Nadie puede imaginar qué pensamientos le cruzan la cabeza a Trimarco, obnubilada por un dolor que la acompañará hasta el fin de sus días, y que quizás la lleva a confundir los escenarios.
Es una estructura ideal, por supuesto, porque en los hechos, el “Sistema” necesita alimentarse de los ideales para sobrevivir, es el Leviathan de Thomas Hobbes, la criatura que personifica al Estado y deglute hombres y estructuras con tal de mantenerse, es el positivismo en su más cruda expresión, donde los valores y las consideraciones subjetivas no interesan porque únicamente cuenta el resultado.
Aquí tal vez resida la explicación que lleve a comprender lo que está ocurriendo con el caso de una luchadora incuestionable como Susana Trimarco que superó su condición de supuesta debilidad femenina, un rótulo practicable en sociedades de tono todavía machista como la argentina, y llegó a poner al poder en apuros buscando una explicación para la desaparición de su hija María de los Ángeles, “Marita” Verón.
Así, Trimarco superó su condición de madre afligida y se convirtió en un emblema, en una bandera que resume los valores de la decencia, de la justicia, de esa búsqueda inacabada por lograr que el Estado cumpla con su deber de brindar seguridad a los ciudadanos; también de los antivalores como la impunidad, la soberbia, la obsecuencia y el soborno, tristes monedas de cambio en los pasillos del poder.
Será quizás que como la sociedad positiva le pone precio incluso a la Justicia, o al menos a los actos justos, una búsqueda como la de Trimarco precisaba naturalmente de un movimiento económico que únicamente el “Sistema” podía financiar, lo cual debiera ser su obligación natural, pero es el momento en que todo se terceriza. Una paradoja incomprensible, ya que es el mismo “Sistema” que propicia el enquistamiento de las mafias que operan los distintos negocios que van desde el narcotráfico, las armas, hasta la misma trata de personas.
Susana Trimarco emprendió la quijotesca lucha por develar su verdad en soledad, sin más recursos que su tremenda fuerza instintiva de madre, armada de un valor poco usual y rompió las puertas y la indiferencia del poder que comenzó a lavar sus culpas con dinero, aportando a la Fundación María de los Ángeles, que iba desarrollando a la par de la búsqueda una obra mayúscula, recuperando mujeres y devolviéndoles su dignidad de seres humanos, insertándolas nuevamente en la sociedad.
Por la inercia de las circunstancias, la figura de Susana Trimarco creció más allá de las fronteras de la Argentina insolvente para realizar la Justicia como valor, y el “Sistema” lo advirtió, y se imaginó que sería un buen negocio invertir en la lucha de esta mujer que operaba sin quererlo y sin saberlo a modo de indulgencia plenaria para los ocultos actos del poder.
Las sumas de dinero fueron cada vez más generosas, nada más en lo que va de este año la Fundación María de los Ángeles recibió primero $ 285.000, luego el Gobierno de Tucumán aportó $ 485.000; cuatro decretos sucesivos le depositaron otros $ 818.600 del Estado nacional que el 24 de julio envió para la Fundación en forma de ATN (Aportes del Tesoro Nacional) unos $ 300.000, vía el Gobierno de La Rioja, justamente la Provincia en la que sospecha terminó recluida Marita Verón en un prostíbulo y que no tomó ninguna medida para erradicar esos lugares. Finalmente, se cuentan otros $ 100.000 llegados desde el Gobierno, todo eso sin contar aportes del exterior, especialmente del Gobierno de los Estados Unidos.
Los números harían pensar a cualquiera de que Trimarco “ha vendido su causa”, porque cada vez ocupa mayores espacios mediáticos, siempre cerca de la Presidenta Cristina Fernández, evoca al difunto Néstor Kirchner con una pasión que ni la propia viuda ha mostrado y hasta se la había propuesto para encabezar una lista de diputados en Tucumán, con el visto bueno de José Alperovich, sin contar las ganas de la Casa Rosada de verla integrando el Consejo de la Magistratura.
Entonces es cuando la realidad colisiona contra el ideal y Trimarco subraya esa presunción cuando critica los cuestionamientos de Alberto Lebbos que se debate en su misma lucha por esclarecer el crimen de su hija Paulina. El imaginario colectivo se conmueve y se confunde; cómo puede ahora mostrarse junto al mismo Alperovich que patrocina la mafia de los Ale en Tucumán, sindicados como la patota responsable de la desaparición de su hija, y asume el mismo léxico oficialista para sentenciar de golpistas a quienes dicen develar la corrupción del poder.
Nadie puede imaginar qué pensamientos le cruzan la cabeza a Trimarco, obnubilada por un dolor que la acompañará hasta el fin de sus días, y que quizás la lleva a confundir los escenarios convirtiendo la ayuda del Estado con una deuda moral impagable, aunque el “Sistema” la cubra de dinero por una parte y por la otra continúe sin desmontar las mafias que operan en el país. Quién puede decirlo.
Un tiempo atrás, Trimarco saludaba con entusiasmo al Gobernador Juan Manuel Urtubey y alababa su Gestión, frente al fortuito suceso que protagonizó un funcionario impresentable como Carlos Villalba, apunta más alto y denuncia que la Provincia de Salta es una región propicia para la trata de personas; un disparo por elevación para Urtubey, que sin embargo tuvo como primera preocupación al asumir la creación de una División de Trata de Personas dentro de la Policía y dependiente del Ministerio de Derechos Humanos que dirige María Pace.
Por eso, hay que observar el caso con atención y prudencia para no mezclar las cosas como quizás se le hayan mezclado a la propia Susana Trimarco; para aplaudir su entereza y su valor, su lucha de madre y todos los beneficios que esa tarea le ha traído a la sociedad argentina, pero quizás haya sido fagocitada por el “Sistema”, el Leviathan que precisa continuar vivo al costo que sea.




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