ROMA.- Todo y nada. Cuando sólo faltan dos días para el voto de confianza decisivo para el futuro de Silvio Berlusconi y de Italia, nadie se atreve a hacer pronósticos. Puede pasar todo o nada; es un misterio.
El golpeadísimo gobierno de Berlusconi, sacudido por su ex aliado Gianfranco Fini, por polémicas sexuales, por escándalos de corrupción y por las revelaciones de WikiLeaks, podría caer pasado mañana. Pero también podría sobrevivir, como muchos empiezan a creer.
El clima es de suspenso total, como no se veía desde hace tiempo en Italia. Algunos apuestan a que el gobierno del Cavaliere caerá -quizás una expresión de deseo-; otros, a que no. Reina un ambiente ciclotímico, en el que se hacen sumas y restas.
Si en un momento la impresión era que la oposición de centroizquierda, junto con el denominado Tercer Polo -formado por Fini y los centristas Pierferdinando Casini y Francesco Rutelli-, tenía los números para darle el golpe de gracia a Berlusconi (los fatídicos 315 votos de la Cámara de Diputados), ahora parece todo lo contrario.
Dos días antes de la jornada que podría poner fin a un reinado de 16 años en la vida política italiana, Berlusconi, que cuanto más se siente bajo ataque, más saca su instinto animal de supervivencia, se muestra optimista.
Confiado, asegura que tiene los números no sólo en el Senado -algo que se descuenta-, sino también en la Cámara de Diputados, donde todo está por verse.
Sordo ante las denuncias de compraventa de diputados opositores, Berlusconi, de 74 años, está seguro de que va a salir adelante. Intenta seducir a las "palomas" del partido de Fini y a muchos otros de la oposición. Dice que sería "irresponsable" hacer precipitar a Italia en una crisis política de consecuencias imprevisibles, justo en momentos tan delicados a nivel económico y financiero.
La incertidumbre es total. Quizá, porque es la primera vez que una crisis política en Italia se debe básicamente a cuestiones personales: el odio visceral que fue madurando a lo largo de los años entre dos personas opuestas, Berlusconi y Fini. De todas formas, se sabe que hubo y habrá negociaciones secretas entre ellos y otros actores políticos de peso hasta el último segundo antes del voto de confianza de pasado mañana. El objetivo es intentar evitar el colapso del gobierno -que obtuvo la mayoría en ambas cámaras en las elecciones de abril de 2008- sin que nadie pierda la cara.
Como en una comedia a la italiana, en esta crisis puede haber golpes de escena hasta el último momento. ¿Por qué? Porque nadie quiere ir a elecciones anticipadas, uno de los escenarios más probables en caso de que Berlusconi pierda el voto de confianza. Si bien hay quienes creen que el Cavaliere podría volver a ganar en las urnas, también hay quienes sostienen que él mismo ya no está tan seguro de eso. Al premier tampoco le gusta el escenario de un gobierno técnico o de responsabilidad nacional, porque él ya no sería el jefe.
Legisladores sin jubilación
Muchísimos de los 630 diputados y 320 senadores electos en abril de 2008, por otra parte, tampoco quieren ir a elecciones anticipadas por otro motivo clave: ya no cobrarían la jubilación de privilegio, que les corresponde sólo si cumplen cinco años de legislatura.
Fini, que según los sondeos obtendría un 7% de los votos, tampoco quiere ir a las urnas. La campaña electoral sería salvaje: su enemigo máximo lo machacaría como el nuevo Judas, el culpable del fin de un gobierno que había nacido con fuerza y que no tenía por qué morir antes de tiempo.
Fragmentada y débil pese a la debacle del gobierno, la oposición de centroizquierda -que ayer protagonizó, en Roma y de la mano de Pier Luigi Bersani, líder del Partido Democrático, una masiva manifestación por un cambio de gobierno- tampoco quiere las urnas.
Algunos sueñan que pasado mañana pueda terminar una era nefasta, la de Berlusconi. Otros apuestan a que todo seguirá igual, a que no pasará nada. Se viene la temporada de Fiestas, ¿para qué abrir una crisis política de consecuencias impredecibles? Lo más probable es que Berlusconi logre salvarse del voto de confianza, pero por un puñado de sufragios. Se prolongará, así, la agonía del gobierno y de su líder. Y se abrirán escenarios aún más complejos -porque los finianos seguirían teniendo poder de chantaje-, que podrían llevar a la xenófoba Liga Norte, el único partido fuerte en esta debacle (que no teme las elecciones anticipadas, sino todo lo contrario), a hacer precipitar la situación.
El clima político es eléctrico. Pero la verdad es que muchos italianos lucen ajenos a un frenesí casi incomprensible y se preocupan por hacer sus compras de Navidad. Algunos ni siquiera saben que pasado mañana es el día D. A diferencia de lo que podría suceder en un país sudamericano, caiga o no Berlusconi, la vida continúa. Las instituciones italianas son sólidas, siguen funcionando, así como las grandes empresas, las pymes y las familias. La península no se hunde en el caos si se cae un gobierno. La inestabildad política, que seguramente se profundizará a partir pasado mañana, está en el ADN de los italianos.
La pelea con Fini
La ruptura con su ex aliado, que creó un partido propio, dejó al gobierno sin mayoría absoluta en la Cámara baja
Compraventa de votos
Se abrió un sumario sobre la presunta compraventa de legisladores por parte del Cavaliere
El entorno, bajo sospecha
Escándalos de corrupción por negocios millonarios, como la reconstrucción de L'Aquila, salpican a gente de su entorno
La crisis económica
Según el FMI, Italia es el país con menor crecimiento del PBI en la última década (2,4% acumulado)
Los escándalos sexuales
El premier está en el ojo del huracán por sus "sexgates"; en el último, una menor marroquí dijo que había participado de fiestas en su mansión
Los vínculos con la mafia
El senador del PDL Marcello Dell'Utri medió entre la Cosa Nostra y Berlusconi en los 90
Juicios
Sus procesos judiciales están congelados

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