Táchira, el bastión opositor que se subleva contra Maduro

San Cristóbal, la capital estatal, parece un campo de batalla, con barricadas y trampas; decapitan una estatua de Chávez
"Bienvenido a esta tierra dolorida." A Graciela se le aguan los ojos, porque su tierra le duele. Táchira, estado fronterizo con Colombia, protagoniza una sublevación popular contra el presidente venezolano, Nicolás Maduro, desde hace tres semanas. Parece el campo de una batalla por venir.

La chispa que prendió el fuego en la capital del estado, San Cristóbal, surgió de la forma más insospechada: el intento de violación contra una joven estudiante de la Universidad de Los Andes en el Jardín Botánico, utilizado como atajo para acceder a la casa de estudios. Y con muchos malandros (delincuentes) a la caza de nuevas víctimas.

Pocas horas después del suceso, el pasado 5, los estudiantes tomaron la calle, hartos de la inseguridad que ha convertido a Venezuela en el segundo país más salvaje del planeta (con casi 25.000 homicidios en 2013). Al día siguiente, repitieron la operación, armados con la fe de los que están convencidos. Y hartos.

Después llegaron los primeros enfrentamientos y la detención de cinco estudiantes, trasladados a una cárcel del interior del país. Cuando soltaron a cuatro de ellos, ya no cabía la marcha atrás. Maduro ordenó la militarización del estado y dos aviones de guerra sobrevolaron la capital. El presidente amenazó incluso con decretar el estado de excepción.

Hoy, San Cristóbal cambió, ya nada será igual en la República Independiente de Gochilandia, como ellos mismos la denominan. Gocho es un gentilicio mítico en Venezuela: los más valientes, los más tozudos. El dictador Pérez Jiménez y el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez nacieron en estas tierras arrechas (corajudas).

El bastión del antichavismo no quiere al "hijo de Chávez". En las elecciones presidenciales del año pasado, Henrique Capriles lo aventajó en Táchira por casi 26 puntos (62,8% del opositor contra 36,9% del chavista). En la capital, la diferencia se disparó por encima de 46 puntos.

El atrevimiento de los rebeldes no respetó ayer ni el principal símbolo del chavismo: Hugo Chávez. La estatua del "comandante supremo" en San Antonio, municipio fronterizo con Cúcuta, amaneció degollada y con la cabeza cortada a varios metros. La gobernación procedió de inmediato a retirarla.

"A la gente le hierve la sangre. Y nuestra sangre es gocha", dice La Resistencia ("llámanos así, en esta barricada somos 20"), en el barrio capitalino de Santa Teresa. "Cuando los dos aviones de guerra de Maduro sobrevolaron la ciudad, salimos a la calle con las cacerolas hasta que los callamos", describe el que lleva la voz cantante, con el rostro cubierto de tizne negro tras pasar la noche avivando las fogatas.

Sólo en este barrio se levantan 21 obstáculos que impiden la circulación, con 2000 voluntarios los mantienen vivos.

Barrios como San José Obrero, Pueblo Nuevo, Los Teques o Sucre aparecen cortados por múltiples barricadas, construidas con basura, muebles viejos, piedras, alambradas de púas, cascos rotos de botellas. Algunas esconden trampas: varas de acero clavadas en el suelo con la ayuda de un taladro o tapas de alcantarilla arrancadas.

Detrás de las pequeñas murallas improvisadas contra el chavismo no sólo están estudiantes o jóvenes rebeldes. También ingenieros, maestros, taxistas y amas de casa. Casi todos a una. Ni siquiera el "salvoconducto" del reportero extranjero garantiza el paso: "¿Eres de los periodistas buenos o de los malos?".

Las consignas corren a través de WhatsApp, el chat de Blackberry o Twitter, incluso walkie talkies entre los más organizados. "Orgulloso de ser guarimbero", otro término criollo que identifica a los que se enfrentan en la calle a las fuerzas policiales y militares.

La ciudad está paralizada. Pocos comercios se atreven a abrir y quienes lo hacen tienen poco para vender. Escasea la comida, faltan aceite y azúcar. Los bancos llevan días sin abrir y los cajeros automáticos están vacíos. El transporte público ni aparece. Sólo algunas estaciones de servicio venden combustible de vez en cuando.

Una tregua de varias horas provocó ayer las corridas de un lado a otro de la ciudad. Algunas barricadas se abrieron al tránsito para dar paso a colas kilométricas, como la del mercado estatal Bicentenario, donde era necesario inscribirse previamente.

En el supermercado Baratta había más de 200 metros de cola. "Llevamos desde las 6.30 [casi una hora y media] y lo que nos falta." Reitty Zambrano, de 34 años, exhibe su camiseta del Barcelona y una sonrisa, pese a todo. Este abogado se convierte en vocero de un grupo de ciudadanos con quienes comparte la espera.

Un diálogo sin desperdicio entre los buscadores de comida y el periodista: "¿Qué van a comprar? Lo que haya, chamo. ¿Y hasta cuándo? Tenemos que seguir, hay que presionar contra el gobierno. No nos doblegamos".

Carmen González tampoco se doblega, pese a que camina con mirada perdida detrás del féretro de su hijo. Jimmy Vargas murió el lunes en su huida de la Guardia Nacional, mientras le disparaban perdigones y le lanzaban bombas lacrimógenas. Intentó saltar de un tejado y se cayó.

"Me lo mataron. No podía respirar, trató de bajar y se cayó. Todavía en el suelo y seguían lanzando lacrimógenos", acusó González mientras la comitiva lanzaba gritos acusadores: "¡Maduro, asesino!".

LA OPOSICIÓN RECHAZÓ EL DIÁLOGO

La oposición venezolana rechazó ayer asistir al diálogo convocado por Nicolás Maduro luego de semanas de protestas.

"No nos prestamos para un simulacro de diálogo que desemboque en una burla a nuestros compatriotas", dijo en un comunicado Ramón Aveledo, secretario ejecutivo de la coalición opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD)..

Comentá la nota