Graciela y Aldo Tartaglia, hermanos de la desaparecida estudiante pampeana Lucía Tartaglia, estuvieron en el área de invitados durante la visita presidencial del pasado viernes. Esta vez la invitación no llegó de las autoridades provinciales, sino desde la Presidencia de la Nación, después de que llamaron a la secretaría privada.
Además de Aldo y Graciela, se pidió un lugar para María Lis -prima de los Tartaglia- y Mario Canoba, integrante de la Asamblea Permanente de DD.HH. de Santa Rosa. El protocolo determinó que los Tartaglia estuvieran detrás del secretario de Derechos Humanos, Rubén Funes, quien lució visiblemente incómodo.
En el acto se pudo apreciar la atención y la deferencia de funcionarios provinciales con Graciela Tartaglia. También recibió el saludo del gobernador Oscar Jorge y su esposa.
Después de que Cristina Fernández terminó su discurso, Graciela Tartaglia pudo mantener un diálogo con la presidenta. En esas circunstancias la invitó a la inauguración del monumento a María López de Tartaglia (madre de Lucía), quien falleció este año luego de una lucha de veintinueve años por saber el paradero de su hija y de su nieto/a.



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