En Sudáfrica aún sueñan con ver a Mandela de pie

"Todavía lo necesitamos", dicen las personas que esperan fuera del hospital
PRETORIA.- En silencio, con devoción y respeto, Solly Sandilese acerca una bandera con la foto de su héroe estampada y deja un mensaje de amor, de optimismo. "Mejórate pronto, te amamos", escribe con esperanza, aunque se aleja caminando con resignación.

La fragilidad natural de un hombre de 95 años y la falta de información sobre el estado de salud de Nelson Mandela, que lleva más de 70 días internado en estado "crítico, pero estable", generan ese sentimiento. Solly es recolector de basura, tiene 49 años, pero su cara es la de un hombre viejo; las marcas de una vida de trabajo, de sacrificio y dolor están a la vista.

"Ahora podemos ir al mismo baño y podemos caminar por la noche sin que nos metan presos; él fue quien lo hizo posible. Ojalá viva cinco años más, todavía lo necesitamos." Sus palabras intentan explicar el fervor por el líder político y espiritual más importante que ha dado esta nación.

Madiba, nombre del clan de la familia, que forma parte del pueblo de xhosas, se encuentra recluido en el Mediclinic Heart Hospital, de esta ciudad, desde el 8 de junio. El último parte, de hace una semana, hablaba de una leve mejoría, pero desde entonces hubo silencio.

Solly es una de las decenas de personas que todos los días se acercan al hospital en busca de respuestas, de contención. Es que el lugar se convirtió en un santuario con cientos de banderas, fotos y mensajes que desean una pronta recuperación de Mandela. A pocos metros hay un grupo de jóvenes entusiastas. Ellos cantan y repasan la vida de Rolihlahla, verdadero nombre de Mandela (Nelson le puso una misionera británica en su primer día de escuela), que según explica en su autobiografía, El largo camino hacia la libertad , quiere decir literalmente "arrancar una rama de un árbol", aunque por su significado coloquial se aproxima más a "revoltoso".

Tshabalala, Mkhwanazi, Maseko y Saukaza viajaron unos 300 kilómetros, desde Free State Province. Los cuatro, estudiantes de un colegio católico, son el resultado de la lucha que lideró Mandela, son parte de la generación que nació lejos del apartheid . Pero que igualmente entienden y valoran su sacrificio. Fueron 27 los años que estuvo preso, la mayoría de esos años fue el prisionero número 46.664 en Robben Island, donde contrajo los problemas pulmonares que ahora padece.

"Es un hombre de honor que peleó contra la dominación blanca, pero también le hizo frente a la dominación negra. No es sólo un ejemplo para África, sino para el mundo. Quiero seguir sus pasos", dice Tshabalala, que el año que viene empezará a estudiar abogacía, como Mandela. Mkhwanazi, que con 17 años es el más joven del grupo, añade: "Es nuestro héroe; él peleó por la libertad".

Maseko, que aún no definió su futuro inmediato, no esconde su inquietud: "Todos estamos preocupados por Mandela, ojalá se mejore pronto. Sudáfrica todavía no está preparada para dejarlo ir. Todavía hay mucho por hacer y necesitamos aprender aún más de él. Si no seguimos los pasos que nos marcó, el cambio no será total. Mandela trajo paz al mundo, ése es su mensaje".

El tiempo parece congelado desde hace 73 días en este país. Una ciudad, un país, el mundo se encuentran en vilo por el estado de salud de Mandela. Una prueba de ello es la cantidad de medios de todo el planeta apostados en la puerta del hospital esperando noticias que llegan con cuentagotas. Son en total once las cámaras de televisión que enfocan permanentemente la entrada del Mediclinic Heart Hospital.

"Una de las enseñanzas que deja Mandela es que no hay que tomar revancha, él no lo hizo. Después de 27 años en la cárcel, lo primero que dijo fue que necesitábamos unirnos. Un ejemplo de su éxito es que aquí, en la puerta del hospital, tenés gente de todos los colores. Es un hombre bueno", lo describe Thomas, que llegó desde Johannesburgo con su novia para dejar un mensaje en la pared lateral de la clínica. Ellos eligieron una frase muy significativa para Mandela: "Soy el amo de mi destino; soy el capitán de mi alma". Se trata del epílogo del poema "Invictus", de William Ernest Henley, que se popularizó con la película que dirigió Clint Eastwood.

Los visitantes continúan su peregrinación, escriben sobre alguna bandera -hay de países como Haití, Venezuela, Perú, España, Francia e Italia- o dejan su propia marca. Todos quieren dedicarle un halago o una oración al Nobel de la Paz (1993) que provocó una de las grandes revoluciones africanas. Sudáfrica se levanta y se va a dormir esperando saber cómo está, con la esperanza de ver de pie una vez más a su hijo dilecto..

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