El arranque del nuevo gobierno brasileño
El flamante ministro de Hacienda Henrique Meirelles hizo anuncios sobre reformas previsional y laboral, pero no dio datos concretos. Admitió que no se reducirá la carga impositiva sino que habrá nuevos impuestos. La bolsa reaccionó con una fuerte baja y aumentó el dólar.
El flamante ministro de Hacienda Henrique Meirelles tiene una historia de éxitos. Como titular del Banco Central en las dos gestiones del ex presidente Lula da Silva, compartió la conducción de la economía en esos 8 años. Es más: a él se le atribuye la estabilidad conseguida entre 2003 y 2010. Sólo que ahora todo es diferente. Si en aquella época se benefició del boom de las commodities, además de vivir a expensas de la popularidad del ex gobernante y de su fuerza política, ahora le toca ejercer el comando del ministerio más importante –el de Hacienda—en un momento muy crítico. Sin contar con el carisma de su antiguo jefe, y con la “ilegitimidad” que ensombrece la gestión del “nuevo”, el presidente interino Michel Temer, los resultados podrán ser adversos.
De hecho, Meirelles demostró ayer en conferencia de prensa ante decenas de periodistas brasileños y extranjeros, que entró en campo minado sin saber dónde están las bombas. Sencillamente lo dijo: “No sé exactamente los números de las cuentas públicas”. Del otro lado, la recepción de los mercados distó de ser la de “confianza”, que según la periodistas del diario Valor Económico Claudia Saffatle, “es la clave” que debe regir la gestión del nuevo funcionario. Lejos de lo que ocurrió las últimas semanas, con el precio del dólar que se desplomaba, al final de este viernes se asentó la tendencia contraria: el real se desvalorizó ante la divisa norteamericana que aumentó 2,26% en las últimas 48 horas. Es el tiempo que lleva instalado el “interino” en las oficinas de la presidenta alejada de sus funciones Dilma Rousseff. El reproche por la ausencia de medidas concretos fue muy rotundo en la bolsa que después del mensaje a 3,2% para recomponerse apenas y cerrar 2,7% abajo.
En su primera presentación ante los periodistas como comandante de Hacienda, el ministro pecó de ambigüedad. Pero también demostró que puede borrar con su codo los compromisos que el grupo de Temer escribió con la mano. Uno de los temas más sensibles para el empresariado, sobre todo el paulista, consiste en la “reducción de costos”. A saber, una baja de la carga impositiva y una reforma laboral (flexibilización) a medida de ese requerimiento. Las primeras palabras de Meirelles parecieron alentadoras: “El nivel tributario de Brasil es muy elevado y, para que la economía vuelva a crecer de forma sostenida, es importante la meta de disminución de los gravámenes”. Pero la segunda parte de su discurso aplanó esa idea: “Pero tenemos que dar prioridad a la cuestión de la deuda pública y su crecimiento a niveles insustentables. Claro que cualquier nuevo tributo será temporario”. En síntesis: afirmó que irá a pedir al Congreso que le apruebe la llamada Contribución Provisoria al Movimiento Financiero (o CPMF). Esa había sido la demanda de la presidenta Rousseff, desde fines del año pasado. Pero encontró un muro alto de resistencia en el Parlamento. Es más: el gran apoyo que la FIESP (la federación empresarial de San Pablo) le dio al proceso de impeachment, con su jefe Paulo Skaf a la cabeza, se basó justamente en el rechazo a ese gravamen. El impuesto implica que cada vez que hay una operación de tarjeta de crédito, por ejemplo, se cobra una tasa del orden del 6%. Es una herramienta recesiva.
Temer, y por lo tanto su ministro Meirelles, parecen haber entrado con el pie izquierdo. Dos de los compromisos del vicepresidente devenido jefe de Estado, era apurar la reforma de las leyes que rigen el mundo laboral y la previsión social. En el primer caso, el ex vice acaba de enfrentar un delicado problema. Una parte esencial de su base de apoyo, especialmente en la capital paulista y sus alrededores, es el Partido Solidaridad manejado por el dirigente gremial y diputado Paulo Pereira da Silva, más conocido como Paulinho. Ayer, el hombre tronó: “Las declaraciones del ministro Meirelles son insólitas”. Y agregó enojadísimo: “Son inaceptables esas propuestas porque perjudican a quien ingresa más temprano al mercado de trabajo, o sea, la mayoría de los obreros brasileños”. También es cierto que su conglomerado de operarios, bajo la égida de Fuerza Sindical, lo convirtió a Paulinho en el hombre más próximo al ex jefe de la Cámara Baja, el diputado Eduardo Cunha. Los medios informaron que a pesar de tener una fuerza de 14 legisladores en su bloque –lo que no es un exceso—el dirigente gremial tiene una “influencia considerable” en lo que aquí se llama el “bajo clero” de ese cuerpo (y que representa más de 60% de las fuerzas legislativas). No dejó de enfilar su dedo a Temer: “Creemos que seguirá los caminos acordados con los trabajadores y las centrales sindicales en las reuniones realizadas recientemente”; es decir, en el lapso en el que se tramó el esquema de votación del juicio político contra la jefa de Estado.
Meirelles, en la cita con la prensa, no fue tan categórico en cuanto a la posibilidad de hacer votar rápidamente esas reformas reclamadas por los dueños del poder económico. “Habrá una edad mínima para acceder a la jubilación”, que hoy prácticamente no existe por las características del mercado laboral del país: aquí se comienza a trabajar muy tempranamente y por eso, la gente se jubila según el tiempo de servicio. Estos apenas son algunos ejemplos de las dificultades que enfrentarán tanto Temer como Meirelles para imponer proyectos que son del interés de los mercados.



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