Se trata de Mauro Alejandro Rodríguez. Su madre, Zulma Correa, denunció ante la Justicia las graves lesiones que sufrió el jueves 11 de julio. Asegura que un efectivo del servicio penitenciario, en una celda, provocó el fuego que luego alcanzó a su hijo de 26 años.
Rodríguez contaba con el beneficio de libertad condicional -está condenado por el delito de robo calificado-. Según lo denunciado por su madre, un error administrativo hizo que su hijo vuelva a la cárcel ubicada en avenida 3 de Abril 57 de Capital.
El lunes pasado Correa presentó un hábeas corpus correctivo por agravamiento de sus condiciones de detención. Asimismo ante el fiscal de Instrucción, Gustavo Roubineau, realizó una denuncia por las lesiones y los malos tratos.
“Mi hijo estaba pagando por lo que hizo. No es justo que una persona resentida actúe con cobardía y saña. No voy a parar hasta que se haga justicia ya que a mi hijo lo dejaron discapacitado ya que las quemaduras alcanzaron las manos, los brazos, la cara y las orejas -ver foto margen inferior derecho-”, dijo con indignación la mujer.
La víctima tiene una condena por robo calificado, cuyo agotamiento efectivo se cumple en febrero de 2014, pero desde noviembre de 2011 gozaba del beneficio de la libertad condicional, cumpliendo todos los recaudos que la Ley impone, firmando mensualmente la planilla que requiere tanto el Juzgado de Ejecución de Condena como el Patronato de Liberados.
Según lo manifestado por Correa, por razones que se desconocen, se traspapelaron las planillas con la firma del último mes -junio-(durante ese mes estuvo con problemas renales que determinaron su salud y motivaron visitas e internaciones en la guardia del Hospital Escuela).
Cuando se presenta a firmar al juzgado en Feria (Juzgado de Instrucción 1) el pasado miércoles 10 de julio, lo espera personal policial que lo detiene, informándole que tiene orden de captura y que está revocada su libertad condicional y lo devuelve a la Unidad 1.
Correa continúa el relato informando que “durante todo el día miércoles permanece en la celaduría que insistentemente le manifestaba al oficial Leiva, de servicio, que no quería ser alojado en los calabozos ya que allí hay internos conflictivos, con problemas de conducta, de adicciones y que están aislados del resto de la población, que él estaba por un problema administrativo, que no había podido resolver sólo por la feria judicial pero que estaba por solucionarlo lo antes posible”.
Además comento que “el jueves 11, el jefe de seguridad interna -de la U1-, Diego Fernández, dispuso alojarlo en los calabozos, en una celda de aislamiento. Ese mismo día, identifica entre el personal penitenciario a Carlos Fernández, a quien conoce por razones de vecindad y con quien tuvo un incidente tras un gresca callejera por ruidos molestos en un baile familiar. Este penitenciario ya le había advertido que iba a hacer lo posible para que regresara a la unidad y que allí lo iba a pasar mal. La noche del 11 de julio, Carlos Fernández estaba de guardia y todo el tiempo hubo hostigamiento y maltrato verbal en el tiempo que estuvo de recreo fuera de la celda”, describió la mujer.
También agregó que “un poco más tarde, luego que lo encierran, ve que por el hueco del pasaplatos le tiran pedacitos de gomaespuma encendidos, que terminan tomando contra el colchón. Desconoce si había personal penitenciario o internos deambulando en el interior del calabozo, ya que él estaba encerrado en la celda de aislamiento. Entre el humo y las quemaduras, se trepa a la ventanita de su celda, y grita pidiendo ayuda. Siente que se asfixia, le arden las orejas, la cara y las manos. Finalmente esa misma guardia, lo saca del calabozo y tras una nueva golpiza lo llevan al sector de sanidad. A media mañana del viernes 12 de julio es trasladado al hospital para ser atendido por los médicos”.
El interno tiene quemaduras en las orejas, la cara y las manos. Actualmente permanece alojado en la enfermería del penal, y el servicio penitenciario ha iniciado actuaciones y comunicó al juzgado que Mauro Rodríguez debió ser atendido en el Hospital Escuela por haberse infringido autolesiones. Bajo estas condiciones no está garantizada de ninguna manera su recuperación por las quemaduras, su salud ya deteriorada por el problema renal de larga data, tampoco su integridad física y su vida está en serio en riesgo.
Hasta que se resuelva el tema de fondo de la libertad condicional, solicita ser trasladado a un nosocomio, con atención médica acorde a su cuadro renal, agravado por las lesiones, quemaduras y daños ocasionados por el maltrato penitenciario del jueves 11 del presente mes. “Cumplía a raja tabla las cuestiones administrativas relacionadas la libertad condicional. Él más que nadie trataba de seguir con el régimen. Lamentablemente cuando se presenta a firmar lo detienen. Tenemos todas las constancias de que mi hijo cumplió con todo. Creo que aquí hay cuestiones graves que el Estado debe hacerse cargo”, finalizó Correa.

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