Acosado por las deudas con el fisco, atacó un edificio federal de recaudación impositiva
Con los minutos, la sospecha se hizo realidad: no se trató de un accidente, sino de un hecho intencional. Al tiempo que se descartaba la pista terrorista, se atribuyó lo ocurrido al desequilibro suicida de un hombre acorralado por las deudas y la presión fiscal.
"Nada hace pensar en un hecho terrorista", afirmaron, con el correr de las horas, fuentes de la Casa Blanca. Pero en los primeros momentos, la sede gubernamental dio signos de vacilación. "En principio, esto no parece un atentado", balbuceó el vocero presidencial Robert Gibbs, en su primera información oficial.
Con el paso de las horas, las oficinas del gobierno se fueron sumando al coro de la tranquilidad. Aunque, con el recuerdo del ataque a las Torres Gemelas súbitamente a flor de piel, el mensaje de la serenidad tardó en ser digerido.
"No quiero usar la palabra «terrorismo». Pero? ¿quién puede tranquilizar a los norteamericanos en este momento y asegurarles que no son vulnerables a lo que haga cualquier fanático que se suba a un avión?", preguntaban comentaristas de la cadena CNN. "Esto es un atentado y lo quieren ocultar", era, en tanto, el mensaje de la duda en varios blogs.
Poco a poco, la información pudo filtrar, en el laberinto de la desconfianza, el rumor y la incredulidad. Y los datos apuntaron al drama personal de un ingeniero de sistemas de 53 años, protagonista del ataque suicida.
El autor fue identificado como Joseph Andrew Stack, quien, al parecer, acuciado por las deudas y la presión impositiva, decidió subirse a un avión que sería de su propiedad y terminar con su vida con un ataque calcado del de las Torres Gemelas. Pero, en su caso, eligió como blanco la sede distrital de sus pesares: la oficina regional del Servicio de Impuestos Internos (IRS, por sus siglas en inglés), versión local de nuestra Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). Stack murió en el ataque mientras que el primer relevamiento daba cuenta de por lo menos dos empleados públicos gravemente heridos en la tragedia.
Antes de subirse a la avioneta Piper Cherokee PA-28 monomotor, que usó para su siniestro propósito el atacante incendió su propia casa. También se descubrió que había dejado una nota suicida en Internet, que, además de ser una diatriba contra el fisco, cargaba contra el gobierno, la Iglesia y las grandes empresas.
"Leí alguna vez que la definición de locura es repetir el mismo proceso una y otra vez, y esperar que el resultado de repente sea diferente. Finalmente, estoy dispuesto a poner fin a esta locura", decía la nota, firmada por Joe Stack. Y añadía: "Bien, señor Gran Hermano de la IRS, probemos algo diferente; tome mi alma y que duerma bien".
La única solución
"Parece el escrito de un hombre a punto de estallar", diagnosticó un experto en psicología, al hacer referencia a una de las frases en la nota dejada por Stack, que señalaba que "la violencia es la única solución".
Al parecer, al atacante acumulaba más de 126.000 dólares en deuda fiscal y no tenía cómo enfrentarla. Estaba divorciado y era padre de por lo menos una hija. Ambas mujeres llegaron al sitio para ver los restos de su casa en llamas.
Tanto la vivienda como el aeropuerto local del que partió quedan en un radio de 30 kilómetros del edificio siniestrado.
Entre las muchas cosas que aún no están claras figura si Stack cargó combustible de más en el avión para aumentar el daño. No tuvo mayores obstáculos para cumplir con su plan: las autoridades del aeropuerto de Georgetown, en la ciudad texana de Austin, ni siquiera le pidieron un plan de vuelo, según se confirmó.
El presidente Barack Obama fue informado de inmediato de lo que sucedía, y el comando de defensa aeroespacial despachó dos aviones F-16 de la base aérea militar de Ellington Field, de Houston, para patrullar el espacio aéreo cercano al edificio.
Doscientas personas trabajaban en el inmueble, que tiene siete pisos y estaba recubierto por ventanas de cristal oscuro. Decenas de vidrios estallaron y llamaradas amarillas cubrieron las paredes.

Comentá la nota