Las tibiezas de algunos y los desaciertos de otros Llevarían a una polarización

Mientras los responsables de ejercer conducción tienen que extremar esfuerzos para contener a algunos ansiosos al límite del desborde, ávidos de sacar una ventaja a partir del dicho que sostiene que “el que pega primero pega dos veces”, las fuerzas políticas comienzan a “orejear” naipes y a proyectar cimientos de lo que será la futura construcción política, la estructura que les permitirá afrontar los compromisos electorales que se aproximan.
Aunque los potenciales contendientes no comenzaron siquiera a calentar motores para encender luz verde y largar la carrera electoral, en los partidos se observa movimiento interno que, en algunos casos, se deja reflejar mediáticamente en forma de mensajes direccionados a eventuales adversarios internos o externos, con el simple propósito de solidificar una plataforma que posicione a tal o cual apellido con cierta ventaja (por más relativa que sea) en la grilla de partida, pues se sabe que no todos comienzan la competencia en igualdad de condiciones y, en este marco, siempre se busca ganar el lado más limpio de la pista o como los amantes de los fierros definen “la cuerda”, para llegar mejor asentado a la primera curva.

Las tímidas convocatorias de las fuerzas partidarias emergentes, habilitan a un pronóstico inicial de lo que podría ser el futuro escenario electoral, pues hasta aquí parecen estar dispuestas a desempeñar el rol de partener, acompañando alguna alianza. A ello se suma el emblemático caso del deshilachado Frente Primero Jujuy, que poco a poco se fue diluyendo entre sus limitaciones y falta de propuestas, demostrando, según se pudo ver, que no alcanza con lograr agrupar a un conjunto de dirigentes (la mayoría de ellos apartados de otras fuerzas) para constituirse en una alternativa con posibilidades reales de acceder a los espacios de poder y sostener una proyección a futuro. Resulta clave entonces, exponer pergaminos, proceder en unidad y privilegiar cierta coherencia de conducta, pues no es suficiente con el sólo hecho mostrar en los medios de comunicación un mensaje y una estética capaz de representar el cambio y la renovación que se pregona.

Así las cosas, la cuestión parecería, una vez más, polarizarse entre el justicialismo y el radicalismo, cada uno como principal componente de un frente electoral, no sólo por una cuestión de historia o peso específico, sino porque las otras alternativas se presentan a esta altura como muy livianas para hilvanar un proyecto alternativo serio y capaz de seducir al electorado jujeño.

CAPITALIZAR

Y AGUARDAR

Por otra parte, de un ágil análisis de la línea discursiva que sostienen referentes radicales, se desprende que el centenario partido podría mostrar en los meses por venir una estrategia de similares características a la implementada el año pasado, puesto que para una contienda por cargos parlamentarios, bien puede volver a apuntar sus cañones principales a capitalizar fuerzas en el ámbito legislativo y conservar el mayor número de bancas posibles, de modo que pueda seguir sosteniendo un rol de peso en el escenario político, aguardando que el encanto popular con Cristina Fernández de Kirchner en algún momento llegue a su fin para potenciar posibilidades de éxito.

La estrategia pasada podría ser replicada (por más que los resultados en el concierto nacional sean motivo de desgastante discusión y férreo cuestionamiento) a tal punto que las primeras miradas comienzan a posarse en la figura de Mario Fiad, uno de los rostros nuevos de la UCR, cuya figura política encuentra sustento en performances satisfactorias toda vez que le tocó encabezar una propuesta electoral. Desde ya, hay otros dirigentes que cargaron (y están dispuestos a hacerlo nuevamente) sobre sus espaldas la pesada carga de campaña, pero muy particularmente Fiad cargó la mayor parte de la erosiva tarea de construir un mensaje de renovación en las últimas dos elecciones, en un contexto en el cual la gente (la de afuera y la de adentro del partido) parece no querer cambiar.

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