Reverdecieron contundentes pruebas de que Jujuy está dispuesta a profundizar su perfil minero responsable, como alternativa superadora a las dificultades sociales derivadas de las contramarchas del aparato económico local, víctima de décadas de postergaciones.
El desempleo es el mal que en mayor o menor medida aqueja a las jurisdicciones provinciales sin excepción. Es disparador de roces y deudas pendientes. El encadenamiento de hechos o circunstancias que dificultan la consecución de fuentes generadoras de trabajo, producto de los problemas estructurales que condicionaron el rumbo del país en las últimas décadas, demandan los principales esfuerzos y máxima inspiración creadora a quienes asumieron el complejo compromiso de gobernar.
Los reclamos sociales en Jujuy muestran en términos generales que el problema primario es la escasez de posibilidades laborales, pues las crisis cíclicas pusieron al desempleo en el centro de la escena. De allí que las sucesivas administraciones provinciales se hayan dedicado a resolver o, cuanto menos, paliar esta situación enrevesada, lanzándose a la búsqueda de diversas políticas estratégicas que permitan revertir una preocupante realidad.
La actividad minera se presenta como una de las fuerzas productivas más dinámicas de la economía y su potencial se encuentra en gran parte del territorio de las provincias argentinas que se recuestan sobre el eje cordillerano, se termina transformando, muchas veces, en la única alternativa posible de aprovechamiento económico y desarrollo.
Podrá ser objeto de adhesiones o abrir espacios a las discrepancias (no se puede soslayar recurrentes errores del pasado que aún hoy mantienen presencia, a través de consecuencias lamentables), pero también es innegable que se hace indispensable para una provincia necesitada de inversiones la política adoptada por el gobierno, orientada a alentar una minería racional, que fomente riqueza genuina, que progrese bajo un estricto control medioambiental, con características inclusivas que reporten beneficios reales a las comunidades originarias, con pautas sin fisuras que hagan respetar sus derechos, en resumen fomentar una actividad en un contexto de promoción económica, laboral y social.
Surge, simultáneamente, la necesidad de la articulación de acciones entre el Estado provincial, las empresas que traen inversiones y las comunidades directamente involucradas en la explotación, para tornar un escenario que facilite el consenso, que permita encarrilar estrategias para la construcción del indispensable diálogo social, que aglutine expectativas e intereses de comunidades, sector privado, profesionales, organizaciones civiles y todos quienes estén dispuestos a sumar a la construcción de un modelo político y minero rentable, serio, sustentable y racional.
El respaldo continuo a las actividades económicas tradicionales, el fomento a la inversión privada y el impulso a los sectores productivos no tradicionales para su expectante posicionamiento, se constituyen en un faro que ilumina el camino a seguir para dar pelea a los condicionamientos que hoy actúan como ancla en las políticas concebidas para el despegue de Jujuy.
Una de las prioridades se circunscribe en la minería, una actividad en franco crecimiento, favorecida por la alta demanda internacional. Por lo pronto, desde OFEMI y con la herramienta de participación y representación de los intereses jujeños que implica JEMSE, Fellner pilotea los avances hacia la definición de una estrategia integral orientada a combatir el desempleo.
Surgen entonces, espacios de diálogo, encuadrado en un principio de participación efectiva, que permita encontrar consensos desde el más estricto respeto por los ejes rectores de toda discusión democrática. Las más variadas corrientes de pensamiento que florecen de la minería, coincidentes unas, dispares otras, permitirán cultivar espacios de construcción en los que tendrán que encontrar parámetros para la convivencia de las voces mayoritarias y las opiniones minoritarias, todas dispuestas a asumir responsabilidades para luego desenvolverse con compromiso en el terreno de las realizaciones.
Con raciocinio todos los actores de la estructura de exploración y explotación minera tendrán que asumir el rol de creadores de mejores condiciones de vida y de transferir a las próximas generaciones de jujeños un escenario económico y medioambiental compatible, armonioso, sólido y sustentable.

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