Los economistas coinciden en que la era del dólar alto, que arrancó en 2002 y empezó a ceder en 2007 cuando el tipo de cambio empezó a operar como ancla para la suba de precios, no regresará.
Los consultores prevén que el dólar se ubicará entre los $ 4,10 y los $ 4,30 para diciembre de 2011, a pesar de que la inflación que proyectan para el año próximo está entre 28 y 30 por ciento.
Así, el “4 a 1”, a la hora de consumir, se sentirá muy parecido al “1 a 1” de los 90, siempre y cuando los ingresos de uno acompañen la suba de la inflación.
Como en los 90, quienes perciban salarios que suban al ritmo de los precios –por ejemplo, los trabajadores bajo convenio con sindicatos fuertes–se sentirán más “ricos” en términos de dólares. Una noche en un hotel de tres estrellas en Miami se consigue por US$ 90 (es decir, $ 360), mientras que en Pinamar un hotel similar ya tarifa $ 300.
Por supuesto, para jubilados, pensionados, trabajadores fuera de convenio o profesionales autónomos que no puedan trasladar la inflación de 30% a sus clientes, la percepción será que no sólo Miami es caro sino que la Costa Atlántica también se ha tornado inaccesible.
Si los precios aumentan a un ritmo de 30% y el dólar sube entre 2,5 y 7,5 %, guardar dólares bajo el colchón significará perder más de 20% en términos de poder de compra.
¿Eso significa que no hay que comprar dólares? Depende. Si la idea es guardar una suma de dinero durante un año o menos y obtener ganancias, sin duda, atesorar dólares no es aconsejable. Incluso si no se quiere recurrir a inversiones de mayor riesgo como acciones o bonos, es recomendable optar por un depósito a plazo fijo en pesos que, al menos, hará que el poder de compra de lo ahorrado se evapore menos (rinden alrededor de 11,5% anual contra 7,5% que, en el pronóstico más optimista, arrojará el dólar).
Sin embargo, para quienes ahorran para alcanzar el mínimo necesario, por ejemplo, para acceder a un crédito hipotecario y adquirir su primera vivienda –un público conservador, que no suele conocer la operatoria de los mercados y que no puede asumir los costos de las comisiones que implica operar–, comprar dólares seguirá siendo una práctica válida.
En cualquier caso, en un contexto de alta inflación y dólar casi planchado, la principal tentación para los pequeños ahorristas será volcar sus excedentes a consumo.
Comentá la nota