La sucesión por la presidencia del Concejo Deliberante dejó en evidencia que la disputa política en nuestra ciudad no conoce de límites. ¿Como reaccionará la oposición?
En las últimas semanas se escribió mucho en relación a la elección de autoridades en el Concejo Deliberante. Hacer un repaso textual de las idas y vueltas de los voceros de cada fuerza política no sería de gran utilidad a la hora de realizar un análisis, mejor centrarse en los hechos. Las contradicciones son parte de la crisis “política” de nuestra ciudad.
Desde que la mayoría del Concejo decidió no renovarle la confianza a Baragiola, escándalo de por medio, y aceptó el nombre propuesto por el radicalismo, los cortocircuitos fueron permanentes.
Maiorano no resultó ser el pacificador y facilitador que esperaba el oficialismo. Resulta llamativo que se esperara ese rol de alguien con tan encendido discurso opositor. El ahora ex presidente fue coherente y previsible, actuó de acuerdo a su discurso.
El Frente para la Victoria no soportó el acuerdo entre el radicalismo y el macrismo, y con esa factura en la mano no dudó en correrle el cuerpo al hombre de la U.C.R. No es una disputa ideológica, Maiorano es un hombre al que justamente no se lo puede correr fácilmente por izquierda, pero los nombres no importan, lo importante es el proyecto.
El Frente Renovador balbuceó una queja ligada a lo “institucional”, pero la abstención quitó legitimidad a la postura. Los massistas tomaron muy mal que Maiorano designe a algunas personas de su confianza en cargos vacantes, pero la forma de expresar ese malestar fue por medio de una abstención. Resulta complicado explicar el impedimento de un bloque político para designar a un par al frente de un cuerpo deliberativo, más aún cuando, luego de no pocas negociaciones, se acepta ser parte de la mesa directiva de ese cuerpo.
Agrupación Atlántica actuó en tándem con el radicalismo. Respetó el “pacto de caballeros” que marcaba que el que ganaba las elecciones se llevaba la presidencia, y no asistió al discurso del Intendente en la apertura de sesiones.
El radicalismo perdió poco más que un ¿importante? lugar institucional, buscado más por lo simbólico que por lo efectivo, pero no deja de ser un nuevo golpe a su endeble equilibrio interno. Son muchos los tropiezos que el centenario partido viene sufriendo, y la acumulación quizás sea el principal problema. La falta de recambio de la figura de Baragiola, quien se mantuvo distante de este conflicto, hace que la U.C.R indudablemente pierda poder de fuego.
A todo esto se estarán preguntando: ¿Por qué Acción Marplatense fue por la presidencia?
Conviene ensayar tres respuestas: la primera es una cuestión de alineamientos electorales. Parece evidente e inevitable que Acción Marplatense competirá en la Primaria del Frente para la Victoria. Una lectura, quizás caprichosa, nos permite entender que la adhesión del “partido de la ciudad” al kirchnerismo hace indispensable un acuerdo de gobernabilidad, por más endeble que parezca.
La segunda respuesta es claramente cuantitativa y se relaciona con la primera: el kirchnerismo y Acción Maplatense reúnen 12 votos en el Concejo, los que resultan insuficientes a la hora de aprobar algunos proyectos claves, más allá de que los bloques opositores han sido permisivos. Con la presidencia en poder del concejal Ariel Ciano, el desempate ya no será una herramienta de negociación en manos opositoras.
La tercera es de carácter netamente electoral y seguramente es la más simple: todo lo que se pueda hacer para mermar al radicalismo es útil. Mañana se analizan nuevos escenarios o “adversarios”.
¿Qué hizo el radicalismo para merecer esto?
En primer lugar, no supo tejer una relación lo suficientemente confiable con los otros bloques opositores, incluso con el mismo FpV. Además no logró superar el cimbronazo que significó el escándalo de los videos de Baragiola y no fue capaz de recuperar la iniciativa política.
Es cierto también que el acuerdo con el PRO, formalizado con la foto de Baragiola junto con Vidal, generó rechazos. El massimo está herido, es un secreto a voces que algunos dirigentes radicales coquetearon con el Frente Renovador, y hasta soñaron con un interbloque opositor, ese sueño quedó hecho añicos.
Ya sea por necesidad (electoral), por revancha (política) o por oportunismo (propio del ser humano), todos los puentes se quemaron y ya no hay tiempo para reconstruirlos.
Ahora deberemos esperar si la oposición juega el último as que guarda debajo de la manga. Se empieza a construir una “mega” primaria opositora, en la que podrían confluir Carlos Arroyo y Vilma Baragiola, junto a otros candidatos. El paraguas podría ser la candidatura de Macri, aunque aún falta mucho para aventurar un escenario definitivo. El tiempo lo dirá.



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