Stanovnik apuntó contra el destrato social y pidió no hacer daño al otro

“El que cree que Jesucristo está vivo trata bien al otro, en la calle, en la casa y en la función pública”, acentuó el arzobispo de Corrientes ayer en la celebración litúrgica. Fue en la Iglesia Jesús Misericordioso del barrio 17 de Agosto.

Con alegría y gozo, en la fiesta de la Resurrección de Jesús y por su presencia viva entre los hombres, fundamento sobre el cual se asienta y gira la vida del cristianismo, ayer en el cierre de la Semana Santa el arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik, hizo un llamado contra el destrato social y pidió no hacer daño al otro.

Durante la homilía pascual, que tuvo lugar en horas de la noche en la Iglesia Jesús Misericordioso del barrio 17 de Agosto y ante un patio repleto de fieles, el prelado explicó sobre la fuerza de la fe y el amor a Cristo resucitado.

“El que cree que Jesucristo está vivo trata bien al otro, en la calle, en la casa y en la función pública. Tenemos que ser semilla de vida nueva, de una sociedad nueva”, exhortó en uno de los pasajes más fuertes de su homilía.

Ante la multitud que lo escuchó atentamente y detrás de un cartel brillante con la frase: “Cristo Resucitado, aumenta y aviva nuestra fe”, monseñor Stanovnik exclamó: “Jesucristo ya resucitó alma y cuerpo, todo entero. Es lo mismo que esperamos de nosotros, ésa es nuestra esperanza. Nosotros creemos que resucitamos y con nosotros la tierra entera quedará resucitada”. Resaltó luego una frase de la primera lectura que decía: “La muerte y la vida se enfrentaron en un duelo admirable, el rey de la vida estuvo muerto y ahora vive”. A lo que prosiguió: “Nosotros creemos que resucitamos porque esa es nuestra esperanza y nuestra alegría. Nosotros tenemos la certeza de que Jesucristo está aquí con nosotros vivo, los ojos de la fe lo ven”, exclamó. Prosiguió luego con la importancia de vivir mirando hacia los bienes del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha del Padre. “En nuestro lenguaje, las cosas importantes las ponemos arriba, en lo alto, pero el cielo no tiene espacio y no tiene lugar, el cielo es el lugar de Dios y se hace presente en el corazón del hombre y de la mujer que le da un lugar.

Desde esa mirada entendemos las cosas de la tierra y le damos el valor que tiene. Las cosas de la tierra tienen que servirnos para tratarnos mejor entre nosotros, para que todos podamos vivir una vida digna como seres humanos y como hijos de Dios, como lo dijo el Papa Francisco: ‘no se saquen el cuero’”, rememoró.

Ejemplificando esas palabras resaltó: “Nos sacamos el cuero en la función pública, en el lenguaje periodístico se habla de munición pesada, pero qué significa eso”, se preguntó. “Es lo que se descarga sobre la otra persona, no solamente entre los que tienen una función pública sino también en el matrimonio cuando se trata de hacer daño al otro”, exclamó.

Para culminar dio un fuerte mensaje por la común unión de todos y dijo: “El que vive la vida del resucitado descubre que las cosas de la tierra las tenemos que vivir inspirados por la vida de bautizados que tenemos, la cual se nota del modo en que nos tratamos entre nosotros. Trate bien a su esposa, a sus vecinos, a sus compañeros de trabajo, en un partido político, o el docente frente al aula, o manejando detrás del volante. El que cree que Jesucristo está vivo trata bien al otro, en la calle, en la casa y en la función pública. Tenemos que ser semilla de vida nueva, de una sociedad nueva”, resaltó y finalizó: “Pidamos a la Virgen María que nos acompañe y a Jesús Misericordioso que nos ayude a llevar este mensaje, vayamos y digámosle a otros que esto verdaderamente le cambia la vida, que nos ayude a llevar la cruz, esa cruz que es pesada sin Cristo y que con él se hace suave y de carga ligera. La de él que venció el pecado y la muerte”.

Comentá la nota