El presidente de Brasil visitó Pernambuco y Alagoas, epicentro de la zona devastada. Su gobierno destinó ayer un fondo de 277 millones de dólares a la reconstrucción.
En plena campaña para las elecciones presidenciales de octubre, Lula admitió la obligación política y moral de reconstruir las ciudades damnificadas, pero alertó que las nuevas viviendas deben ser erigidas en lugares alejados del río, donde no supongan un peligro para la población. Para asistir a los afectados, el gobierno destinó ayer un fondo de 277 millones de dólares. Las inundaciones dejaran a 19 mil personas sin vivienda.
Al confirmar la decisión del presidente, el canciller Celso Amorim indicó a la prensa que Lula le había comunicado que no iría a Canadá por las inundaciones. “Desea quedarse en Brasil, acompañando las medidas que se han tomado en relación con los problemas de las inundaciones en el nordeste”, aseguró el ministro, al tiempo que informó que Guido Mantega, a cargo de la cartera de Hacienda, representará a Lula en la cumbre internacional. “Son temas estrictamente económicos. Mantega está más capacitado para participar”, completó el canciller.
En declaraciones acerca del encuentro de las principales economías del mundo, el vocero de la presidencia Marcelo Baumbach sostuvo que Brasil insistirá en la reforma de las instituciones financieras.
Desde el inicio de la crisis financiera mundial en 2008, Lula se convirtió en el abanderado de los países en desarrollo que exigen cambios estructurales en el sistema financiero y más poder en las instituciones multilaterales, al reclamar un asiento permanente para Brasil en el Consejo de Seguridad.

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