El presidente del gigante asiático dejó los Estados Unidos luego de una histórica cumbre con Barack Obama. Fricciones por las violaciones a los derechos humanos y la guerra de monedas. La estrategia de Beijing para conquistar poder y erigirse en la nueva superpotencia global.
Atestiguando ese desafío, una proyección de Goldman Sachs estimó que el Producto Bruto Interno (PBI) chino superará al norteamericano en 2027. Con una balanza comercial escandalosamente favorable al régimen comunista, Obama pretende que Estados Unidos sea más competitivo y que sus productos ingresen al mercado del gigante asiático. Con ese propósito, el presidente norteamericano visitó ayer la planta de General Electric –luego que Hu abandonara el país– y lanzó una curiosa arenga a los trabajadores. “Tenemos que exportar más bienes alrededor del mundo. China vende muchas cosas aquí, y eso está bien. Pero ahora Beijing debe abrir su mercado interno y hacer del intercambio un comercio de ida y vuelta”, reclamó Obama, en un esfuerzo por revertir el desequilibrio comercial auspiciado por la infravaloración del yuan.
“China trata de ocupar espacios en un mundo donde los poderes rectores están achicando sus esferas de influencia. No creo que la posición de ganancia relativa de poder pueda ser planteada en términos de un desafío. En ese sentido, China todavía es muy cautelosa. Sabe que todavía Estados Unidos tiene una gran importancia como poder geopolítico, económico y militar”, aseguró en declaraciones a PERFIL Sergio Cesarín, investigador del Conicet. Sin embargo, Beijing comenzó a medir fuerzas con Washington en la esfera internacional, disputándole comercialmente regiones enteras del globo y respondiendo con ferocidad a las críticas sobre las violaciones a los derechos humanos. Con una mirada sombría y pesimista sobre la pulseada política celebrada esta semana entre Obama y Hu, el analista político Charles Hurt aseguró en The New York Post que “el tigre chino se devoró a la paloma norteamericana” durante la cena privada entre los dos jefes de Estado. Pero Hurt no fue el único que advirtió el creciente poderío asiático en la cumbre bilateral. “Aunque China sigue siendo un país pobre, está creciendo rápidamente y dado su tamaño, está en camino de igualar a los Estados Unidos como una superpotencia económica”, consideró Paul Krugman en The New York Times.
El delicado equilibrio de fuerzas en la península coreana, las tensiones con Taiwán, el acoso a los disidentes chinos y el encarcelamiento del Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo tensaron durante los últimos meses la relación bilateral entre Washington y Beijing. Sin embargo, Obama, en una apuesta por erigirse como estadista internacional, enfatizó que la última cumbre “fijó los cimientos de la relación con China para los próximos treinta años”.
Con miles de millones de dólares en juego y la lucha por obtener más poder, China y Estados Unidos concluyeron ayer una cita que reeditó el encuentro de los ex presidentes Richard Nixon y Mao Tse Tung y la reunión protagonizada por Jimmy Carter y Deng Xiaoping. Pero, como nunca antes, el temor a una nueva Guerra Fría quedó flotando en el gélido aire de Washington

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