Tras las críticas, Rajoy se gana el apoyo del PP y deja solo a Aznar

Tras las críticas, Rajoy se gana el apoyo del PP y deja solo a Aznar
Por Martin Rodriguez Yebra

MADRID.- José María Aznar entró anoche al Congreso de los Diputados como en los años en que España marchaba a su ritmo. Rodeado de asesores y custodios, esquivando a decenas de periodistas ansiosos por descubrir un título de tapa detrás de cada frase suya.

Pero cuando llegó a la sala donde le tocaba hablar pudo darse cuenta de que algo sí había cambiado: entre los cientos de presentes sólo había un funcionario de segunda línea del gobierno, ningún presidente regional y escasas figuras de peso en el Partido Popular (PP).

Comprobó así el efecto del desafío público que lanzó la semana pasada al presidente del gobierno español, Mariano Rajoy: logró convulsionar el sistema político, pero también movilizó a su antiguo delfín a aglutinar a la primera plana del partido y a mostrarle que hoy quien manda es él.

Ayer Aznar y Rajoy parecieron dos duelistas a la distancia. El presidente dedicó buena parte del día a reunirse en la sede del PP con los "barones" del partido, que gobiernan la gran mayoría de las regiones de España.

Los había convocado para calmar sus reclamos financieros, en medio de fuertes tironeos por el permiso de déficit que dará el gobierno a cada comunidad autónoma.

El resultado estuvo lejos de ser exitoso en términos de gestión. Fue una reunión cargada de reproches entre los líderes regionales, con Rajoy como árbitro sin muchas armas para mediar.

Pero el presidente pudo mostrarse en las fotos rodeado de todo el aparato institucional del PP. Al término de la cumbre, todos firmaron un comunicado en el que reconocen que hoy "la situación económica es muy distinta a la de hace un año" gracias a la "agenda reformista" del gobierno.

Aznar había conmocionado al PP el martes pasado con una entrevista televisiva en la que criticó la "lánguida resignación" del gobierno ante la crisis económica, reclamó medidas urgentes (como una rebaja impositiva) y advirtió que no descarta volver a la política activa, de la que se había "jubilado" hace nueve años cuando dejó el Palacio de la Moncloa y cedió a Mariano Rajoy el liderazgo del partido.

Desde entonces, Rajoy busca neutralizar la rebelión. Los dirigentes top del partido hacen fila para renegar de Aznar, pese a que en la intimidad desconfían de las recetas del gobierno.

"De esto se sale con unidad. No hay camino que no sea el apoyo al presidente", insistió ayer la número dos del PP y jefa regional de Castilla La Mancha, María Dolores de Cospedal.

El turno de Aznar era al anochecer. Le tocaba presentar una serie de biografías que editó FAES, el think tank del PP que él preside.

En la sala llena, el único delegado de la Moncloa era el secretario de Relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón.

Los diputados presentes eran los aznaristas incondicionales, no había presidentes comunitarios y faltaron dirigentes de peso en el PP que hubieran sido habituales en cualquier presentación de Aznar semanas atrás (cuando, en cambio, no generaba una expectativa mediática comparable).

Proyecto nacional

Más moderado, Aznar leyó un discurso en el que abogó por convocar a los españoles "a un proyecto nacional que valga la pena" y, sin nombrarlo, llamó a Rajoy a usar la mayoría absoluta que tiene para impulsar reformas de fondo en el sistema creado en la transición. "Ahora hay una mayoría social renovada, que rechaza la división y la discordia; ese mismo deseo lo comparten los españoles y ése es el mandato que salió de las urnas (...) Incumplir el mandato sería inasumible", insistió. Y dejó un mensaje, algo a la defensiva: "Yo no estoy contra nadie; estoy con los españoles. No soy más que nadie; tampoco menos que nadie".

Ya al final, el presidente del Congreso, Jesús Posada, a quien por protocolo le tocaba cerrar la presentación, sobreactuó su apoyo al liderazgo de Rajoy, en un discurso que dejó más serio que de costumbre al protagonista central del acto..

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