Por: Eduardo AulicinoEn las filas oficialistas, con su jefe empecinado en la apuesta personal al 2011, sacan pecho y desafían: dicen que los peronistas desalineados no se animarán a dar pelea en la interna.
La disputa pone sobre la superficie dos cuestiones, íntimamente ligadas: los efectos prácticos que tendrá la reforma política, cuyo reglamentación es aún un interrogante, y el armado de cada sector para la eventual batalla en elecciones internas abiertas, simultáneas y obligatorias para los partidos, y también para los votantes.
Se ha dicho hasta ahora que el principal tema es el manejo de la Junta Electoral del PJ, dominio del kirchnerismo. Pero los duhaldistas no sólo ponen un ojo sobre ese organismo, que maneja aspectos centrales del juego interno y el control de los comicios partidarios, sino que le apuntan en especial a la definición de las políticas de alianzas.
Por eso, no le extrañó al duhaldismo que desde el kirchnerismo hablaran de modificar la Carta Orgánica del justicialismo en rápido trámite, cuando sea necesaria adaptarla a la llamada reforma política. Esa fue la respuesta a los amagues hechos por el peronismo crítico, que insinuó armar una alternativa propia más allá de las fronteras del PJ.
En rigor, fue Felipe Solá el más directo en esa línea, al afirmar que no existen garantías para la disputa interna. Duhalde también merodeó la idea, aunque sus allegados insisten con que está decidido a anotarse en esa carrera, con una advertencia: quiere reglas de juego claras.
Duhalde ha dicho en estos días a los dirigentes más cercanos que sería intolerable que el kirchnerismo "manipule" el armado de las alianzas antes de las internas. Creen que Kirchner puede convocar al Congreso Justicialista, donde tiene mayoría, y resolver con qué partidos y fuerzas amigas hace alianzas. Eso, por supuesto, determinaría de antemano no sólo el nombre de los socios, sino además el reparto de lugares en las listas legislativas. Los duhaldistas consideran que eso únicamente puede ser resuelto después de la competencia partidaria y que el criterio debe ser impuesto por el ganador.
Los tiempos indican que esa discusión es aún lejana, pero, en todo caso, el mensaje tiene un carácter preventivo. Recién después del Mundial, el tema comenzará a tener mayor volumen.
Entre tanto, hay chicanas y, sobre todo, movimientos para afirmar y ampliar posiciones en el territorio interno. En el primer rubro, se inscribe el tono desafiante de algunos referentes del oficialismo: "No se van a animar a la interna, porque hoy saben que pierden", resume un dirigente bonaerense. La respuesta es similar: "El problema será para ellos si vamos por afuera, porque a Kirchner no le sobra nada y va a perder muchos votos peronistas", afirma un ex legislador del mismo distrito. La discusión, por supuesto, no se agota en la Provincia.
Duhalde sabe que ese es su principal desafío, trabaja allí con los dirigentes más expuestos, entre ellos, varios de origen sindical, y evalúa que recién hacia fin de año podrán perfilarse alianzas concretas. Pero también mantiene contactos con el peronismo de otros distritos de peso: Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos.
Kirchner avanza rápido y de manera persistente con sus planes para el 2011. Hizo trabajar al Gobierno para coronar una iniciativa de carácter regional -la secretaría general de la Unasur- en función de aquel objetivo: cree que eso puede mejorar su imagen. En paralelo, vigila la interna: congeló cualquier discusión de alternativas en las estructuras alineadas del PJ. Casi a diario, además, analiza encuestas y proyecta sus pasos. Claro que, se sabe, en la mesa de arena sólo uno mueve a los jugadores, propios y ajenos.



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