El Tribunal Nº 4 condenó a un vendedor de drogas a más de cuatro años de cárcel. No lo lograron las estrategias de los defensores expertos, que buscaban desviar la atención de la evidencia con tecnicismos. Las anotaciones encontradas decían "Merck", y el acusado no pudo explicar qué era eso que vendía.
"Nada que hacer" dice la mayoría, cuando ve que los narcotraficantes son capaces de contratar a los abogados sacapresos más caros del mundillo judicial, y por lo tanto reciben la detención con una sonrisa en la boca, a sabiendas de que apenas llegarán a tocar el suelo de la comisaría.
En este departamento se hace poco y nada para equipar a quienes están a cargo de la detección de los casos de comercialización de drogas. No hay, por ejemplo, un cromatógrafo, es decir que las muestras halladas deben enviarse hasta Bahía Blanca para ser sometidas a pericias válidas. Ni siquiera se ha podido poner en marcha un detector de metales que permitiera encontrar por fin la bala que mató este fin de semana a Franco Castro López, ante el estupor de una comunidad que no atina a nada.
Los juicios son eternos, y la única posibilidad de celeridad en los resultados parecería ser el acuerdo que evitara llegar al juicio, porque de realizarse el proceso, el tiempo de demora sería de unos 24 meses. Ciertamente, en este momento no hay turnos para realizar juicio oral y público por causas vinculadas al narcotráfico hasta diciembre de este año, y recién comenzamos el período judicial.
Recientemente, la Cámara en lo Criminal se opuso a la propuesta de enviar los oficios por e-mail, tal como se realiza en muchos lugares del mundo, lo que hubiera sido un tremendo ahorro de tiempo y complicaciones, así como de espacio y papel. Consideró que no se lo puede evaluar como un elemento fehaciente, y parece la misma respuesta que hubieran dado los antiguos cuando se propuso dejar de archivar los escritos en placas de cerámica talladas a buril.
Suficiente entidad
En este contexto desesperante se presentó el caso que ocupa esta investigación, como una muestra de la vuelta de tuerca que está intentando darle la fiscalía a cargo de Marcelo Blanco y Alejandro Pelegrinelli a esta clase de causa. Su labor procura dar respuesta, en el término más breve posible, a los procesos que se refieren al tráfico de estupefacientes, cuando alrededor todo parece ser falta de recursos y de interés.
Tulio Sebastián Frumboli había sido detenido en febrero de 2009, cuando circulaba a bordo de un automóvil Renault 18 blanco junto a otros cuatro implicados. En la oportunidad, efectivos policiales que se encontraban realizando un traslado de detenidos por parte de la Comisaría Segunda consideraron que la actitud de los tripulantes del coche era "sospechosa", ya que al ver el móvil policial, el sujeto que se encontraba en el asiento de atrás intentó bajar la cabeza y esconder algo. Los cinco miraban hacia todos lados como buscando algo. Inmediatamente, el conductor el patrullero informó de la situación al 911, cuando se encontraba en jurisdicción de la Seccional Cuarta.
El Renault fue interceptado en las inmediaciones de las calles Gascón y Neuquén cuando circulaba hacia Jara, ocasión en la que se incautaron dos armas: una de ellas calificable como de guerra, ya que se trataba de una pistola Bersa calibre 40 con dos cargadores; la otra, una Tala 22. Tenía también Frumboli en su poder 13,1 gramos de cocaína con fines evidentes de comercialización, ya que la mayor parte de ella se encontraba compactada en forma de tiza. En el mismo operativo se le encontró una cantidad importante de dinero en billetes de alta denominación, así como un listado con cifras escrita bajo la denominación "Merck".
La causa podría haberse desbarrancado en manos inexpertas o malintencionadas, porque a pesar de que la situación era evidente y Frumboli mismo había indicado a los agentes la ubicación de una de las armas, su abogado Lucas Tornini solicitó la nulidad de lo actuado, frente a lo cual intervinieron los jueces Jorge Daniel Peralta, Gustavo Raúl Fissore y Alfredo José Deleonardis, del Tribunal en lo Criminal Nº 4.
El defensor basaba su pedido de nulidad en que no existían en aquel momento elementos de sospecha suficientes sobre su defendido como para haber procedido a interceptar el vehículo, ya que asegura que para que la policía esté habilitada legalmente para interceptar un coche particular, debe de existir una sospecha de "suficiente entidad". Dijo también que no existía una urgencia que justificara que la requisa del automóvil en cuestión se realizara en esa precisa circunstancia.
El juez Peralta consideró en su dictamen que la actitud de los detenidos era suficiente como para que el sargento hubiera dado aviso al 911: de hecho se pudo comprobar que eso que escondían era un arma, que estaba oculta en una funda con cierre que simulaba una agenda. Destaca el juez como un dato importante que quien dio la alarma no haya participado del operativo, sino que se limitara a informar lo que creyó pertinente, es decir que no se encontraba motivado por ninguna situación en particular. Una vez detenido el coche, el mismo detenido informó que tenía un arma, lo cual para el magistrado es suficiente justificativo para respaldar la urgencia de la requisa inmediata, que de hecho dio como resultado el hallazgo de otra arma, más las drogas.
Buenos muchachos
"Luego de comprar la cocaína (…) nos revisan y nos encuentran la cocaína, que yo nunca la oculté", dijo Frumboli acerca del hallazgo, cuando pretendía afirmar con su declaración que se trataba de sustancias de consumo personal. Se le preguntó entonces cuál era la razón de que llevara una balanza en el coche, y dijo que era del negocio de rotisería de su esposa, y que debía hacerla arreglar. En el proceso quedó demostrado que la balanza en realidad funcionaba, además de que no era adecuada para uso gastronómico.
Cuando se le preguntó por las anotaciones con cifras terminadas en cero que tenía en un listado con abreviaturas de nombres, dijo que "levantaba quiniela", lo cual el juez calificó como mendaz. "Es sabido que un registro de quiniela consta al menos de tres datos numéricos en cada caso: ubicación, monto de la apuesta y números apostados, y respecto de estos últimos no es concebible que en el dígito predomine el cero…", dijo Peralta. Era obvio que la droga era para vender, y la lista, de clientes.
Fue por eso que los jueces por unanimidad decidieron condenar a Tulio Sebastián Frumboli por los delitos de "tenencia de estupefacientes con fines de comercialización, en concurso real con portación de arma de guerra, atenuada por tratarse de un tenedor autorizado de la misma, a la pena de cuatro años y seis meses de prisión y doscientos veinticinco pesos de multa".
Quizá sea un problema menos, dice la gente. Quizá sea necesario propalar que no está el mapa del narcotráfico de la ciudad sumergido en la simple y llana impunidad. Quizá sea necesario destacar que, con casi ningún elemento, sigue habiendo quienes intentan llevar adelante una causa a la que solamente empuje la justicia misma. Quizá haga falta ponerlo en letras grandes y luminosas, para que la sociedad entera deje de creer que la lucha contra el tráfico de drogas es poco más que una causa perdida.

Comentá la nota