Paula Alderete es la única experta en operar el microscopio electrónico certificado con normas ISO del organismo. Los otros casos.
¿Por qué explotó una caldera? ¿Qué falló? ¿Qué puede aportar una muestra balística para resolver un crimen? ¿En una prenda hay plomo? ¿Por qué se rompió un motor industrial? ¿Cuánta vida útil le queda a los materiales que se usan en las centrales nucleares? Esos eran algunos de los interrogantes que Paula Alderete ayudaba a resolver con su trabajo en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Era la única empleada que tenía la pericia para manipular el único microscopio electrónico de barrido con acreditación en normas ISO 9001 e ISO 17025 – una certificación poco común– que había en el organismo hasta que fue despedida el 30 de junio a través de una notificación del sistema Gestión Documental Electrónica (GDE), que usan los organismos públicos.
El testimonio de Paula Alderete contradice, al menos, dos argumentos libertarios. Uno, el que dio el presidente de la CNEA, Martín Porro, que luego de los despidos dijo que “ningún operador licenciado, investigador, ni personal especializado fue desvinculado”. Dos, el que sostiene el presidente Javier Milei acerca de la improductividad de los organismos públicos en detrimento de la eficiencia privada: en el laboratorio, Paula también trabajaba con muestras que le llevaban empresas que no eran estatales.
“Mi trabajo consistía en operar el microscopio electrónico de barrido y los usuarios venían con sus muestras. Yo las preparaba, las montaba y mirábamos, desde aleaciones para aplicación nuclear hasta combustibles, células, polímeros, cerámicos e infinidad de muestras”, le cuenta Paula a Página/12. Y explica: “Es importante porque cada una de esas muestras viene con una investigación adyacente. Alguien que está desarrollando algo, incluso también las empresas privadas. A veces, tienen un problema puntual a resolver o tienen cuestiones de calidad a las que responder y nosotros facilitamos esas respuestas. También saber por qué las cosas fallan”.
Paula Alderete tiene 31 años y hace más de tres que trabajaba en el laboratorio del Centro Atómico Constituyentes. Cobraba 683.000 pesos por mes y tenía un contrato que, en los últimos años, se renovaba cada tres meses. “A veces uno hace algunas otras cositas por fuera para sumar plata, algún tipo de emprendimiento, pero la realidad es que me gusta muchísimo mi trabajo”, cuenta. El 31 de junio se enteró que el 1 de julio ya no podría entrar más porque no se le habían renovado. “Estos días los estoy pasando con angustia y ansiedad en partes iguales. Estoy con poco apetito, con pocas horas de sueño, pero tratando de estar lo más entera posible para visibilizar la situación y poder revertir mi despido y el de otros compañeros, que también son importantes en su tarea y labor”.
Ayer, en las redes sociales circuló una imagen del laboratorio vacío y el microscopio apagado. Una muestra del desmantelamiento a la ciencia que lleva adelante el gobierno de Javier Milei. “Espero que con estas situaciones se visibilice y se entienda la importancia que tiene la CNEA, es importante que nosotros como argentinos sigamos teniendo la Comisión, que sigamos desarrollando, que sigamos investigando, eso nos hace un país soberano”, resalta.
El martes, Martín Porro sostuvo que “no hubo despido de científicos”. A través de un posteo en X indicó que se trataba de personal administrativo. Algo que fue desmentido rápidamente Paula en esa misma red social. “Que mi tuit haya generado tanta visibilización me genera bastante vergüenza porque soy una persona de perfil bajo, pero estar en la situación de que había sido desvinculada, haber estado en sede y haber visto cómo él se fue custodiado por Gendarmería después de estar horas encerrado en su despacho me pareció indignante. No podía no responder, indicarle que la realidad era otra”, recuerda.
Pero hay más casos que desnudan la falacia del presidente del organismo. Como los de Lucas Di Donatis, ingeniero químico, y Alejandro Valentín Coria, ingeniero electrónico; ambos egresados de de la Universidad Nacional de Mar del Plata y trabajadores de la Gerencia de Área CAREM, el primer reactor nuclear de potencia diseñado y desarrollado integralmente en Argentina que Milei paralizó. O el de Leila Cantera, que estaba en la Gerencia de Área Reactor Argentino Multipropósito (RA-10) en el Centro Atómico Ezeiza. O el de Carla Melisa Navazzotti, licenciada en RR.HH., con un posgrado en Ingeniería Gerencial. “Me generó bastante indignación ese tuit porque es mentira. Si no fue Porro el que hizo los despidos y mandó a despedir, la persona que lo hizo no tiene idea de a quiénes están desvinculando, no tiene ni idea. Hay ingenieros que han sido despedidos en Bariloche, gente ultra especializada en labores administrativas”, agrega Paula.
Desde el martes, la comunidad científica se está manifestando para revertir los despidos y para denunciar el ataque a la soberanía que lleva adelante La Libertad Avanza para facilitar las privatizaciones y colaborar con los intereses de Estados Unidos, que sigue muy de cerca el desarrollo nuclear argentino. “Tratamos de hacer nuestro país un poquito mejor de lo que estaba. A pesar de las crisis, a pesar de todo, la ciencia tiene que seguir. Es importantísimo para nosotros y para las futuras generaciones también”, cierra Paula.

Comentá la nota