Lamentó las filtraciones en diálogos con el presidente mexicano y el premier turco
WASHINGTON.- Por primera vez desde que estalló el escándalo con la filtración de cables secretos de la diplomacia norteamericana, el presidente Barack Obama rompió el mutismo y tomó el teléfono para "lamentar" lo ocurrido ante sus pares de Turquía y de México, dos de los líderes afectados por las observaciones personales de funcionarios norteamericanos.
Con el primer ministro turco, Tayyip Erdogan, el presidente Obama "subrayó la importancia de lazos perdurables en la relación bilateral" así como el "compromiso" de seguir trabajando juntos en áreas de común interés, reseñó a Casa Blanca en un breve comunicado.
"El presidente expresó su pesar por la lamentable acción de WikiLeaks", añadió la nota, en referencia al sitio de Internet que, en el caso de Turquía, por ejemplo, incluyó comentarios atribuidos a la embajada de los Estados Unidos en Ankara, según los cuales, Erdogan poseía "varias cuentas bancarias secretas" en Suiza.
"Eso no es verdad y es indignante", había dicho, días atrás, el líder turco, al enterarse de las cosas que sus aliados comentaban sobre él. "No hay evidencia alguna para respaldar esas acusaciones porque no son verdad: jamás he tenido un solo centavo en bancos suizos", se defendió.
Similar fue la conversación que Obama mantuvo con su colega mexicano, Felipe Calderón, de quien los cables secretos pusieron en boca del Departamento de Estado observaciones personales muy similares a las que hubo respecto de la presidenta Cristina Kirchner y su temperamento y equilibrio mental.
Tras ponderar "el valor estratégico" de la relación con México, Obama hizo votos para que "una acción deplorable" como las filtraciones de WikiLeaks "no distraiga a ambos países" de la "importante cooperación" que mantienen a ambos lados de la frontera.
Es la primera vez en dos semanas de escándalo que se conoce una comunicación directa de Obama al respecto, mientras mantiene a rajatabla el silencio público que se impuso en la materia.
La estrategia de comunicación de la Casa Blanca intenta preservar al presidente del terremoto diplomático y opta por dejar la cuestión en manos de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, o de su equipo de colaboradores.
La intervención de Obama en la cuestión llega cuando parte del escándalo parece atenuarse, tras la detención en Londres del escurridizo Julian Assange, el fundador del sitio responsable de las filtraciones.
El activista australiano permanecía ayer "aislado, en beneficio de su seguridad personal", dijeron autoridades británicas.
Pero tanto fronteras adentro como fuera de los Estados Unidos, Assange se está convirtiendo en poco menos que un héroe para miles de personas que consideran que sus revelaciones contribuyen a poner "aire fresco" en el mundo del poder, las finanzas y la política. Tal es así que, en algunas ciudades de Europa, se venden remeras con una foto suya estampada al más puro estilo del "Che", y se realizan diarias manifestaciones de apoyo.
Sin llegar a esos extremos, aquí también hay encendidos defensores de Bradley Manning, el soldado norteamericano de 23 años que admitió haber sustraído varios de los cables secretos, mientras engañaba a sus superiores haciéndoles creer que escuchaba canciones de Lady Gaga.
En contraposición, varios legisladores pidieron aquí que Manning sea sometido a juicio "y ejecutado" si se comprueba que cometió traición. El soldado está preso desde mayo último y todo lo que dicen las autoridades es que está siendo investigado.
Primero entre los elegidos de Obama para recibir una explicación directa, el gobierno turco también estuvo entre el puñado de países que recibió, hace más de dos semanas, una advertencia del Departamento de Estado sobre la inminencia de la revelación de los cables y el impacto que eso podría llegar a tener.
La embajada estadounidense "nos informó sobre este asunto, igual que fueron informados otros Estados", reveló, en su momento, un diplomático turco. "Nos estamos preparando para el peor escenario" con la difusión de WikiLeaks, había dicho, por entonces, el vocero del Departamento de Estado, Philip Crowley.
En el caso mexicano, los cables ironizaron con la "desesperada ayuda" que, según diplomáticos norteamericanos, el gobierno de Calderón solicita a su par estadounidense en cada reunión bipartita. En otro de ellos, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, solicita a sus diplomáticos en México un informe detallado sobre la forma en que "afectan en su temperamento y personalidad" las noticias adversas que Calderón recibe sobre la guerra contra el narcotráfico y la caída de la economía.





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