Cómo será el sorprendente ballottage que divide a Perú

Bayly analiza el posible triunfo de Keiko. Humala y el fantasma de Venezuela. Vargas Llosa y su poca influencia. Un mensaje a Cristina.
El recuerdo. Ollanta Humala, su hermano Antauro y sus padres, Elena e Isaac, en una foto familiar en Lima. / Una joven Keiko, con su hermano Kinji –que también fue candidato– y su madre, Susana, durante el gobierno de su padre en los 90.

Es una muy mala noticia que el señor Ollanta Humala (que no renunció al ejército golpista cuando el señor Fujimori perpetró el golpe del ’92, que apoyó desde Seúl el golpe fallido de su hermano Antauro contra el entonces presidente Toledo, emboscada que dejó varios policías muertos) haya obtenido más del 30% en la primera vuelta de las elecciones presidenciales peruanas.

Es una muy buena noticia que la señora Keiko Fujimori (que tenía 16 años cuando su padre dio el golpe del ’92, que por consiguiente no puede ser responsable de los desmanes autoritarios del gobierno de su padre, que en el segundo gobierno de su padre hizo todo cuanto pudo para que despidieran al bribón de Montesinos, que se opuso públicamente a la reelección ilegal de su padre el 2000, que se quedó valientemente en el Perú cuando su padre renunció y fugó de un modo deshonroso) haya conseguido un porcentaje que sobrepasa el 23% de los votos.

Es una alentadora noticia que un candidato inteligente, moderno, de probado éxito personal como el señor Kuczynski haya quedado tercero, con más del 19% de los votos. Es una gratificante noticia que el canalla pomposo y envanecido de Toledo haya sido humillado por el pueblo, quedando relegado, con apenas 15%, a un vergonzoso cuarto lugar, a pesar del apoyo explícito y desesperado de Mario Vargas Llosa, quien parece tener más influencia entre los suecos que entre los peruanos.

Desde luego, siendo el Perú un país políticamente impredecible, no es para nada seguro que la señora Fujimori será capaz de prevalecer sobre el señor Humala en la segunda vuelta del próximo 5 de junio.

Pero, en mi opinión, era bastante seguro que el señor Kuczynski, renuente a renunciar a su nacionalidad estadounidense, con una escuálida votación en las provincias, que ha quedado tercero gracias al voto educado y moderno de Lima, hubiera sido incapaz de derrotar al señor Humala en segunda vuelta.

Por eso apoyé a Keiko Fujimori y fui a votar por ella en Miami Beach el domingo pasado. Creo que la segunda vuelta será muy reñida y quien resulte ganador lo será por un margen muy estrecho. Mi pronóstico (o mi deseo) es que al final ganará Keiko Fujimori, muy a pesar de los deseos de la señora Cristina Fernández viuda de Kirchner que ya en la campaña peruana de 2006 apadrinó al golpista Humala y que ciertamente desea que ahora gane su ahijado Humala la presidencia peruana.

Baso mi pronóstico en los siguientes cálculos: 1) creo que siete u ocho de cada diez votantes de Kuczynski (sobre todo los de Lima) votarán sin dudarlo por la señora Fujimori y muy pocos de quienes han votado por el señor Kuczynski lo harán por el señor Humala; 2) creo que los votos de Toledo se dividirán a partes iguales, en el peor de los casos, entre Humala y Keiko, no siendo para nada improbable que la mayoría migre hacia Keiko; 3) creo que los votos de Castañeda se dividirán a partes iguales, en el peor de los casos, entre Keiko y Humala, siendo probable que la mayoría opte por Keiko; 4) creo que los votos apristas, no siendo muchos, irán consistentemente hacia la señora Fujimori.

Es decir, el fiel de la balanza parecería ahora el señor Kuczynski, y dado que la mayor parte de sus votos proviene de la Lima moderna y bien informada, es razonable suponer que esas personas votarán por la señora Fujimori para evitar un triunfo del señor Humala, triunfo que pondría en jaque la democracia peruana y que sin duda aplicaría en el Perú el modelo venezolano, ecuatoriano y boliviano, que se basa en convocar una Asamblea Constituyente, cerrar el Congreso elegido el domingo pasado (en el que el señor Humala, desde luego, carece de mayoría) y promulgar una Constitución estatista, socialista, hostil a la inversión extranjera y, por supuesto (pequeño detalle), que permita la reelección, de ser posible indefinida, del caudillo iluminado en el poder (aunque, en caso de ganar Humala, es muy probable que copie la fórmula argentina y postule en las elecciones de 2016 a su esposa Nadine, una mujer inteligente, guapa y encantadora, ciertamente mucho más inteligente que él).

Mi intuición me dice que el voto conservador se irá con Keiko y no con Humala y por eso, porque Humala mete más miedo que Keiko, será Keiko quien finalmente gane por estrecho margen.

Si yo estuviera en los zapatos de la señora Fujimori (y ciertamente me siento más cómodo en mis zapatos), anunciaría ya mismo que, en caso de ganar, el primer ministro de mi gobierno será el señor Kuczynski. En otras palabras, si la señora Fujimori dice de un modo claro y enfático: “Si yo gano, no gobernará mi padre, quiero aclarles que gobernaremos Kuczynski y yo”, sus probabilidades de ganar se multiplicarán.

Siendo francamente abusivo atribuirle a la señora Fujimori los errores del gobierno de su padre, y siendo francamente grotesco suponer que un gobierno de la señora Fujimori sería autoritario y corrupto como el de su padre, queda por ver qué harán ahora los señores Kuczynski, Toledo y Castañeda (quienes, sumados, han obtenido casi la mitad de la votación, y quienes sin duda defendían la continuidad del modelo económico liberal que comenzó con Fujimori en los 90 y continuó con Toledo y García, veinte años en los que Perú ha rebajado considerablemente la pobreza).

Lo inteligente es aceptar que si la señora Fujimori llegase al gobierno tendría la obligación moral de demostrar que el suyo será un gobierno democrático y honrado a diferencia del de su padre, y que un triunfo del señor Humala pondría al Perú en el camino caótico de Venezuela o Ecuador o Argentina, mientras que una victoria de la señora Fujimori lo mantendría en la senda próspera de Chile, pues ella, sin duda alguna, preservará el modelo económico que fundó su padre y continuaron Toledo y García y que ha sentado las bases para el crecimiento sostenido de la economía peruana (y por eso siete de cada diez peruanos votaron el domingo pasado a favor de ese modelo económico digamos chileno, y sólo tres de cada diez votaron en contra de ese modelo y a favor del modelo venezolano o ecuatoriano o argentino, eligiendo al señor Humala).

Me divierte en extremo pensar qué harán ahora los señores Toledo y su padrino, el señor Vargas Llosa. No dudo de que los señores Kuczynski y Castañeda darán claras señales de apoyo a la señora Fujimori. Pero, sabiendo que los señores Toledo y Vargas Llosa aman tanto la democracia como odian con saña a la familia Fujimori, bien puede ocurrir que el señor Vargas Llosa y su entenado Toledo terminen apoyando, “en defensa de la democracia”, al señor Humala, lo que confirmaría que Dios es un comediante genial y que en ningún caso es peruano.

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