Triste sapucay por el adiós al “lucero del chamamé”

Triste sapucay por el adiós al “lucero del chamamé”
Su última actuación fue el viernes pasado en Mburucuyá, su tierra natal, en el aniversario del poblado que tanto amó. Fue considerado uno de los grandes referentes de la época de oro de la música del taragüí. Sus canciones hicieron bailar a varias generaciones. Hoy, a las 9, se realizará un homenaje en el Teatro Vera con el padre Julián Zini y la orquesta folclórica de la provincia.
Antes que llegue el sol, don Salvador Miqueri decidió irse. No se dejó nada para sí, como lo hacen los grandes, aquellos hombres de la música que marca con profundidad la cultura de un pueblo. Partió al cielo de los chamamecero, para encontrarse con aquellos amigos que se fueron antes que él. Falleció a los 86 años en una clínica privada de la capital correntina.

No solo fue un destacado compositor, su talento fue más allá y alcanzó notoriedad gracias a su inigualable vos y su carisma, la que poseen los grandes que con la música saben llegar hasta el corazón de la gente.

Generoso, predispuesto y solidario con su música, militó por el sendero artístico con su mano tendida y la guitarra a cuesta llegando a donde hacía falta estar para seguir abonando este suelo de cultura, tradición y chamamé. “El chamamé es nuestro mejor legado”, expresó a época durante la última edición de la Fiesta Nacional del Chamamé. Y así es, don Salvador Miqueri cantó por última vez en su tierra natal, el viernes durante la celebración por el 181º aniversario de Mburucuyá donde dejó su voz enterrada en ese suelo, considerado el templo del auténtico chamamé gracias a su aferrada defensa por la esencia más natural del género correntino.

Luego de cantar en la plaza principal, frente a la parroquia de San Antonio y junto a su gente, sintió dolencias y por su debilidad física tuvo que ser trasladado al Centro Médico en la capital correntina. Una hemorragia afectó profundamente su salud y recibió intervención quirúrgica el lunes por la tarde. La peor noticia llegó cuando a las 5.30 se confirmó el fallecimiento de Argentino Lucero, nombre artístico elegido para poder desarrollar su carrera artística en la década del 50 para que no fuera afectado su labor como maestro rural de la escuela Nº 942 del Paraje El Caimán, Departamento de Concepción donde llegó a ser director.

Partió dejando un profundo pesar en el ambiente chamamecero, pero nos queda su obra como recuerdo, de un legado enorme, marca un estilo y tradición y la vigencia del auténtico chamamé la que se siente con el alma en Corrientes. “Nosotros sabíamos que en cualquier momento iba a llegar el final. Pero era el final que el realmente esperaba, entonces ese es el consuelo que tenemos. El hasta los últimos días estuvo cantando y quería que lo recordáramos así”, manifestó ayer en diálogo con los medios su hijo David“Cacho” Miqueri.

Inseparable de su guitarra, su voz entrañable y profunda daba vida a un mensaje que se entrelazaba en la música haciendo que el chamamé reforzara sus alas. Es considerado el autor de obras fundamentales del repertorio chamamecero como “Amor supremo”, “Retorno”, “Mi selva eterna”, “Monte Refugio”. Otras obras para destacar como “Imploración”, “Sólo Rumores”, “Mi última flor”, “Ofrenda”, “Sin rencores ni reproches”, entre tanas otras que suman un total de 75 canciones registradas en SADAIC y más de 50 por registrar.

En su extensa carrera, no solo marcó un estilo como solista sino que fue protagonista de el binomio que integró junto a Eustaquio “Nene” Vera para crear el afamado “Vera Lucero” sin ninguna duda dio vida a las más bellas piezas del cancionero popular chamamecero, aportando la musicalización a la poesía cautivadora de sus canciones.

Su partida fue dolorosa, y por decisión de su familia no fue velado en el mítico anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola y el velatorio se realizó en un salón privado por calle San Juan. En tanto que hoy a las 9 se brindará un homenaje en las escalinatas del Teatro Juan de Vera.

Con arraigada congoja, cuando alguien de su talla se va ningún homenaje resulta suficiente. Pero para los admiradores de su obra queda como respetuoso testimonio al menos recordarlo en sus canciones eternas en el corazón de los chamameceros.

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