La empresa se forjó en Winifreda hace más de 30 años. Con el tiempo, sus propietarios se trasladaron a esta ciudad donde continuó en mano de la generaciones anteriores. Ubicación estratégica y labor en el tiempo generaron una empresa en crecimiento.
El entrevistado se sienta en uno de los sillones que tiene en el taller de la avenida Spinetto, a pocas cuadras del predio de la Sociedad Rural. Allí, entre máquinas, herramientas y producciones, relata la cronología de una pequeña y mediana empresa consolidada en la provincia.
Reidel nació el 27 de agosto de 1975 en Winifreda. Su abuelo paterno era el dueño de la única herrería del pueblo. Relató que, en ese momento, las fabricaciones eran muy artesanales debido a que no existían las herramientas eléctricas que hay en la actualidad sino que se utilizaban remaches lo que generaba un trabajo muy duro para lograr el paulatino crecimiento de la firma.
"En esa época, todos los materiales se cortaban con sierras y, cada vez que podía, mi padre concurría al taller para colaborar con los trabajos que se llevaban a cabo", expresó. Y amplió:
"Si bien, todo lo que conozco es por la versión que cuenta mi padre, en la incipiente fábrica se trabajaba con herrería pesada". De acuerdo con el entrevistado, lo que más se realizaba eran las ruedas para los sulquis. "La fábrica empezó a crecer, mi abuelo y mi padre tenían mucho trabajo, sobre todo de los productores rurales de la zona", expuso.
Padre.
Con el correr de los años, la industria pasaría a las manos del hijo del propietario, padre de Diego. "Mi papá se hizo cargo de la herrería y empezó a trabajar por su cuenta aunque, en esa época, no se fabricaban rejas para ventanas y todo lo vinculado a la seguridad, como se realiza en la actualidad", expresó el entrevistado. Y aclaró que se realizaban elementos menores para darle diversos "toques estéticos" a las viviendas de la localidad.
Según Reidel, al igual que su abuelo, su padre trabajaba, en su mayoría, con los productores agropecuarios ya que, sobre todo, fabricaba portones para galpones y diversos tipos de herramientas.
Los herreros continuaron con su camino. La familia logró un lugar en el mercado local aunque el trabajo, debido a las posibilidades limitadas que brinda una localidad en ese sentido, comenzó a mermar.
Por este motivo, y en búsqueda de mayores oportunidades, la familia Reidel se mudó a la capital provincial. "Mientras podía, en el taller del pueblo, le ayudaba a mi padre a trabajar en sus producciones. Sin embargo, en 1989, nos vinimos a vivir a Santa Rosa", añadió.
Expansión.
Diego Reidel, en tanto, realizó los estudios primarios en Winifreda y los secundarios en esta ciudad. Cuando terminó, determinó dedicarse a lo mismo que su padre y su abuelo.
"En el pueblo, había poco trabajo, y entendíamos que en Santa Rosa, las posibilidades se nos podían abrir. Uno de los principales beneficios fue el lugar que elegimos para colocar nuestro taller, sobre la avenida Spinetto", sostuvo. Dijo que los clientes fueron "llegando de a poco" y no hizo falta hacer ninguna publicidad.
"Mi padre, estando en Winifreda, venía dos o tres veces a Santa Rosa, para hacer distintos tipos de trabajos. De a poco, empecé a trabajar a la par con mi padre y a adquirir los conocimientos básicos para luego independizarme", afirmó.
Hace aproximadamente siete años, el padre de Diego se jubiló. Por este motivo el entrevistado se hizo cargo de la firma.
En la actualidad, la herrería, denominada "Mardimar", es una de las más solicitadas del mercado. El estratégico sector donde está ubicada, la confianza de los clientes, y el desarrollo en el tiempo de su trabajo generó que los clientes fueran adquiriendo sus productos. "Debido a la cantidad de trabajo, tengo intenciones de agrandar el taller, de colocarlo en otro lugar", dijo.
Portones.
En la actualidad, la herrería fabrica portones (no levadizos), rejas para puertas y ventanas y todo tipo de parrillas, entre otras producciones en chapa. También efectúan colocaciones de sus realizaciones y reparaciones. Reidel calificó que allí no se fabrica una herramienta puntual sino que "tratamos de hacer de todo".
Los industriales trabajan, de lunes a domingo a la mañana y también los feriados. Cuentan, como materia prima, con el hierro comprado a productores locales. "Esa materia prima, como por ejemplo el hierro, la cortamos y armamos en el taller, con un simple proceso de trabajo que realizamos con las distintas máquinas que tenemos acá", afirmó. La maquinaria, de acuerdo con el industrial, que cuentan en la herrería es una cortadora, un electrodo, y distintos tipos de soldadoras. En tanto, las producciones son vendidas a clientes particulares y empresas de Santa Rosa y distintos puntos de la provincia como por ejemplo: Ataliva Roca, Catriló, Anguil, Uriburu, Macachín, Winifreda, y distintas zonas rurales. También venden a Río Negro y en diversas localidades de la provincia de Buenos Aires.
Seguridad, lo prioritario.
De acuerdo con Reidel, en los pueblos chicos, el herrero tiene "que saber hacer de todo", es decir que se dedica además a otras actividades como por ejemplo la gomería y los trabajos en chapa, entre otros. "En los pueblos chicos, se tiene que hacer de todo, no se puede vivir de una sola actividad", reiteró. Y agregó que, por ejemplo, en las localidades pequeñas, cuando los clientes necesitan productos más complejos deben acudir a las fábricas de las ciudades más grandes. "En la actualidad, lo que más se pide, son los materiales para la seguridad de las casas", completó.
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