En la presentación del presupusto para el 2014 de su área, en la Legislatura porteña, el ministro de Cultura, Hernán Lombardi, destacó que una de las prioridades de su gestión es el Teatro Gral San Martin. Sin embargo, los trajadores de ese centro cultural aseguran que las condiciones de los trabajadores son cada vez peores.
Hace ya unos años que los trabajadores y artistas vienen advirtiendo sobre las condiciones del Teatro San Martín. Diario Z retrató en varias oportunidades una situación que no ha cambiado, a pesar de que el ministro de Cultura reitere los planes del gobierno porteño para la “puesta en valor” del teatro. El latiguillo fue prometido tres veces de que Mauricio Macri asumió la jefatura de Gobierno: planes ambiciosos de remodelación frenados, venta de terrenos e inmuebles públicos para reanudar las obras, incorporación de sponsors (como el Banco Ciudad) para alivianar la carga sobre el Tesoro porteño.
Según comentaron fuentes del teatro, desde hace varios días que los ascensores no funcionan. “Quizá algún día tenés suerte, pero la mayor parte del tiempo están frenados… yo trabajo en el séptimo piso y tengo que subir y bajar todos los días por escalera”, cuenta una empleada, quien además asegura que los baños rara vez tienen agua y los propios empleados tienen que comprar el papel higiénico.
Los inconvenientes son hasta insólitos. Todos los empleados de los desguasados talleres de producción propia saben que muchas veces tienen que comprar materiales con su propio bolsillo para poder culminar las tareas. Algunos se cansaron de cambiar los tubos fluorescentes con su plata y varias áreas quedaron sin luz. Por ejemplo, el depósito donde quedan los trastos de producciones anteriores tiene que ser utilizado antes de las 13 hs, que es cuando ingresa el último rayo de sol a través de los respiraderos.
Estas complicaciones conviven con retrasos en el pago de haberes, que sobre todo afectan a los contratados. Hay producciones del año pasado (como Cachafaz, una ópera del ciclo de Música Contemporánea que se estrenó en noviembre de 2012) que todavía no vieron ni un peso y que como respuesta reciben evasivas de la dirección del teatro: “Si Hacienda no baja la plata, nosotros no podemos hacer nada porque no hay presupuesto”.


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