obstante, esa libertad tiene su riesgo: "al ser fiel representante de un sector, el opositor se vuelve poco confiable para el resto".

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