Con temor, Egipto se prepara para el fin de la era Mubarak

Con temor, Egipto se prepara para el fin de la era Mubarak
Crece la incertidumbre sobre la sucesión del presidente en un país clave para la región
EL CAIRO.- No es Cuba. Tiene una alianza histórica y una necesidad mutua con Estados Unidos. Una reforma económica liberal permitió su crecimiento constante en los últimos años. Su capital es el corazón cultural de la región. Varios partidos, además del poderoso oficialismo, participan de las elecciones. Las críticas al gobierno están limitadas por una restrictiva ley, pero son permitidas.

Sin embargo, hoy, El Cairo parece La Habana de casi cuatro años atrás.

Como sucedió en 2006 con Fidel Castro, el secreto sobre la salud del presidente Hosni Mubarak, de 81 años, alimenta intrigas en Internet, temblores en los mercados, movidas políticas en la oposición. E incertidumbre en gran parte del mundo sobre el futuro de una de las naciones más grandes e influyentes del mundo árabe y una de las más decisivas en el conflicto entre palestinos e israelíes.

El misterio sobre si ha comenzado el fin de la era Mubarak se gestó a principios de marzo en Alemania, cuando, súbitamente, el presidente debió ser operado de la vesícula y nada más se supo de él.

Al principio poco hizo el gobierno para acallar los rumores de su muerte y la incertidumbre que generaron en el mundo. Mientras tanto, en la calle, los egipcios hablaban de los posibles sucesores . En el Parlamento, la oposición exigía liberalizar el sistema electoral y reformar la Constitución, y en la Bolsa las acciones se derrumbaban.

El 16 de marzo el gobierno reaccionó a la usanza cubana: difundió imágenes de un sonriente Mubarak hablando con sus médicos. El presidente estaba débil pero vivo.

Diez días más tarde regresó a El Cairo, pero las intrigas sobre si será candidato en las elecciones de 2011 y la incertidumbre sobre cómo hará el oficialista Partido Nacional Democrático (PND) para mantener su poder no han desaparecido. De no presentarse Mubarak, el casi hegemónico PND podría resolver su candidatura a la usanza de Cuba y de varios países árabes: con la sucesión familiar.

El elegido

Gamal Mubarak, de 47 años, es el hijo que Hosni prepara desde hace décadas para sucederlo. Un traspaso de poder entre padre e hijo permitiría a los Mubarak continuar con un gobierno semiautoritario que comenzó hace 29 años, cuando, en 1981, el entonces vicepresidente asumió el poder tras el asesinato de Anwar el-Sadat.

Gamal, un ex banquero, está desde hace años en boca de todos, y también en ojos de todos. Sus gigantografías acompañan los cientos de fotos de su padre que decoran las calles y rutas egipcias. Sin embargo, su candidatura no es una certeza. "Dentro del partido no hay una oposición objetiva a Gamal. Pero él tiene un gran problema: es el hijo de Hosni. Y eso no cae bien", dijo a un grupo de periodistas argentinos Abdel-Moneim Said Aly, presidente de Al-Ahram, el mayor grupo de medios de Egipto.

Si Gamal no logra superar las reticencias de su partido, el candidato oficialista podría ser uno de los jefes de inteligencia más poderosos del mundo árabe, Omar Suleimán.

El director de los servicios de espionaje egipcios es miembro del círculo más estrecho de Mubarak y también un protagonista determinante de las negociaciones entre palestinos e israelíes. Pero Suleimán tiene 70 años, una edad poco atractiva en un país donde más del 50% de la población tiene menos de 35 años.

Envalentonada por el misterio sobre el candidato, la oposición exige garantías de que las elecciones de 2011 serán limpias y abiertas.

La esperanza de poder algún día derrotar a uno de los partidos más dominantes del mundo árabe recibió, hace poco más de un mes, el mayor espaldarazo en mucho tiempo. Mohammed el-Baradei, ex presidente del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y premio Nobel de la Paz, anunció que estaba dispuesto a ser candidato.

Tal fue la ilusión opositora que miles de egipcios recibieron a El-Baradei en el aeropuerto en febrero, cuando volvió después de años de ausencia. Fue una manifestación inusual en un país donde las marchas están prohibidas o son infiltradas por el gobierno.

"El-Baradei suma a la política egipcia un sabor que nunca antes había tenido, el de los dirigentes de alta reputación", dijo Said Aly.

Constitucionalmente, el ex jefe del OIEA no puede ser candidato porque es independiente; para serlo, tiene que sumarse a algún partido y él rechaza la opción. Por eso, reclama las reformas necesarias para postularse.

De Gaza a Egipto

Los eventuales cambios no sólo podrían beneficiar a la fragmentada oposición secular, sino también a la religiosa, que, como en el resto de la región, crece sin pausa a fuerza de presencia social.

"Los partidos islamistas emergieron como la más potente oposición en todo el mundo árabe. Es por eso que probablemente las próximas elecciones no desemboquen en cambios, ya que el régimen está respaldado por un Occidente que cree que una verdadera apertura democrática llevaría a los islamistas al poder", dijo a LA NACION el activista de derechos humanos Moheb Zaki.

Eso sucedió con Hamas en Gaza, en 2006, y eso podría ocurrir con la Hermandad Musulmana en Egipto.

Creada en 1928, la Hermandad es uno de los mayores movimientos islamistas de la región. Reniega públicamente de la violencia y presiona por una mayor apertura política.

Sin embargo, postula al islam como "la solución" para Egipto y propone un gobierno basado en la moral. En un país bajo su control, las mujeres y los no musulmanes no ocuparían cargos públicos; el alcohol y las apuestas serían duramente castigados; los críticos del islam tendrían la entrada prohibida.

La posibilidad de semejante escenario inquieta al gobierno. Pero en una nación cada vez más religiosa, donde las tiendas de hijabs, nikabs y abayas conviven con negocios de Kentucky Fried Chicken o Adidas, las propuestas de la Hermandad ganan popularidad .

"En los 60 o los 50 Egipto estaba totalmente occidentalizado. Sin embargo, la migración de millones de egipcios hacia el Golfo por el petróleo y su posterior retorno al país cambiaron nuestro tejido social. Esa cultura religiosa penetró agresivamente en el país", dijo el ministro de Cultura egipcio, Farouk Hosny.

En escuelas, hospitales o mezquitas, la presencia de la Hermandad creció tanto que, en 2005, ocurrió lo que el gobierno ahora quiere evitar: el movimiento logró el 20% de los votos en los comicios parlamentarios.

Las preocupaciones

Más que su futuro presidente, lo que desvela a los egipcios es el precio de la comida, que se encarece a un inusual 13% anual; las universidades atestadas de alumnos que al graduarse no encuentran trabajo; los hospitales destartalados, y los servicios públicos que apenas funcionan.

"Mantener la estabilidad de Egipto es el mayor desafío de nuestro próximo líder", dijo Said Aly. De otra forma, el nivel de vida de los egipcios podría empeorar, una posibilidad que ubicaría al país que se precia de ser un poderoso y decisivo eslabón entre Occidente y Medio Oriente al borde de la movilización social.

"La gran pregunta hoy es ¿qué sucederá cuando la gente toque fondo? Creo que allí sí tomarían las calles", dijo a LA NACION Holger Albrecht, profesor de la Universidad Americana de El Cairo. En ese caso, Egipto no sólo será testigo del probable fin de una era, sino también de un levantamiento casi único en el mundo árabe.

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