Strauss-Kahn y la prensa

Por Jorge Fontevecchia

Para un inglés, un caballero debe practicar deporte. Para un francés, un intelectual no debe malgastar fuerzas en actividades musculares. Anglosajones y franceses difieren en muchas costumbres y el ejercicio del periodismo no fue una excepción, como lo revela extremamente el caso de Strauss-Kahn. En Francia no se publican fotos de un procesado con esposas, en EE.UU. las caminatas con esposas hasta el tribunal son un clásico del fotoperiodismo nacional.

Contrariamente a lo que pasa en los países anglosajones, en Francia no se publican informaciones sobre la vida íntima de los políticos. El presidente francés François Mitterrand vivió durante décadas una doble vida sin que trascendiera que tenía un niño ilegítimo; su enfermedad también fue ocultada y todo se conoció recién después de su muerte. Bernadette Chirac, la esposa del predecesor de Sarkozy, no ocultaba las numerosas infidelidades de su marido, que eran conocidas por la mayoría de los periodistas pero no por sus lectores.

Al revés, en Estados Unidos la prensa se siente orgullosa de revelar hasta el último detalle de la vida privada de sus políticos. La Argentina, a partir de la recuperación de la democracia, se ve reflejada en el espejo del periodismo norteamericano. A nuestros políticos les encanta el modelo francés mientras están en el poder, y disfrutan del modelo norteamericano cuando están en la oposición. Y en estas épocas de antagonismo, no pocos hacen periodismo norteamericano con los adversarios y francés con los aliados.

Sexo en la habitación 2806. El diario italiano Il Giornale editorializó sobre la hipocresía de la prensa francesa: “Strauss-Kahn era un hombre enfermo que no fue bloqueado a tiempo. Paradoja francesa donde su prensa jamás vacila en dar lecciones de transparencia y moralidad a las otras, pero frente a los poderosos de su propio país se muestra extraordinariamente cobarde. Los mismos medios franceses que durante estos dos últimos años se han escandalizado por el bunga bunga de Berlusconi no escribieron una línea sobre Strauss-Kahn”.

Parte de la propia prensa francesa hizo su autocrítica, Le Petit Journal escribió: “Mientras que toda París parecía estar al tanto del apetito a veces incontrolado de DSK por las mujeres, la omertà de los medios de comunicación franceses sobre la vida privada de los hombres políticos genera ahora polémica. La omertà es la ley del silencio que es código de honor para los sicilianos y que prohíbe informar sobre los delitos que son considerados asuntos que incumben sólo a las personas implicadas. Esta práctica es muy difundida en casos de delitos graves o en los casos de la mafia, donde hasta las personas incriminadas prefieren permanecer en silencio por miedo a represalias o por proteger a otros culpables. En la cultura de la mafia, romper el juramento de omertà es castigable con la muerte”.

Un ejemplo de la omertà mediática francesa es el caso del periodista del diario de izquierda Libération Jean Quatremer, que en 2007 escribió en su blog: “Un informe sobre las mujeres del director del FMI demuestra que muy a menudo Strauss-Kahn roza con el acoso”. Pero ese mismo texto nunca fue publicado en la edición en papel del diario que fundara el mismísimo Sartre.

El diario France-Soir, en su tapa del miércoles, con foto de Strauss-Kahn, tituló: “Todo el mundo sabía”. Y el columnista Christophe Deloire se preguntaba: “Los franceses, los lectores o los electores nos acusan otra vez de haber guardado un secreto, de haber aceptado en los poderosos lo que negamos a los humildes, ¿qué les responderemos?”.

La detención y encarcelamiento de Dominique Strauss-Kahn es un trauma para la prensa francesa, que se acusa a sí misma de “falta de audacia y de curiosidad”.

“Los periodistas franceses, sabiendo que Strauss-Kahn tenía una reputación de Casanova, ¿deberían haber investigado más sobre el asunto?”, se preguntaba el diario conservador Le Figaro.

Acusado 1225782. Nicolas Demorand, en un editorial de Libération, agregó: “¿Qué es lo que sabían exactamente los dirigentes socialistas de la vida privada de Strauss-Kahn, de su relación con las mujeres? ¿Estimaban que eso era un problema, un riesgo político? ¿O pensaban que los comunicadores sabrían limar las aristas, o incluso tapar los escándalos?”.

“¿Cómo reaccionaron ante los temores de una de sus diputadas –continúa Libération–, que confesaba el miedo de encontrarse a solas en la misma habitación que él? ¿Y ante las declaraciones de la hija de uno de ellos, explicando en un programa de televisión un presunto intento de violación?”

La omertà no es sólo responsabilidad de los periodistas franceses sino de una estrictísima ley promulgada en 1970 que colocaba el derecho a la privacidad por sobre el de información. Una ahora irónica prueba de su efecto de censura fue que el último día hábil antes de que el Nº 1 del FMI cayera preso en el aeropuerto de Nueva York, las agencias noticiosas francesas difundieron la siguiente noticia: “Dominique Strauss-Kahn inició demanda contra el diario France-Soir por publicar información falsa. El director del Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció en un comunicado de prensa que ha dado instrucciones a sus abogados para presentar una queja, el viernes 13 de mayo, contra el diario. ¿La razón? Un artículo que afirmaba que él se está haciendo trajes a medida en la casa Georges de París, también proveedora del presidente Barack Obama. El título de France-Soir fue que gastó 35 mil euros en trajes y Dominique Strauss-Kahn niega la compra”.

Otra historia más donde los excesos de la libertad de prensa parecen siempre menores que su falta.

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