Alperovich salió a hablar de empleos y de seguridad, los reclamos sociales más notorios. Un analista advierte que el sondeo, como toda herramienta, tiene límites. Políticos más osados que otros.
Dos conceptos quedaron grabados en su cabeza y en la de sus funcionarios tras el último informe, entregado a fines de abril: creación de trabajo genuino y seguridad. Según el sondeo, son los principales reclamos de los tucumanos para un posible tercer mandato de Alperovich.
A 24 horas de conocer el informe, el gobernador declaró que hace falta más empleo de calidad y mayor protección a la ciudadanía. De hecho, inauguró el sistema de cámaras de seguridad en el parque 9 de Julio, anunció la instalación de una fábrica de motos que creará 30 puestos de trabajo, y la ampliación de un callcenter para dentro de un mes, que requerirá la contratación de 400 jóvenes. "Todos los días hace campaña con la gestión. La inseguridad y el empleo precario nos dan como principales problemas en las encuestas. Siempre llegan inversiones; ahora es preciso destacarlas más", admitió un colaborador del mandatario a LA GACETA.
Alperovich es un político que se toma en serio las encuestas: actúa en consecuencia, y lo hace inmediatamente. El sociólogo Marcos Novaro afirmó que hay políticos más audaces para tomar iniciativas. "Un ejemplo es Néstor Kirchner: asumiendo el riesgo, se decidió por ir contra los medios, e instaló su opinión en parte de la opinión pública. No le convenía ceder, mostrarse dubitativo o débil, y logró horadar la credibilidad de un diario", sostuvo. A su criterio, Daniel Scioli marca el contraejemplo: "conservador y ultracondescendiente con la opinión pública, trata de no irritarla o contradecirla. De todos modos, le va bien".
Novaro dijo que los políticos que abundan son los que hacen un poco de las dos cosas. "Siguen la encuesta moderadamente, y combinan sus resultados con sus propias características de liderazgo, personales, a la hora de gestionar y de mostrarse en público. No son rupturistas ni ultraconservadores", sostuvo.
El analista político Roberto Starke aseveró que la dirigencia, en general, está muy atada a las encuestas. "Confían en ellas ciegamente y se muestran ansiosos por sus resultados. Cuando el resultado se acerca a sus expectativas, consideran que están en el buen rumbo y se ponen a confirmar esa tendencia. Pero cuando los resultados son negativos comienzan los interrogantes, las sospechas y la búsqueda de los consiguientes culpables", dijo.
Enfatizó que el problema de la política es que no puede limitarse a "cómo me ve la gente o qué opina de un tema", y señaló que gobernar no es una cuestión de porcentajes. "Como toda herramienta tiene límites; hay que saber cuáles son. Sirven para tomar la temperatura a un caso puntual; no para gobernar", afirmó.
La oposición
Quien ostenta el poder está más expuesto a la consideración pública que quien lo busca. Esa es una ventaja con que, según Novaro, cuenta la oposición: "tiene más libertad para ubicarse en un sector de la opinión pública, sin tener que representar a todos. El Gobierno debe convencer de que lo que hace es lo más representativo". No obstante, esa libertad tiene su riesgo: "al ser fiel representante de un sector, el opositor se vuelve poco confiable para el resto".



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