El Poder Ejecutivo porteño dice que no son empleados del centro quienes mantienen tomada la sala Alberdi; los ocupantes exigen el "libre acceso" y la "tutela" del espacio; la situación está judicializada; el modelo de gestión, eje de la pelea
"Hay que ser muy claros: en la ocupación no hay ningún trabajador de la sala Alberdi ni del Centro Cultural San Martín. Y tan grave como eso es que estas personas no cumplen la resolución que la Justicia dictó en mayo de 2012, por la cual se les prohíbe pernoctar, entre otras requisitorias que no respetan", dijo a LA NACION Hernán Lombardi, ministro de Cultura de la ciudad.
En las antípodas, una ocupante de la sala que se identificó como "Laura" aseguró a este diario que la ocupación no terminará hasta que se les garantice "el libre acceso a la sala" y se los reconozca como "tutelares del espacio", ya que, en su opinión, "son los ocupantes los que garantizan una forma no consumista de acceso a la cultura, que es justo lo que el gobierno quiere evitar".
Cualquiera que pase por la esquina de Sarmiento y Paraná podrá ver en el acceso al Centro Cultural San Martín lo que quienes lo llevan adelante llaman "acampe cultural", en el que los carteles que reclaman por los "presos culturales", las consignas en contra del gobierno porteño y una olla popular dibujan la postal de un enfrentamiento que día tras día suma tensión y desencuentros.
Por un lado, los "okupas" han denunciado la "represión" de parte de "empleados de seguridad privada sin ninguna identificación, que nadie sabe a quién responden". Por el otro, la directora general del CCSM, Gabriela Ricardes, expresó su "preocupación" por la preservación del patrimonio artístico y cultural, representado en obras de Enio Iommi y Julio Le Parc, que hoy se encuentran dentro del área controlada por la toma.
La historia del enfrentamiento se remonta a 2006 (durante el gobierno de Jorge Telerman), cuando el proyecto de refuncionalización del CCSM planeaba otras actividades para la sala Alberdi, que hasta entonces era sede de talleres y actividades teatrales.
Ante la posible pérdida de la fuente de trabajo, un grupo de docentes logró, el 28 de marzo de 2007, un amparo de la Justicia para evitar el traslado de las actividades. En 2008, ya con Pro en el Pode Ejecutivo de la ciudad, la Dirección General de Enseñanza Artística (de la que depende la sala Alberdi) ofreció el teatro Los Andes como espacio alternativo donde reprogramar las actividades de la Alberdi, y algunos docentes y talleristas aceptaron la propuesta de mudanza. "Como hasta entonces percibían su salario a través de una cooperadora, nosotros los pasamos a planta del gobierno y los designamos como docentes oficiales. Hoy todos ellos tienen sus beneficios sociales y de antigüedad", dijo Marcelo Birman, director general de Enseñanza Artística.
Mientras la Justicia resolvía que la sala Los Andes necesitaba unos cambios para ser aceptada como sucedánea de la Alberdi (situación a la que llegó hace menos de tres años), el 17 de agosto de 2010 un grupo de personas tomó la sala y, desde entonces, el espacio permanece ocupado.
"Estuve presente el día de la toma -recuerda Birman-. En ese momento, los que tomaron la sala eran alumnos de los talleres, y a partir de ahí comenzamos una serie de conversaciones para destrabar la situación. Yo iba todos los días a negociar, hasta que un día no me dejaron ingresar más. En ese momento se había conformado una comisión y habíamos avanzado en algunas cuestiones, pero ellos prefirieron seguir por la vía judicial."
Ese camino llegó a un punto sin retorno la primera semana de este mes, cuando los empleados de seguridad del CCSM se dispusieron a cerrar el predio por el receso de verano. Quienes se encontraban en la sala denunciaron que estos empleados cerraron su puerta con un candado; los demás "okupas" acudieron en su defensa y organizaron el "acampe cultural" que perdura hasta hoy.
Desde que la sala está ocupada, los funcionarios del gobierno han llegado a convivir con los ocupantes ("todos los días me cruzo a los "okupas" en el ascensor", dice Ricardes) y por eso algunos, como Birman, se animan a decir que hoy no reconoce en la Alberdi ni en el "acampe cultural" a ninguno de los que participaron en la toma de agosto de 2010.
Desde dentro de la sala, "Laura" dijo a LA NACION: "La notificación con la que quisieron echarnos el 2 de enero era falsa, ya que no tenía ningún sello ni firma [...] si nos íbamos, significaba que aceptábamos el desalojo, algo imposible para nosotros, ya que el lugar está tomado".
"Laura", quien se definió como estudiante, señaló que entre las diez personas que participan de la toma hay docentes y talleristas, y que permanecen dentro de la sala para preservarla. "Nos pueden acusar de muchas cosas, pero cualquiera puede ver que la sala Alberdi es un teatro en actividad. Nosotros defendemos la cultura como un espacio de formación, no de consumo, y lo que el gobierno porteño quiere es convertir al Centro Cultural San Martín en otro lugar más de consumo", dijo.
En tanto, Lombardi negó que el gobierno porteño planee la privatización del espacio. "La idea de que la gestión de Macri quiere privatizar la cultura es un prejuicio. En cinco años de gestión podemos decir que se han abierto nuevos espacios públicos, como la Usina del Arte, el Museo de Arte de Buenos Aires, el Museo del Humor, el anfiteatro del parque Centenario y el Teatro 25 de Mayo, entre otros. Nuestro único plan es convertir al Centro Cultural San Martín en un lugar de vanguardia en América latina. Y si hay alguien que ha privatizado el espacio público es este grupo de gente no identificada, que se apropiaron de algo que es de todos para beneficio propio."
Con todo, hay por lo menos una coincidencia: Lombardi y "Laura" señalaron a LA NACION que la única vía de salida del conflicto es el diálogo.
LA AMPARISTA NO ESTÁ EN LA TOMA
Gabriela Villalonga, la docente que presentó el amparo judicial en 2007, no está hoy con quienes ocupan la sala Alberdi: trabaja en el teatro Los Andes. "Temía perder su fuente de trabajo. Nos llevamos bien con ella, confía en lo que hacemos y entendemos su opción", dijo Laura, una de las "okupas".


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