Trata: condenan a 5 años de cárcel a una mujer que regenteaba prostíbulo

La Justicia federal sentenció el miércoles por la tarde a dos mujeres luego de un juicio en el que se las acusaba por reclutar y trasladar a una adolescente tucumana de 17 años a San Julián con fines de explotación sexual. El fallo fue dictado por el tribunal integrado por Alicia Noli, Gabriel Casas y Carlos Jiménez Montilla.

Los fiscales Leopoldo Peralta Palma y Valentina García Salemi habían solicitado en sus alegatos diez años de prisión para Taviansky y cuatro para Olivera considerando que durante el juicio se probó la captación y el traslado con fines de explotación sexual de la joven, identificada como CM.

LA VICTIMA

El 22 de mayo de 2008, CM estaba siendo trasladada a Puerto San Julián por Olivera, su prima. La muchacha tenía en ese entonces 17 años, y según declaró en el juicio, le habían dicho que podría conseguir trabajo como profesora de danzas folclóricas.

La víctima afirmó que había escuchado una conversación en la que advirtió que podrían llevarla a un prostíbulo, por lo que le envió un mensaje a su madre pidiéndole ayuda.

Su mamá y una hermana acudieron a la Fundación que dirige Susana Trimarco para que las ayude en el proceso.

M.C. fue rescatada en la capital cordobesa. En el bolso que llevaba Olivera, estaba el documento de identidad de C.M. y el de su hermana mayor (que Olivera habría usado para comprarle el pasaje). Y las partidas de nacimiento de la víctima y de su hermana mayor, por quien Olivera y Taviansky pretendían hacerla pasar para “no tener problemas” porque era menor de edad.

LLAMADAS TELEFONICAS

Entre las pruebas consideradas por la Justicia se incorporaron escuchas telefónicas realizadas entre el 16 y el 22 de mayo de 2008 a Taviansky, quien posee un prostíbulo llamado “El Lobito”. La fiscalía aportó más de 10 llamadas entrecruzadas entre ella y Olivera.

La imputada dialogó con diferentes mujeres en la que hablaba sobre un envío de pasajes para Puerto San Julián, Santa Cruz. Además las conversaciones dejan en claro que Taviansky llevaba mujeres de distintas provincias, sobre todo del norte del país, aprovechándose de su situación de vulnerabilidad. Les pagaba el pasaje y, cuando estaban en el local les controlaba los horarios de salida (no podían hacerlo después de las siete de la tarde) y se quedaba con la mitad del dinero que pagaban los hombres dispuestos a usar sus cuerpos.

“La primera copa es de 30 pesos y queda para vos. Las otras de 50 y vamos al 50%”, le decía Taviansky a una de las mujeres con las que habló por teléfono mientras los investigadores intervinieron sus teléfonos.

“Para el pase sí o sí tenés que pedir la copa, tomarla o que la pague”, le explicaba y después le aclaró: “las chicas pasan por 100, ayer una hizo 170 pero porque es encaradora”.

Antes le había dicho que de ese dinero ella se quedaba con “50”. A otra de estas mujeres la presionaba para prestarle plata para que le enviara a su madre y a su hijo, y así aumentarle la deuda que tenía con ella. En la conversación telefónica la mujer se queja, pero ante la insistencia termina aceptando las condiciones.

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